Julián Zugazagoitia y el libro de Trotski sobre la situación real de Rusia
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
Julián Zugazagoitia sabía mucho de Rusia, de su historia, de su realidad y, sobre todo, de su literatura. En estos tiempos estamos recuperando sus reseñas de obras rusas porque nos parecen un material harto sugerente por parte de un intelectual tan brillante como fue el socialista vasco. Nos dicen mucho de Rusia, pero, sobre todo, nos dicen mucho del socialista vasco,
En diciembre de 1928 publicó la reseña del libro de Trotski, La situación real de Rusia, que en España publicó M. Aguilar por el precio de cinco pesetas.
Zugazagoitia consideraba que estábamos ante un libro de éxito. A la inicial curiosidad por Rusia, evidentemente porque en la misma se habían producido unos hechos históricos enormes, añadimos nosotros, se había sucedido otra nueva derivada de la lucha que se reñía en el poder entre Stalin y Trotski, como apuntaba el socialista. En el libro se aludiría algunas de las circunstancias de dicha confrontación. Una circunstancia relativa al éxito del libro tenía que ver con el hecho de que había llegado a Alemania de forma clandestina otro volumen del autor, en que, de seguro, se insistía, “con ese rigor de la prosa de Trotski”, en las mismas cuestiones del libro que iba a reseñar.
Destacaba cómo Trotski criticaba los métodos empleados por la mayoría para eliminar de los puestos responsables a la oposición. La palabra del autor era, a su juicio, siempre segura y más en esta materia, y lo quería demostrar incluyendo un significativo párrafo del libro.
Después, y siempre según Zugazagoitia, Trotski levantaría la violencia el tono de sus palabras explicando que la camarilla que se mantenía en la cúspide del poder lo era “por la violencia y la estrangulación de las ideas de los afiliados”. El autor ruso explicaría, a continuación, el procedimiento que seguía la mayoría para sostenerse como “tal minoría”.
Zugazagoitia opinaba que el procedimiento que se denunciaba no era de Stalin, sino que había sido puesto en vigor antes y que el propio Trotski había participado del mismo, si bien con una condición: la de aplicarlo al enemigo. Pero el compañero del presente podía ser, quizás, el enemigo de mañana, y en siendo enemigo, el comunismo dio en justificar todos los ataques, llegando incluso a utilizar como arma la mentira y la acusación falsas. La consigna era enemistar con cualquier recurso a las masas con sus dirigentes. Era lo que Stalin hacía ahora con Trotski.
En todo caso, confesaba Zugazagoitia, invadía un sentimiento al leer la obra porque se veían cuestiones muy lamentables, como la falta de respeto a la verdad, censurando y deformando la participación de cada uno en la Revolución en Rusia. Las cárceles y destierros que se habían abierto para los socialistas revolucionarios con la protesta general de cuantos habían puesto sus esperanzas en Rusia se habían vuelto a abrir para los bolcheviques disidentes. Pero, además, ahora también se habían abierto tumbas. En este sentido, valoraba mucho el intelectual vasco que en el libro se incluyera la carta de Adolfo Joffé, dirigida a Trotski. Se trataba de la carta de un suicida. Joffé había sido un comunista de la primera hora y había estado en el Comité Militar Revolucionario y en la firma de la Paz de Brest- Litovksy, además de desempeñar importantes misiones diplomáticas. Acuciado por su estado de salud había sido apartado, pero, además, condenado al ostracismo por su coincidencia con la oposición. Por nuestra parte, sabemos que Joffé o Iofe mantuvo su amistad y apoyo a Trotski durante los años veinte. Expulsado éste del Partido el 12 de noviembre de 1927, cuatro días después se suicidó, dejando una carta a su amigo, indicando que era una forma de protestar. Sería confiscada por Stalin y empleada para atacar a Trotski, que dio su último discurso en la URSS en el sepelito de su amigo.
Terminaba Zugazagoitia afirmando que la curiosidad suscitada por este libro tenía una motivación malsana porque muchos lectores esperaban encontrar en el mismo las claves de un próximo derrumbamiento de la Revolución, pero Trotski no sería, precisamente, un autor para “bailar las aguas a los que sueñan con ese fracaso”.
La reseña se publicó en el número 6194 del 16 de diciembre de 1928 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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