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Antoni Gaudí y el cooperativismo social. El caso de La Mataronense


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Wikipedia. Wikipedia.

Las duras condiciones de vida y trabajo derivadas de la industrialización favorecieron el desarrollo de una creciente conciencia social entre los trabajadores a lo largo del siglo XIX. El afán por defender los derechos sociales no fue solo un hecho exclusivo de esa centuria pero si se agudizó con más fuerza debido a las transformaciones, individuales y colectivas, de la nueva sociedad de clases. Frente a la vulneración de los derechos laborales, los bajos salarios, las largas jornadas y otras formas de explotación derivadas del nuevo sistema productivo, los obreros comenzaron a organizarse a través de asociaciones de resistencia, sindicatos y cooperativas con el objetivo de mejorar sus intereses.

En este contexto de organización y movilización fueron surgiendo diferentes propuestas para cambiar los modos de relación social y económica, durante un complejo proceso en el que el movimiento obrero y el socialismo sirvieron de soporte para sus objetivos.

Los primeros proyectos nacieron, en gran medida, en el ámbito de un pensamiento utópico, cuyas formulaciones no siempre eran coincidentes con las reivindicaciones que los trabajadores iban planteando. La vinculación entre estos movimientos y el movimiento obrero sería un proceso dificultoso, que no siempre se interpretó de la misma manera ni convicción entre los grupos implicados. Como señalaron F. Redondo y J.J. González, (Los proyectos utópicos del movimiento obrero español (2020), p 162) “si los trabajadores participantes en el movimiento obrero percibieron sus situaciones de vida y trabajo de una manera específica, esto repercutió en la concepción de sus soluciones”. Aun así, su apoyo fue fundamental para afianzar las ideas de una sociedad futura más igualitaria. En su desarrollo, parece que los programas más consolidados y cercanos al cooperativismo se darían en la década de los 60.

Muchos propósitos se mantuvieron un tiempo pese a su “utopía” y, tal como señalan los autores citados, irrumpió el cooperativismo para poner en debate los modelos programados por las asociaciones de resistencia. Pero la trayectoria de la clase obrera en su reivindicación social y política, de cara a la mejora de las relaciones con l burguesía industrial y el mundo capitalista, tardaría en conseguir avances dentro de las opciones del movimiento. Mientras que el modelo de las asociaciones no cumplía con las expectativas de todos los grupos, vinieron otras propuestas paralelas, como las de las cooperativas, donde, a juicio de sus defensores, “el obrero caminaba allí hacia la emancipación(...) sin necesidad de perturbar en lo más mínimo el orden social y económico tan en armonía con las sociedades modernas”(según la cita que se refiere al análisis de J. Roca y Galés, acerca de “Las asociaciones cooperativas comparadas con las de socorros mutuos y demás asociaciones de obreros en Cataluña”, por los autores citados anteriormente).

Junto a las reivindicaciones laborales sobre el horario y el trabajo en las fábricas, dentro del ideario político-social, y mientras la industrialización progresaba, surgió la necesidad de acomodar las viviendas de los obreros. Se pensó inicialmente, por cuestiones prácticas, que sus casas quedasen próximas al lugar de trabajo. Fueron naciendo los barrios obreros, “con edificios de dos o tres plantas... que fueron aumentando en altura y volumen a la vez que se extendían por los suburbios de las principales ciudades “(E. Montagut, Ha del socialismo, 2025. p 50). En verdad los barrios se distribuían sin un claro orden urbanístico y, tal como se conoce, no reunían aquellas condiciones favorables ni mucho menos humanitarias con las que habían sido pensadas al principio. Denominados “colonias obreras” fueron conformando la periferia industrial de las ciudades y se constituyeron como pequeñas ciudades al estar dotadas de todos los edificios privados y civiles, incluso sus iglesias, escuelas y cementerios.

En resumen, con estas referencias queremos recordar el modelo del arquitecto Gaudí, ahora que se ha cumplido el centenario de su muerte, el 10 de junio de 1926. Desde su ciudad natal Reus, el artista pudo conocer de forma directa el giro que se estaba generando en el mundo laboral, desde la base de los trabajos artesanos y los oficios, mientras se producía la proletarización de este sector. Así, en momentos de crisis que afectaba esencialmente a las ciudades y a sus familias de trabajadores, Gaudí vivió “las tensiones sociales entre patronos y obreros, muchos (de ellos) vecinos de sus padres o compañeros de juegos”. (Marc Ferrán Vicenç, Gaudí y su tiempo (2022, p 40-43)

Cuando proyectaba la cooperativa de Mataró, ya se había afincado en Barcelona. Viviría años de cambio político importantes, siendo testigo de las consecuencias que la Revolución de 1868 habría de traer en el país. La vida política se había ido manifestando en una línea progresista desde mediados de siglo. Gaudí amigo de uno de los representantes del republicanismo local, como Eduard Toda, se acabó involucrando en este ambiente y participaría en alguno de sus círculos de pensamiento, colaborando en la revista El Arlequín, de tono antimonárquico y clerical. Como sabemos el ambiente social, pese a los buenos propósitos liberales, se traducía también en situaciones de conflicto y violencia, algo que no era ajeno a su sensibilidad. Mientras tanto, 1874 era aceptado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y empezaba a colaborar con arquitectos como Josep Fontserè, Francisco de Paula del Villar y Joan Martorell.

En 1878 obtiene su título e instala su despacho en la calle del Call, antiguo barrio judío de Barcelona. Se le hacen algunos encargos que fueron significativos en su obra y estilo, como unas farolas para la plaza Real de Barcelona y una vitrina para la guantería Comella, que llamó la atención del industrial barcelonés Eusebi Güell i Bacigalupi, que será después su mecenas. Entonces llega también el proyecto de un conjunto de equipamientos para la cooperativa La Obrera Matarorense. Se trataba de una intervención en una fábrica que había sido creada en 1864, en crecimiento productivo y de expansión. Cuando su sociedad se trasladó a Mataró, hacia 1874, se vio la necesidad de disponer las viviendas de los trabajadores en un terreno grande, la conocida Huerta de la Barca. Hubo intervenciones en el nuevo proyecto por parte de otros ingenieros y arquitectos, como Joan Brunet Alsina, Julio María Tey, mientras que a Gaudí se le encargaba de un nuevo proyecto de casino sobre un antiguo edificio anexo que, por el momento, no tuvo consecución.

El gerente de la cooperativa, entonces Salvador Pagés, propuso a Gaudí le correspondió completar el conjunto fabril y residencial de la cooperativa, y así, comenzó a diseñar el proyecto, entre 1878 y 1882, dado que no podía ser reconocido hasta no obtener el título de arquitecto, como hemos apuntado. El plan incluía fábrica, barrio obrero, casino, jardín y edificios de servicios, aunque solo llegaron a construirse la nave de blanqueo, los servicios y una vivienda. En 1881 elaboró el plano general del complejo, formado por zonas industriales y residenciales. La nave de blanqueo, construida entre 1882 y 1885, destacaba por ser la primera obra donde utilizó los característicos arcos catenarios. También diseñó un edificio de servicios con elementos decorativos que anticipaban soluciones habituales en su arquitectura posterior. El barrio obrero debía contar con treinta viviendas, pero la falta de recursos económicos impidió su desarrollo completo. Del mismo modo, el casino proyectado nunca llegó a construirse. La insuficiente financiación de la cooperativa provocó que gran parte del ambicioso proyecto quedara sin realizar.

La cooperativa finalizó su actividad a finales del siglo XIX y fue sucedida por la Sociedad Barrera; esta a su vez pasó su relevo a la Anónima Asensio —por ello el edificio es también conocido como Ca l'Asensio. La nave de blanqueo fue declarada en 1969 Monumento histórico-artístico y, en 1982, Bien Cultural de Interés Nacional.

Los planos originales del diseño del casino y otros complementarios, por fortuna han sido expuestos en la exposición del Maresme, abierta el 15 de mayo de 2026, según donación de su propietario Miquel Brullet Tenas, en el marco del Día Internacional de los Museos. tal como se recoge en los medios, a partir del 1 de julio, las piezas se integrarán en una nueva exposición titulada Gaudí, Pagès y la Obrera, que tendrá lugar en la Nau Gaudí con motivo del centenario de la muerte del arquitecto (Fede Cedó, La Vanguardia, 8/06/2026)

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma de Madrid (1979). Escribió su Memoria de Licenciatura sobre EL Real Sitio de Aranjuez en el siglo XVIII.

Doctorada en Historia del Arte por Universidad Autónoma de Madrid (1991), Tesis titulada: El urbanismo de los Reales Sitios en el siglo XVIII.

Profesora de Educación Secundaria, en varios centros de la Comunidad de Madrid, ahora ya no en activo.


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