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Una infanta contra Napoleón


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El catedrático de la UAH, Antonio Manuel Moral Roncal, acaba de publicar en Ediciones Encuentro el libro, Una infanta contra Napoleón. María Luisa de Borbón (1782-1824). Estamos hablando de una biografía de un personaje femenino de la Casa de Borbón que es una perfecta desconocida hasta para el público más interesado por la historia y más en un momento histórico de crisis como fue el que le tocó vivir a la infanta María Luisa.

Era hija de Carlos IV y María Luisa de Borbón, es decir, hermana del futuro rey Fernando VII. Como era habitual, se convirtió en un peón de las políticas dinásticas al ser casada con su primo el príncipe Luis de Parma. Vivieron en España y tuvieron hijos.

Pero la vida de la infanta cambió cuando en 1801 nació el Reino de Etruria por el Tratado de Aranjuez entre Francia y España donde, además de reforzar la alianza entre ambos Estados, Fernando I debía renunciar al Ducado de Parma, que también había sido ocupado por los franceses. El nuevo Reino debía ser asignado a su figura, pero terminó por decidirse que sería para su hijo Luis y su esposa María Luisa. El emperador de los franceses tomó esta decisión para compensar a la casa de Borbón, en ese momento aliada. Así pues, se pasó de la vida tranquila de la corte madrileña y de las jornadas reales en los distintos Sitios a Florencia, la capital del nuevo Estado.

En principio, no parecía mal destino, pero la política del momento era muy convulsa. En este sentido, debemos recordar que el viejo duque de Parma decidió quedarse en Parma hasta que falleció en 1802, en circunstancias un tanto extrañas. A su muerte el Ducado pasó al Imperio francés.

El 3 de agosto de 1801 fue proclamado rey de Etruria, Luis I de Borbón-Parma. El nuevo Estado perdió la isla de Elba. Como hemos expresado, la capital sería, lógicamente, Florencia.

El Reino de Etruria, en realidad, no duró mucho. Luis murió muy joven, con apenas treinta años, en 1803, y María Luisa se tuvo que hacer cargo de la Regencia. María Luisa adoptó una política contraria a la de su esposo, ya que era más conservadora y suprimió los avances que Luis había puesto en marcha con el apoyo y/o tutela de Napoleón. Adoptó, por lo tanto, una política menos plegada al emperador y más en una línea, digamos, española. Ante este hecho, el emperador liquidó el Estado, expulsando a la regente y a su hijo que tuvieron que marchar hacia España. También hay que tener en cuenta que María Luisa había dado cobijo a algunos enemigos del emperador. El acta oficial del final del Estado tuvo lugar con el Tratado de Fontainebleau de 10 de diciembre de 1807. Al año siguiente, el territorio fue incorporado directamente a Francia.

El libro de Moral Roncal nos cuenta que, en realidad, María Luisa fue la única de los Borbones que se enfrentó a Napoleón. Bien sabemos, por nuestra parte, que no lo hicieron ni Carlos IV su padre, ni su hermano Fernando VII, que se plegaron con mucha facilidad en Bayona a los designios del emperador.

Por otro lado, parece interesante la faceta de mecenas de la infanta, con una preocupación especial hacia las artistas, además de que preocuparse por la educación.

La época napoleónica, si nos lo permite el lector, es fascinante, un choque de mundos, el antiguo y el nuevo, de poderes diversos, y donde se fraguó en gran parte nuestra contemporaneidad. Un libro que aborde algún aspecto o dimensión del mismo siempre es bienvenido, además de la importancia que tiene que se valore por parte de la historiografía a una mujer que, como es habitual, suele desvanecerse frente a los personajes históricos masculinos, y más en una época donde los hubo de una gran intensidad, casi avasalladora.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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