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Carlos III: un rey y un reinado


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Un 14 de diciembre de 1788 fallecía en Madrid el monarca Carlos III de España e Indias, cuyo cuerpo sería sepultado en el panteón de reyes en El Escorial. Hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, hermanastro de Luis I y de Fernando VI, había nacido en la misma ciudad donde cerró sus ojos por última vez el 20 de enero de 1716. Casado con María Amalia Wallburga de Sajonia, fue duque de Parma y Plasencia (1731-1735) y rey de Nápoles y de Sicilia (1734-1759) antes de asumir el cetro español.

Su experiencia política, por lo tanto, se desarrolló tanto en Italia como en España, llegando a ser el soberano más destacado de la Monarquía española durante el siglo XVIII y uno de los déspotas ilustrados más característicos de la Europa ilustrada. Emprendió grandes y exitoso esfuerzos por la modernización de sus reinos, a los que intentó reducir distancias con los Estados más avanzados de su época, abriéndose a las innovaciones tecnológicas, militares, artísticas, culturales e ideológicas ilustradas. Salvo en tierras catalanas y vascas, durante su reinado no se pudo quebrar la estructura agraria tradicional, aunque se trató de impulsar un desarrollo manufacturero que abriera nuevas perspectivas de ascenso social y económico a una población en crecimiento.

Se aumentó la deuda del Estado, pero se emprendieron ambiciosas y necesarias obras hidráulicas, se renovaron carreteras y puertos, se fortificaron ciudades en las Américas, Península Ibérica e islas. Se fundaron numerosas Sociedades Económicas de Amigos del País, las primeras corporaciones laicas aunque no por ello cerradas al clero, que intentaron convertirse en punta de lanza de innovaciones e ideas ilustradas a nivel provincial y ultramarino. Frente a la alta nobleza (grandes de España) durante su reinado se favoreció a la nobleza corporativa e hidalga, cuyos miembros ocuparon puestos decisivos en la administración civil y militar. De esa manera, el rey favoreció a la nobleza de servicio o de mérito profesional frente a la de sangre. Además, declaró la honradez de numerosos oficios, tanto para dotarles de valor y aprecio como para impulsar ciertos sectores económicos.

Continuó la línea -iniciada por sus antecesores- de impulso espiritual, cultural, revitalizando las artes y las ciencias, fomentando la tecnología por medio de patentes y ayudas a los inventores, modernizando el ejército y la armada, generando una mayor red comercial con los territorios de Ultramar. Sin embargo, para Horst Pietschmann, más sensible, si bien no intencionada, fue la formación de una conciencia política en amplias capas de la población durante el reinado de Carlos III. Sin este desarrollo, el levantamiento de 1808 y la organización de un movimiento juntero contra los invasores franceses no hubieran sido posibles para este historiador alemán.

Por otro lado, la rivalidad con la poderosa Gran Bretaña en el Atlántico absorbió cada vez más las fuerzas de sus gobiernos, de modo que se hizo extremadamente difícil el equilibrio necesario para armonizar las exigencias de defensa exterior y modernización interior. Carlos III consiguió, con sacrificios financieros, mantener la defensa de la América española, recuperando Menorca aunque fracasase su intento por tomar Gibraltar. Si bien está claro que Francia y Gran Bretaña perdieron sus territorios americanos antes que España, el monarca no pudo culminar un cambio estructural lo suficientemente duradero para evitar su futura independencia en el siglo XIX. El signo de los tiempos, en este sentido, estuvo en su contra. Sin embargo, si algo debe destacarse de Carlos III fue su capacidad para elegir a los mejores políticos de su época para la gobernanza de sus reinos, rodeándose además de artistas, militares y marinos de calidad. No todos los gobernantes lo lograron o supieron hacerlo.

El lector interesado puede acudir a:

-W. Bernecker y otros, Los reyes de España, Siglo XXI editores, 1999.

-Roberto Fernández, Carlos III. La reforma de España, Espasa, 2016.

-J. Antonio Vaca, Carlos III, Rialp, 2006.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.


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