Gianfranco Pasquino: un politólogo italiano… que deja una puerta abierta a la esperanza
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Cultura
En nuestro vocabulario y en nuestra gramática habitan metáforas vacías y
gastadas figuras retóricas que están firmemente
atrapadas en los andamiajes y recovecos del habla de cada día,
por donde erran como vagabundos o como fantasmas del desván.
George Steiner (Presencias reales)
Constato una vez más, con desaliento, que las relaciones entre Filosofía Política y Politología entre España e Italia son esporádicas, episódicas… cuando las ha habido no son pródigas en excepciones valiosas. Una de ellas, sin embargo, brilla con luz propia. Las teorías de Gianfranco Pasquino por sugestivas y originales invitan a acercarse a ellas.
Sus análisis y puntos de vista sobre la democracia en los tiempos que corren son, para variar, en contraste con un pesimismo generalizado, moderadamente optimistas. No se trata de un visionario, ni mucho menos de un iluso. Sus argumentos están bien fundamentados y contienen itinerarios para explorar el futuro incierto que nos aguarda.
Hace tiempo que el pesimismo parece que se ha adueñado del pensamiento. Es difícil tener acceso a miradas, perspectivas y análisis esperanzadores. Es cierto que nos encontramos en un periodo, probablemente crepuscular de la historia, donde los riesgos son muchos, el control, por parte de quienes dominan los centros de poder, férreo y las intoxicaciones abrumadoras, mas eso no puede servir de escusa para quienes en sus obras defienden la vigencia de la democracia y advierten sobre los peligros que la acechan.
Resulta saludable un grado de confianza en la democracia. Los riesgos de todo tipo y los neopopulismos e intereses dictatoriales que pretenden vaciarla de contenido y hacerla reventar desde dentro… son ostensibles. Tal vez por eso, hay que valorar lo que significa ser consciente de esas amenazas y, al mismo tiempo, poner énfasis en las fortalezas del sistema democrático y en cómo ha ido resistiendo las tentativas de aniquilarlo, ensayando nuevos equilibrios para posibilitar su supervivencia.
Hoy me he propuesto hablar de Gianfranco Pasquino. Politólogo turinés, reconocido internacionalmente, profesor que se han disputado algunas de las mejores universidades estadounidenses y europeas y afamado escritor de Ciencia Política, cuyos postulados no pueden echarse en saco roto. Hay pensadores como él o como el francés Thomas Piketty, cuyas ideas hay que tener muy en cuenta ya que entrelazan pasado, presente y futuro con inteligencia y solvencia.
El vacío, la ignorancia, el desinterés y el aturdimiento allanan el camino a la inacción y al silencio. Por estas y otras razones no es extraño que en nuestro país Gianfranco Pasquino sea poco conocido y valorado, sin embargo, quienes se han puesto en contacto con su pensamiento, valiente y crítico reconocen su magisterio y lo admiran.
Supo asimilar los planteamientos de Norberto Bobbio en su etapa como alumno de la Universidad de Turín y más tarde fue influenciado por Giovanni Sartori. No se limitó a los aspectos teóricos sino que se aventuró al campo de la política práctica, fue senador en dos periodos, representando a la izquierda independiente y a la alianza progresista. Supo mantenerse al margen de los que ‘pretendían destacar y ser reconocidos lanzando dardos envenenados contra la lechuza de Minerva’
Si bien es cierto que sus obras están centradas en la política italiana y en la política comparada tienen también interés, sus análisis sobre el presente y el futuro de la democracia en Europa.
Me gustaría sugerir, ahora que el destino de la Unión Europea está empantanado y en entredicho, una lectura atenta de una su obra “Europa en 30 lecciones”, (2017) así como, “Cuarenta años de Ciencia Política en Italia”, (2013). Aunque su obra más leída y comentada sea “La democracia exigente” (hay traducción española en Alianza Editorial/Ciencias Sociales, 2000) sobre la que volveremos más adelante. Es significativo que suele recurrir al ‘método comparado’ con excelentes e ilustrativos resultados.
El manejo de ciertos términos por parte de los politólogos, ha tenido y tiene algunas peculiaridades. Platón, del que parten tantos y tantos enfoques epistemológicos e interpretaciones, con su sabiduría dialéctica, más también, con su retranca de viejo reaccionario, solía afirmar que “el lenguaje sirve para mentir y ocultar el pensamiento”. Es, cuando menos prudente, tener presente esta idea del filósofo ateniense porque es tan actual y certera hoy en día, como cuando la formuló. En estos tiempos de confusión los planteamientos de los clásicos exigen su espacio.
Volvamos a Gianfranco Pasquino. Advierte insistentemente que los sistemas democráticos son complejos y difíciles de simplificar. Señala que ‘los rostros del poder son múltiples’ y que ‘el poder político no puede ni debe someterse ni dejarse anular por el poder económico sin consecuencias devastadoras’.
La pretensión de jibarizar, anular, domesticar y controlar el poder político es una vieja aspiración de quienes toman las decisiones en los centro estratégicos. La novedad de su pensamiento es que expone una serie de razones en virtud de las cuales los sistemas democráticos han sido capaces, hasta hoy, de resistir esos envites. Lo que permite ensayar en el futuro opciones que posibiliten que el sistema salga airoso de los ataques destructores que lo acechan.
La Geopolítica que explica y analiza el mundo de hoy, puede simbolizarse en una columna de espejos, unos cóncavos y otros convexos, mediante los que estilizamos y ensanchamos a nuestra conveniencia el panorama internacional, sin el menor rubor a la hora de presentar como una consecuencia de la evolución de la historia estas visiones burdas y deformadas.
Es, asimismo, poco halagüeño que pensar con perspectiva histórica se considere desfasado. Para arrojar un poco de ‘sal y pimienta’ sobre los dictámenes y ucases de más de un pseudo-intelectual, supuestamente influyente y algún que otro afamado politólogo, habría que recordarles que por mucho esfuerzo que se haga no puede reprochárseles haber tenido ni una sola idea innovadora y original. ¡Así se rige el mundo repitiendo hasta la saciedad, lugares comunes y simplificaciones de vuelo alicorto!
En un breve ensayo como este, de Ciencia Política, es oportuno señalar e incidir en las ideas de ‘más calado’ de Gianfranco Pasquino, sobre las que no se ha reflexionado todo lo que se debiera. Quizás, la que tiene un carácter nuclear, sea que un sistema democrático exigente ha de aspirar y orientar su praxis política a la democratización general e integral de la sociedad. Este planteamiento, que incluso podríamos considerar en los tiempos que corren revolucionario, no ha contado con demasiados adeptos pese al potencial de desarrollo democrático que contiene.
Es de una claridad meridiana que debe reforzarse aquello que contribuye a mantener como una seña de identidad esencial, el pluralismo político. Atentar contra él es eliminar ‘de facto’ uno de los componentes esenciales de un régimen democrático.
Hace igualmente hincapié, en que es de suma importancia que cada ciudadano y ciudadana asuma que ha de cumplir con sus responsabilidades políticas, en lugar de cómo sucede con tanta frecuencia, hacer dejación de las mismas.
Insiste en la importancia del pluralismo competitivo que permite enfocar los problemas desde diversas ópticas. Es asimismo, insoslayable reducir al máximo y controlar los monopolios con su fuerza expansiva y los privilegios, que unos pocos detentan, en un mundo globalizado.
Me parece de calado así como una idea digna de ser repensada, su distinción entre democracias irreales y democracias reales. Sin un proyecto ideal, sin una guía no podremos hacer efectiva una democracia real. Cito textualmente las palabras de Gianfranco Pasquino, porque son una invitación expresa a una praxis política comprometida y solidaria: ‘la democracia ideal es una especie de estrella polar del pensamiento político y de la acción política’.
Es abiertamente desalentador que se estimulen desde distintos círculos de poder, un individualismo exacerbado, un calculado desprecio hacia la política, un consumismo alienante y un marcado desinterés hacia lo común, lo que es de todos. Vamos recorriendo a pasos agigantados la distancia que separa a los ciudadanos, conscientes de sus derechos y obligaciones de los súbditos.
De igual forma debe destacarse y colocarse en un nivel señero, la idea operativa de que han de articularse mecanismos para que todos los ciudadanos expresen sus opiniones y preferencias y defiendan sus intereses.
Un signo de vitalismo y de optimismo es salir elegantemente, al paso de quienes desean organizar los funerales y exequias de la democracia como si ya estuviera muerta o agonizante. Es cierto que tiene enemigos poderosos pero no lo es menos que, hasta el momento, ha sobrevivido a los intentos de destrucción. Esto produce vértigo pero, en todo caso es preferible a la pasividad y a la resignación.
Puede que el árbol de la democracia esté deshojado, desvencijado y sus hojas esparcidas por el suelo. Es el aparente triunfo de una nueva forma de idolatría, mas el sistema democrático ha demostrado que sabe sacudirse cíclicamente las sombras de vasallaje.
Han existido y existen batallas reivindicativas que habrá que reemprender cuanto antes. No es tan sencillo como parece, eliminar de un plumazo, los equilibrios políticos e institucionales de que el sistema democrático se ha ido dotando, al menos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los callejones y los atajos de bulos, mentiras y tergiversaciones carecen de salida y chocan contra muros, que se han ido construyendo a lo largo de los años. Tienen un suelo firme y no son nada fáciles de derribar. Por eso, cada movimiento reaccionario, retardatario y dictatorial de la historia… acaba dando lugar a un nuevo renacer.
No es ingenuidad –o al menos no deberíamos considerarlo así- uno de los puntos cardinales de su teoría política es que los sistemas democráticos requieren una ética que actúe como argamasa y engranaje social. Cuando aparecen síntomas de que se está perdiendo, empiezan a percibirse las grietas y hacerse ostensible su agotamiento, su envejecimiento, en suma.
Una pregunta, sin duda pertinente, es ¿por qué es imprescindible para Gianfranco Pasquino, una ética pública? Porque sin una ciudadanía exigente, comprometida con los principios y valores de la democracia, ésta se paralizará primero e irá retrocediendo, después.
A este respecto, no está de más recordar la conocida dicotomía de Max Weber entre ética de las convicciones y ética de las responsabilidades. Algunos politólogos han pretendido enfrentarlas. Gianfranco Pasquino, con una visión amplia, tiene en cuenta que son complementarias y que están en permanente equilibrio, para que el sistema democrático se mantenga.
Gianfranco Pasquino, nos recuerda oportunamente, que Michael Walzer en su obra “Las esferas de la justicia. Una defensa del pluralismo y la igualdad”, sostiene que los intelectuales deben hablar en voz alta, a pesar de los poderes constituidos, su censura encubierta y sus amenazas, ya que parece que lo hemos olvidado y que priman la obediencia, la sumisión y el acatamiento del silencio impuesto.
Esto nos obliga a replantearnos el lugar, cada vez más marginal, que ocupa el pensamiento crítico. Por si esto fuera poco, parece que hemos olvidado que la cultura no es sino la información transmitida mediante el aprendizaje social.
El mundo globalizado parece empeñado, cada día, en demostrarnos que tanto los poderes religiosos como los económicos han sido, son y serán dos enemigos del sistema democrático, que actúan como auténticas termitas. Por eso, precisamente por eso, para fortalecerse necesita del apoyo de una ética laica y de una moralidad pública que actúen como lubricantes de la convivencia social.
La democracia para Pasquino es ante todo y sobre todo: equilibrio y, por paradójico que parezca, ese equilibrio que a veces es inestable, es lo que la hace fuerte.
Cuando se pierden en la neblina la solidaridad y el bien común como praxis de la acción política, el ambiente comienza a estar invadido por un aire tóxico.
Es importante, al menos para mí, que una de sus ideas centrales sea que la democracia o es exigente o no es. No sería oportuno dejar de abordar en este breve ensayo el carácter perceptible que Pasquino da a los sistemas democráticos.
No se han desarrollado por completo y, por tanto están en un proceso en el que aún pueden completarse, perfeccionarse y fortalecerse. Naturalmente, esto puede actuar como antídoto contra el pesimismo paralizador y contra los ataques que olvidan que evolucionan al compás de los tiempos y de los intereses, expectativas y valores de los ciudadanos que las sustentan.
Cualquier enfoque analítico de teoría política, está obligado a hacer un ejercicio crítico y a alejarse todo lo posible de los prejuicios tan al uso, que lo invaden todo o casi todo. Sólo de esta forma estaremos en condiciones de contraatacar contundentemente, a aquellos que pretenden ‘reducir la democracia a simulacro’.
Digámoslo alto y claro: todo régimen democrático está capacitado para asimilar criterios, formas de organización y de participación ciudadana que no forman parte, todavía, de los usos y costumbres establecidos. En un sistema democrático aquello que no está predeterminado ni establecido de facto, tiene un potencial de realización que puede convertirlo en lo socialmente admitido y sancionado por su Constitución y su cuerpo legislativo, si se efectúan los cambios y modificaciones que la realidad exige.
Para complementar lo dicho anteriormente y para apreciar la capacidad anticipatoria de Pasquino, conviene añadir a lo expresado que para él las tres amenazas de mayor envergadura que ‘corroen’ las democracias en la actualidad, son: la corrupción, la violencia y los populismos y neo-populismos reaccionarios con sus lemas simplistas, de soluciones fáciles a problemas complejos. Sin olvidar, claro está, la necesidad de una ciudadanía participativa y crítica con los poderes que, en equilibrio inestable, conforman el sistema.
No me resisto a completar algunos datos de interés sobre Gianfranco Pasquino. Sugiero, en este sentido, que el lector interesado consulte la revista “Il Mulino” de la que fue editor (1980/84), así como la “Rivista Italiana di Scienza Politica”. Allí están plasmadas numerosas tesis y análisis, en ocasiones concordantes con lo que estamos exponiendo. Desde el 2005 forma parte de la prestigiosa institución “Accademia Nazionale dei Lincei”, en la actualidad dirige la revista cultural “451” y forma parte de dos Comités que están preparando la “Enciclopedia maquiavélica”, en definitiva, sigue activo a sus ochenta y un años, procurando que su pensamiento crítico no desfallezca y siga combatiendo los efectos nauseabundos del pensamiento único.
Me gustaría haber despertado curiosidad en el lector y que se decidiera a explorar y penetrar en diversos aspectos que sólo me ha sido posible esbozar e incluso mencionar.
Con Gianfranco Pasquino resulta del todo cierto que no puede negarse la eficacia de lo hermenéutico. No oculta lo complejo, mas para descifrarlo se va aproximando a sus objetivos, mediante una complicidad manifiesta con el lector.
Termino señalando que mi interés primordial es la vinculación que establece entre Ética y Política Democrática. Quizás porque durante una etapa prolongada, ha estado ausente o casi ausente, en los tratados de Ciencia Política.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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