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EL PERIÓDICO
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Federico Engels, estudioso de la Ciencia militar


Para Federico Engels, cuya formación multidisciplinar despuntaría poco a poco en sintonía con los aires vigentes en el clima intelectual de la Alemania de su tiempo, el horizonte de las certezas racionales pasaba inexorablemente por la acreditación científica. Pero tal acceso resultaba impensable sin una formación histórica adecuada. Indagando sobre el origen de los problemas que escarnecían su país, Engels se mostraría fascinado por las guerras campesinas emprendidas por Tomas Münzer y sus seguidores a finales del siglo XV, en plena transición de la conflictividad religioso-política a la conflictividad político-económica que marcaba el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. Y, bajo esta fascinada atracción, Engels estudiaría las formas de organización de la insurgencia campesina adoptadas por Münzer y los suyos.

Comoquiera que sus futuros y conocidos nexos con Marx, al que se hermanaría una afección ilimitada, llevó a ambos a la lucha política, no le sería difícil a Engels establecer semejanzas entre la lucha política y el combate militar en el sentido de aprovechar de éste pautas útiles para culminar aquel, al que empero consideraba prioritario, con éxito. Las pautas organizativas pergeñadas por Engels a partir de sus conocimientos bélicos y militares serían pues, por su dinamicidad y su rigor metodológico, idóneas para dotar de corporeidad a las teorías que poco a poco y conjuntamente desgranaban. Y en ese impulso vertebrador, el descubrimiento del Estado, de la mano de Hegel, como supremo sujeto y objeto político, guiaba inexorablemente a Engels al estudio de lo que él consideraba como principal aparato de coerción estatal: el Ejército.

Se aplicó al estudio de la táctica y de la estrategia militares empleadas por los Ejércitos para reprimir los levantamientos populares emprendidos por los revolucionarios húngaros, los de los franceses en 1848, las contiendas austro-prusianas culminadas en la batalla de Sedowa y, sobre todo, la guerra franco-prusiana de 1870, con la consiguiente represión contra la Comuna, aniquilada por los ejércitos franceses derrotados en Sedán por los alemanes, acontecimientos que quebraron el régimen impuesto por Luis Napoleón.

Teoría de la insurgencia

De tales enseñanzas, en sus Escritos Militares, extraería Engels su teorización de la insurgencia como imprescindible mecanismo de autodefensa de la clase obrera, toda vez que la clase proletaria se hubiera dotado previamente de una organización política. Dentro de su esquema, la táctica insurreccional quedaría siempre englobada en la estrategia revolucionaria. Para hacer ello viable, Engels llegaría a concebir la actividad política revolucionaria desde una exigencia de militancia que convertiría a cada comunista en un soldado político. Pero, sus percepciones sobre la desigualdad de la lucha de la clase obrera en la escena social, frente a las fuerzas armadas de la burguesía, le llevaron a considerar la que sería su principal contribución en este ámbito: su teorización sobre la asimetría en la que, necesariamente, las fuerzas del proletariado se verían obligadas a combatir. Ello implicaba una táctica consistente en la hostilización permanente del enemigo de clase mediante súbitos y certeros golpes dirigidos contra las retaguardias de los ejércitos regulares desplegados en su contra, tal y como había hecho el pueblo español en armas contra Napoleón, en lo que marcó presumiblemente la adaptación contemporánea de la guerra de guerrillas y asuntos sobre el cual Engels se documentaría, como demostró en sus tan interesantes como desconocidos escritos sobre España.

Es preciso destacar que cuando Marx escribe a partir de 1854 para el New York Daily Tribune, con sede en Londres, nueve interesantes artículos relativos a las posibilidades revolucionarias en España, a propósito del alzamiento militar conocido como la Vicalvarada, sus análisis se ciñeron sustancialmente al papel progresista desplegado hasta entonces por el ejército español, motor del liberalismo progresista. En ese levantamiento vería Marx el destello de la posibilidad de un triunfo revolucionario en Europa tras los reveses sufridos por los revolucionarios continentales en 1848. Pero, sobre todo, convertiría al Ejército español en la pieza central clave del proceso liberalizador ascendente hasta entonces (tal tendencia se trocaría luego profundamente, convirtiéndose al Ejército español, a partir de entonces y hasta bien entrado el siglo XX, en pretoriano-cesarista, por falta de un proyecto político propio por parte de la débil y timorata burguesía española).

Influencia sobre Marx

Con muchas probabilidades de acierto cabe asignar a Engels si no la redacción de aquellos textos de su amigo, si una inspiración o influencia decisivas sobre Marx al respecto. Y ello habida cuenta no solo del conocimiento de Engels sobre la situación política en España –recordemos que él y su camarada leían y hablaban español, como recordaría Anselmo Lorenzo cuando visitó a Marx en 1871 en Londres- sino, sobre todo, sobre el seguimiento de las coyunturas militares españolas con el que Engels contaba tras haber estudiado la Guerra de la Independencia y, dentro de ella, la guerra de guerrillas. Así lo demostraría posteriormente en varios artículos en el citado New York Daily Tribune, ytambién sobre cuationes militares en la América española, en los que exhibía información de primera mano sobre fenómenos políticos y reacciones militares en España en torno, por ejemplo, al cantonalismo cartagenero, así como sus críticas al anarquismo y en los anatemas vertidos por ambos en el seno de la Primera Internacional sobre el apoliticismo de los movimientos libertarios, tan enraizados a partir de entonces en la cultura política española.

Tras la teorización sobre asuntos militares por parte de Engels, prolongada hasta mucho tiempo después, su ejemplo sería imitado a partir de entonces por buena parte de los movimientos insurreccionales y, con posterioridad, también por los de liberación nacional, de resistencia y guerrilla urbana, generalmente dirigidos por los comunistas en distintas latitudes. No obstante, Engels ponía el acento en el carácter eminentemente político de las confrontaciones armadas y ponderaba la importancia de los valores morales en escena, la motivación de la conciencia de clase como dinamizador, con la convicción, además, de que la persuasión propagandística intramuros de los ejércitos regulares, de base generalmente campesina, era un arma más, si no el arma disuasoria decisiva, para contribuir a la victoria.

En ello había una cierta y buscada mimetización asimétrica con relación a los enunciados que realizarían al respecto sus compatriotas Gerhardt von Scharnhorst y su célebre discípulo, Carl von Clausewitz, ambos historiadores y teóricos de la Ciencia Militar así como jefes de Estado Mayor del Ejército prusiano. Clausewitz (Burg, Magdeburgo, 1780- Breslau, Silesia, 1831) sería ulteriormente uno de los más conocidos y renombrados doctrinarios de la milicia y de la guerra.

Algunos analistas han subrayado que la doctrina militar incipientemente teorizada por Engels sería adaptada o revisada profundamente por líderes comunistas como Mao Zedong (Shaoshan, 18934- Pekín, 1976), el propio Ernesto Che Guevara (Rosario, 1928- La Higuera, Bolivia, 1967) o Juan Carlos Marighela (Bahía, 1911-Sao Paulo, 1969), dirigente de la guerrilla urbana brasileña. Es cierto que si bien Engels se mostraba reacio a dilatar las contiendas armadas, dada la inferioridad de partida con la que solían contar las fuerzas populares, así como por postular una táctica de la llamada en jerga prusiana, blitzkrieg o guerra relámpago, el líder comunista chino y el comandante argentino-cubano dieron más importancia a la Guerra Popular Prolongada, conocida por las siglas GPP y aplicada en la realidad revolucionaria china, en Nicaragua o en Angola, entre otros escenarios.

Lo fundamental del pensamiento militar de los reformadores Carl von Clausewitz y de August von Gneisenau (Schildau, 1760-Poznan, 1831) encontró su versión asimétrica y su negatividad plena –y creativa- en las propuestas de Engels, estrechamente entrelazadas con sus percepciones políticas, como posteriormente haría Lenin (Ulianovsk, 1870- Gorki, 1924) siguiendo su estela y, sobre todo, Mao Zedong. La singularidad del pensamiento militar del líder marxista prusiano sería la comprensión del fenómeno militar revolucionario, la insurgencia, como un instrumento cuyas pautas de aplicación, organización y mando distaban abiertamente de las pulsiones al aventurerismo observadas en algunas organizaciones revolucionarias.

Adaptación de su pensamiento por Mao

Mao, en sus escritos militares, señalaba: “cuando Marx y Engels decían que una vez iniciada una insurrección armada, no se debe interrumpir ni un minuto la ofensiva, querían decir que las masas, habiendo sorprendido al enemigo con una insurgencia repentina, deben privar a los gobernantes reaccionarios de toda posibilidad de retener o recuperar su Poder”. Y añadía: “han de aprovechar ese momento para aplastar a las fuerzas gobernantes reaccionarias del país, sin darles tiempo para que se recobren”, para subrayar a continuación que “no deben contentarse con las victorias ya logradas, ni subestimar al enemigo, ni debilitar la ofensiva o vacilar en el avance, ni dejar escapar la oportunidad de aniquilar al enemigo, a fin de no conducir la revolución a la derrota”. Como colofón, Mao, evocando a los dos prohombres, agregaba: “todo esto es correcto, pero no significa que cuando estamos enzarzados en combate con un enemigo superior, los revolucionarios debamos rechazar medidas defensivas ni siquiera en el momento en que éste ejerce fuerte presión sobre nosotros; sólo un completo imbécil pensaría así”.

El pensamiento militar de Engels era adaptado por Mao a las condiciones específicas de las guerras civiles, de liberación nacional y de conquista del poder en su país, estableciendo el líder del país asiático seis principios, en los que integraba la guerra de guerrillas, inspirados en las enseñanzas de su maestro Engels. Por cierto, dentro de los regímenes comunistas del mundo, Engels gozaría del mayor ascendiente entre todos ellos, precisamente, en China.

Los principios sistematizados por Mao quedarían vertebrados en torno a la iniciativa, la flexibilidad y la planificación en la realización de operaciones ofensivas dentro de la guerra defensiva, además de operaciones de decisión rápida dentro de la guerra prolongada, más operaciones en líneas exteriores dentro de la guerra en líneas interiores. Un segundo principio implicaba la coordinación de la guerra de guerrillas con la guerra regular. El tercer criterio exigía la creación de bases de apoyo. Un cuarto fundamento concernía a las ofensivas y defensas estratégicas, al que añadía la transformación de la guerra de guerrillas en guerra de movimientos; y todo ello dentro de correctas relaciones de mando, habida cuenta de que factores como la jerarquía, la disciplina y la acción cobraban en la guerra de guerrillas aspectos muy diferenciados respecto de la concerniente a la contienda bélica entre ejércitos regulares. Estos seis puntos constituían, para el émulo de Engels, el programa estratégico de la guerra de guerrillas siempre supeditado a una concepción global de la guerra, con un componente político-ideológico erigido en sustrato ineludible de la moral combatiente y, por ende, de la victoria.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.