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Maruja Mallo (1902-1995)


(Tiempo de lectura: 8 - 16 minutos)

UNA EXCELENTE PINTORA DE LA GENERACIÓN DE LA REPÚBLICA, QUE LUCHÓ DENODADAMENTE POR ENCONTRAR UN LUGAR EN LA HISTORIA

Memoria y olvido son como la vida y la muerte.

Vivir es recordar y recordar es vivir.

Morir es olvidar y olvidar es morir.

Samuel Butler

Filólogo y escritor británico

Se aproxima el 8 de marzo. Es el momento adecuado para traer a la memoria y divulgar con rigor la figura de la pintora Maruja Mallo. Un ‘memoricidio’ absurdo y un tradicional desprecio hacia el papel social y político de la mujer, ha impedido que hasta la fecha, se reconozcan debidamente sus méritos, que son muchos.

Fue más, mucho más, que una pintora surrealista de proyección y alcance. Expuso sus obras en afamadas galerías de París y Nueva York. Formó parte de ese grupo de mujeres valientes, conocido como las ‘sin sombrero’ y, aunque no se reconoció su talento, representó a la nueva mujer libre y emancipada, ferviente republicana y una cualificada artista plástica vanguardista que comenzó a destacar en el periodo de entreguerras.

De una vitalidad y una energía poco común, estuvo vinculada a la Escuela de Vallecas, en la que destacó junto al pintor Benjamín Palencia y el escultor Alberto Sánchez.

Colaboró como ilustradora en publicaciones prestigiosas del momento, como Revista de Occidente donde, su estilo y su fuerza, gustaron a Ortega y Gasset que le posibilitó su primera exposición en un momento culturalmente efervescente. Su obra pictórica pasó por varios periodos: en 1928 se la adscribía en el denominado ‘realismo mágico’ y también ‘nueva objetividad’.

Convivió con los más destacados hombres y mujeres de la Generación del 27 y participó en algunos de los círculos culturales de mayor relieve del momento. Por eso es incomprensible, aunque quizás atribuible a la deformación patriarcalista que, mientras se ha reivindicado a los miembros más destacados de la Generación del 27, poetas, pintores, escultores, intelectuales, profesores y en los últimos años se haya procedido a una recuperación necesaria de quienes sufrieron la dura experiencia del exilio… las mujeres, incluso con una obra meritoria a sus espaldas, permanecen sepultadas, todavía, bajo una losa de silencio y olvido.

A fin de que el lector/lectora no piense que exagero en lo anteriormente expresado, voy a reproducir algunas opiniones de destacados miembros de la Generación de la República, para que se aprecie lo injusto de esta desmemoria.

Federico García Lorca, sin ir más lejos, ante unos lienzos de la serie ‘Las Verbenas’, nos legó este comentario: “estos cuadros, son los cuadros que he visto pintados con más imaginación, con más gracia y con más sensualidad”. La cita procede de Ramón Gómez de la Serna y no ha sido muy reproducida, que digamos.

Pablo Neruda, por su parte, en “Confieso que he vivido” sus memorias, nos informa de que ‘nos íbamos con Maruja Mallo, la pintora gallega, por los barrios bajos buscando las casas donde venden esparto y esteras, buscando las calles de los toneleros y de los cordeleros, de todas las materias secas de España’.

No son estos los únicos comentarios sobre Maruja Mallo, que en general escasean. Ha habido con respecto a ella una manifiesta cicatería. Tampoco se suele mencionar que cuando regresa de un exilio de veinticinco años, Pedro Almodóvar, por ejemplo, adquiere obras suyas o la cantante Madonna afirma tener en su casa uno de sus cuadros.

Era entusiasta y divertida, comprometida, moderna, luchadora y excéntrica. Por ser una pintora vanguardista y una mujer emancipada, despertaba una especial antipatía en los círculos ‘biempensantes’, a título de ejemplo la prensa eclesiástica y sus voceros arremetían contra el surrealismo… con la furia con la que se ataca lo que no se comprende.

En su proceso de concienciación política y en una visión del mundo donde la igualdad de derechos era reclamada y se vió reflejada en medidas políticas y sociales con la Segunda República, jugó un papel destacado la filósofa María Zambrano que influyó poderosamente en el compromiso social de Maruja. De hecho, los domingos la pensadora solía invitar a merendar a su casa a un grupo de amigas… allí se fue gestando el compromiso político de Maruja Mallo.

Quisiera ahora, hacer algunas reflexiones sobre su pintura y su peripecia vital en un periodo desbordante de modernidad creativa. En ocasiones acompañaba a María Zambrano al Museo de El Prado y se extasiaba ante la fascinante luz de Velázquez, las figuras obscuras, alargadas y en cierto modo tenebristas de El Greco o el mundo fascinante de El Bosco.

Los lienzos de Maruja Mallo tienen la facultad de hechizar y si se me permite, algunos de ellos parecen salidos de un secreto conjuro. El claro-obscuro es a veces engañoso y envuelve más de un enigma. En sus cuadros no es infrecuente una cierta magia invisible. En su pintura, las formas voraces y difuminadas dan la impresión de que quieren poseer, aprisionar la luz. En otras, parece que remiten a un universo pitagórico.

Sus figuras semejan lámparas de fuego en noches de angustia. En la pintura de Maruja Mallo muchas formas son en realidad una cárcel. Siempre está presente una atmósfera agónica y, en cierto modo, misteriosa. Los descubrimientos más audaces se producen cuando se mira y se observa, al mismo tiempo, dos imágenes distintas, dos formas de la misma realidad. Es casi tanto como trasladar la dialéctica al lienzo.

Quizás sea una impresión mía pero parece que la pintora descubre que la libertad es obediencia y el conocimiento amor. El suyo es un juego entre la ocultación y la visibilidad, el movimiento en sus lienzos merece, eso sí, ser observado con detenimiento. Sus figuras dan la impresión de que flotan en el espacio y fluyen en el tiempo. Ella, Maruja Mallo, es la autora de la partitura más tiene buen cuidado de ocultarse a la vista para que sea su obra quien hable por ella.

Voy a atreverme a citar algunas de sus obras para que el lector pueda buscarlas e ir degustando y analizando todo lo que dan de sí, que es desde luego, mucho. Citaré en primer lugar la serie “Cloacas y campanarios” donde se advierte su vinculación a la Escuela de Vallecas.

La Segunda República fue, entre otras muchas cosas, una decidida impulsora de las políticas de igualdad y promoción de la cultura. Maruja obtuvo una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para desplazarse a París. Como era de esperar aprovechó el tiempo. Participó en reuniones y tertulias con André Bretón y Paul Eluard, entre otros. Lo más importante sin embargo, es que logró exponer en la Galería Pier Pierre. Es un lugar común que aquí comienza su etapa surrealista.

Me parece significativo a este respecto que el propio André Bretón quedó fascinado y le compró el cuadro que lleva por título “Espantapájaros”. Me permito sugerir que se localice y se le eche una ojeada. Este lienzo ha sido considerado una de las grandes obras del surrealismo. Asimismo, contactó con Pablo Picasso o Louis Aragón y otras figuras vanguardistas del momento. De esta etapa quedan para siempre, su interés por el orden geométrico interno y su mirada enigmática y penetrante sobre la naturaleza.

Incuestionablemente fue una mujer moderna, comprometida y polifacética que desplegó una intensa actividad en diversos ámbitos. Participó en las Misiones Pedagógicas, expuso en Londres en las New Burlington Galleries…

Más adelante, haré algunos comentarios y reflexiones sobre su exilio. Me parece de justicia señalar que la que más tarde sería Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, siendo cónsul de Chile en Portugal, le ayudó a llegar a Latinoamérica. Puede afirmarse que en cierto modo le salvó la vida, porque estaba huyendo de la violencia criminal de los sublevados.

Muchas mujeres y hombres de la Generación de la República siguen exigiendo, después de muertos, una justa reparación a la inmensa labor que desempeñaron en los campos filosófico, humanístico, científico, artístico o literario.

Aprendí leyendo el ensayo de Hannah Arendt “Verdad y mentira en la política” que falsear un hecho es mentir. La realidad puede ser manipulada por la mentira. Es, desde luego, nuestra obligación poner las cosas en su sitio sin falsas equidistancias. Las dictaduras, todo régimen totalitario manipula sistemáticamente los hechos, negando la realidad y creando y proyectando una imagen falsa de la historia, casi una caricatura.

Si bien es cierto que ‘fugit irreparabili tempus’ los tópicos, las visiones reduccionistas y empobrecedoras acaban por volverse contra quienes las pusieron en circulación. Por ello, hay que proceder a rescatar a estas mujeres y hombres y darles su verdadera importancia y proyección. Ha habido una época de memoria ‘secuestrada’ que debe dar paso a una memoria ‘recuperada’.

Conviene que se recuerde por ejemplo, que Maruja Mallo en su exilio dio conferencias, firmó manifiestos e hizo multitud de declaraciones defendiendo la legitimidad y el legado democrático de la Segunda República.

Ahora, cuando aprobada la Ley de Memoria Democrática, una serie de batallas simbólicas tienen lugar en torno al callejero, conviene recordar que cuando los golpistas entraban en cualquier ciudad, calles que llevaban el nombre de Ramón y Cajal o Rosalía de Castro, por ejemplo, eran eliminadas y sustituidas por nombres de militares, por políticos de extrema derecha o religiosos. Es justo hacer mención de los artículos que publicó en ‘La Vanguardia’, en 1938, bajo el epígrafe Relato veraz de la realidad de Galicia, donde da cuenta de la barbarie, la violencia, las ejecuciones a plena luz del día…

Cuando Maruja adquiere un compromiso social, su pintura cambia significativamente. Me interesa mucho su lienzo “Sorpresa de trigo” que nació de la visión de una manifestación del 1º de Mayo por la calle Recoletos.

Nunca se repetirá lo suficiente que las políticas republicanas hicieron posible una de las reclamaciones más persistentes de aquellas feministas, que no era otra que avanzar en todos los órdenes en políticas de igualdad.

Todas ellas son merecedoras de un espacio amplio, tan solo se han reconocido y parcialmente, los méritos intelectuales de la filosofa y pensadora María Zambrano. Quiero dejar constancia aquí y ahora de figuras como Concha Méndez, Rosa Chacel o la primera mujer que tuvo acceso, ya en democracia, a la RAE, Carmen Conde, entre otras.

Sintieron la necesidad de rebelarse contra un tiempo que no reconocía sus derechos. Hicieron más, permitieron que la rueda de la igualdad se pusiera en marcha. Reivindicaron ser sujetos históricos activos y adquirir visibilidad. Solo lograron, en parte, salir del ostracismo. Su esfuerzo debe ser reconocido y valorado. Maruja Mallo en particular, tuvo una actitud transgresora y a veces iconoclasta. Tampoco esto debemos olvidarlo. Con su actitud fue nítidamente precursora de un nuevo tipo de mujer que participaba activamente en la sociedad y que, rompiendo techos de cristal, defendía su autonomía y su capacidad creativa.

Es el momento de manifestar algunos rasgos esenciales y destacados de su pintura. Lo que algunos críticos llaman ‘su ilusionismo espacial’ o su hechizante ‘luminotecnia antinaturalista’. Estaba segura de sí misma, en su afán transgresor demostraba cierta insolencia y, desde luego, un carácter fuerte y rotundo.

Sus lienzos están vivos, dan la impresión de movimiento, de impetuosidad y de cierta provisionalidad. No le afectaba que la calificaran de extravagante. Despreciaba algunos de los preceptos canónicos del arte pictórico. Ahora bien, el aparente descuido… tiene mucho trabajo tras de sí y no poco de estudio y de cálculo de probabilidades.

Sus pinceladas son vehementes, desprenden un halo, a veces lúgubre y a veces asfixiante ya que remite constantemente a un laberinto sin salida. Se pueden crear formas deformando los conceptos formales establecidos. En su pintura puede apreciarse lo que las vanguardias tienen de originalidad, dándole un nuevo sentido y una nueva dimensión a los conceptos geométricos y simultáneamente llevando el color y los juegos cromáticos hasta donde muy pocos se habían atrevido hasta entonces.

Como el lector podrá apreciar no estoy siguiendo un orden cronológico sino hasta cierto punto fenomenológico. En su exilio, en Argentina, dejó su impronta en la Revista Sur bajo la batuta de Victoria Ocampo y donde tuvo la oportunidad de conocer a Borges. De esta etapa suya es de justicia destacar sus cuadros, Canto de espigas y Arquitectura humana, así como su serie Marina, donde los colores gris y plata adquieren una tonalidad especial. Diversas culturas latinoamericanas con su sincretismo le interesaron vivamente. La serie Las máscaras, sin ir más lejos, es buena prueba de ello.

Una anécdota, que es más que una anécdota, creo que es más que oportuno reproducirla. En agosto de 1938, apenas dos años después de que fuera atrozmente asesinado el autor de Poeta en Nueva York, el escritor, el intelectual y político mexicano Alfonso Reyes, estrenó en su honor Cantata en la tumba de Federico García Lorca. Maruja Mallo realizó la escenografía y Jaime Pahissa la música. Es una hermosa cantata que debería programarse más a menudo, especialmente en fechas próximas al 18 de agosto.

A su regreso a España tuvo reconocimientos como la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes (Ministerio de Cultura-1982) y en fecha tan reciente como 2017, la RAGBA (Real Academia Galega de Bellas Artes) la homenajeó en el día de las Artes Gallegas.

Antes de hacer unas consideraciones finales quiero reproducir unas palabras de Paul Eluard, que considero muy ilustrativas: “las creaciones extrañas de Maruja Mallo, entre las más considerables de la pintura actual, revelación poética y plástica, original ‘Cloacas’ y ‘Campanarios’ son precursoras de la visión plástica informalista”

No me resisto a citar junto a las obras a las que he ido aludiendo, una de 1981 que lleva por título “Acróbatas macro y microcosmos” así como “Viajeros del éter” interesantísima su concepción espacial.

¿Cuál es el legado pictórico de Maruja Mallo? En sus composiciones geométricas aparentemente desordenadas pero con un orden interno indudable, sus figuras dan una sensación de inestabilidad, de movimiento, incluso de provisionalidad.

Algunos de sus lienzos dan la impresión de estar captando y fijando ‘verdades inéditas’. Sus pinturas son, ante todo, un ojo que mira con una mirada profunda capaz de transfigurar la realidad.

Sus superficies, figuras y espacios parecen reinventados por un espíritu creador y por unos pinceles inspirados. Expresan –y esto me fascina- pasiones. En su ‘modus operandi’, se mezclan y entrecruzan la angustia, el desasosiego y el orden geométrico.

Observando con atención sus cuadros puede imaginarse a Maruja Mallo saliendo de la obscuridad portando una antorcha como homenaje a Prometeo.

El fuerte cromatismo insufla vida a los objetos inanimados. Tal vez hay que mirar las pinturas de Maruja Mallo desde dentro. Es una pintora que acierta a plasmar en sus lienzos ‘el devenir frente al ser’. El devenir lo es todo, quizás por eso, pone mucho de sí misma en cada cuadro que pinta.

Nos vamos acercando al final de estas páginas destinadas a reivindicar a la Maruja Mallo pintora, vanguardista, inconformista y de mucha más importancia de la que se le ha venido dando, hasta hoy.

Su formación fue solida. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Nunca perdería un vivo interés por las vanguardias y por la evolución de la pintura a uno y otro lado del ‘charco’.

Ya se perfila en el calendario el 8 de marzo del 2023. En esta tarde lluviosa y un tanto desapacible, me gustaría decir que el feminismo es imparable, mas han hecho y siguen haciendo más por él quienes agitan el árbol y hacen caer las nueces que quienes se limitan… a hacer ruido.

El callejero tiene un valor simbólico. Permítaseme que insista de nuevo. En el distrito de Hortaleza (Madrid), una calle lleva su nombre y, lo mismo sucede, en Almería, Mérida y en otros lugares de nuestra geografía. Es una señal de que la llama no se ha apagado y se la sigue recordando, especialmente como precursora de un estilo de vida y un estar permanentemente atenta a todo lo que surge y a las miradas nuevas para apreciar el arte.

Recuerdo unas palabras de Jorge Luis Borges que me hicieron pensar mucho y que podrían aplicarse perfectamente a la pintura de Maruja Mallo “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos” Creo que sí, que las obras de la pintora tienen un aire inconfundible de espejos rotos.

¡Qué injusto es el olvido! ¡Qué devastador es el paso del tiempo! El pasado vive en nosotros mientras duran los recuerdos y se mantiene viva la llama… de lo que fue y ya no es. Con su inteligencia, ironía y cierta ‘retranca’ Johann W. Goethe lo plasmó con una precisión y exactitud encomiable “donde se pierde el interés, también se pierde la memoria”

Sigo intentando recordar aspectos de la vida y de la obra de Maruja Mallo, que suelen pasar desapercibidos. Tuvo una profunda amistad con Miguel Hernández. Creo que el “Rayo que no cesa” es una obra clave del poeta oriolano y que inicia el camino de su evolución posterior. Pocas veces se ha mencionado que cuatro poemas, que más tarde desgajó del libro, se deben a la influencia que la pintora ejerció en el poeta.

Maruja Mallo es, sin exageración alguna, una de las artistas plásticas más importantes del siglo XX. No se le ha reconocido y, precisamente por eso, es una verdad amarga. La desmemoria es injusta y con ella lo ha sido especialmente.

Quizás en el futuro se hable de ella, por fin, no sólo de su lucha por la igualdad y por los derechos de la mujer… sino sobre todo, porque intentó con todas sus fuerzas integrar y hacer visible el talento femenino en la esfera artística.

Estas mujeres tan injustamente olvidadas, deberían ser para nosotros fuente de inspiración. Conocerlas es revivir su compromiso con la democracia. Entregaron sus vidas –a veces en sentido literal- por ampliar los derechos y por una sed insaciable de igualdad, justicia, amor a la creación y búsqueda incesante de conocimiento.

Hoy quiero pensar en el valor, la dignidad y la pasión por la verdad de Maruja Mallo. Vivió para reivindicar su derecho a elegir su propio camino derribando los obstáculos que le salían al paso.

Fue una excelente creadora. Fue buena gente pero nunca hubiera permitido que la llamaran ‘gente de bien’.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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