María de Lluria contra el cine sonoro
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
Nos nos hemos podido resistir a glosar en las páginas de El Obrero un artículo con el título “Filosofando” que María de Lluria publicó en la sección de cines de El Socialista, en el número del 25 de mayo de 1930 sobre el cine sonoro. No dejaremos de insistir en la necesidad de entablar un estudio monográfico sobre el papel de la prensa socialista española en relación con el cine en los años treinta, justo cuando se estaba convirtiendo en un ocio masivo.
Recordemos María de Lluria -María Vinyals y Ferrés- constituye una figura fundamental en la historia del feminismo, y del socialismo en España. Pintora y escritora en prensa, miembro de la Agrupación Socialista Femenina de Madrid entre 1917 y 1918, de la Escuela Nueva, y luego en la Agrupación Socialista Madrileña a partir de 1931, terminando sus días en la Francia ocupada. Nos ha dejado muchos artículos en El Socialista, harto interesantes por sus opiniones sobre el feminismo y la situación de la mujer dentro y fuera de España, pero también por las causas progresistas en política, especialmente en relación con el socialismo. María de Lluria quería saber las razones por las que las películas eran cada día “más insulsas, más desprovistas de interés, de razón y de sentido común”.
Para la intelectual todo el que iba al cine lo hacía para encontrar un momento de “solazar el ánimo” ante los problemas de la vida diaria, escuchando una música que era casi siempre agradable y distrayéndose con los cuadros de la pantalla, “más o menos artísticamente presentados”.
Se había admitido la “arbitrariedad” de que unos sujetos animados no tuvieran voz, ni relieve ni color. Pero había llegado un momento en que el afán de mejorar estaba perjudicando el esfuerzo en vez de ayudarle. ¿De qué estaba hablando?
Pues bien, del cine sonoro. Expuso que Chaplin se había declarado acérrimo adversario de la película sonora. En estes sentido, la autora recordaba que se trataba de un “mimo”, es decir, de un autor de la pantomima, y que todo lo cifraba en la expresión y el ademán.
María de Lluria estaba de acuerdo con Chaplin. El cine, en su concepción, era un “teatro de expresiones y ademanes”. Los mismos letreros intercalados por los productores para dar mayor unidad a la acción hasta lo perjudicaban. Citaba el caso de una película de Emil Jannings donde se habían suprimido los letreros y nadie se había percatado de dicha supresión.
La autora era consciente que le dolía criticar lo que parecía un adelanto, pero consideraba que los caminos erróneos en vez de acercarnos a la meta solían retrasar esa llegada.
El cine sonoro parecía una equivocación y eso lo probaría la falta de sincronización y “por la misma vaguedad del ademán, que contaba ya, a su vez, con la palabra”.
--Y mientras tanto los productores descuidaban las “películas corrientes”, es decir, se reafirmaba en su primera afirmación sobre que las que se hacían últimamente eran menos interesantes, como si se hubieran rodado “al desgaire”. Lo lamentaba porque consideraba la importancia del cine, un espectáculo que respondía a una necesidad de la vida por su función de entretenimiento ante los duros problemas de la vida. --Así pues, María de Lluria valoraba muy positivamente el cine, pero no el sonoro.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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