Transición
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Se puede definir el concepto político de transición como el proceso o período relativamente breve que culminaría en el establecimiento de una democracia, sin empleo de violencia ni con grandes brusquedades, lo que le alejaría del concepto de revolución, aunque haya transiciones que se desencadenen con un hecho o suceso rupturista. Pero, es más común que los procesos de transición eviten las rupturas y se mantengan en la moderación. El caso español es casi paradigmático: la opción rupturista se aparcó, por diversas razones, por otra progresiva y más moderada: desmontar el aparato franquista desde dentro.
A la hora de explicar las transiciones se debe incidir en el estudio de las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales previas, es decir, en los aspectos estructurales. En el caso español, esas transformaciones fueron fundamentales para ir minando el franquismo a partir de mediados de los años sesenta. El crecimiento económico de dicha década, con todas sus carencias, contrastes y debilidades, permitió establecer algunas reformas encaminadas hacia el establecimiento de los rudimentos de un estado del bienestar –pensemos en la creación de un sistema único de seguridad social-, remedo de los más desarrollados de los países de Europa occidental. El franquismo tenía un gran interés en procurar una mejora de las condiciones de vida para la población, en aras de legitimar y apuntalar más la dictadura, habida cuenta del estrepitoso fracaso de las políticas económicas autárquicas. Pero esos dos hechos fueron claves para incentivar la democratización, todo lo contrario de lo que se pretendía. Por su parte, el desarrollo de las infraestructuras, la mayor extensión de la educación, o la clara transformación de una sociedad rural en otra urbana, generaron cambios muy profundos en las mentalidades y que también fueron claves en el camino hacia la democracia.
Otra explicación se asoma más a los aspectos coyunturales, incidiendo en el papel de las élites y de los movimientos de masas en los momentos clave del momento de la transición. La élite política franquista terminó por dividirse en dos grupos: los inmovilistas y los que comprendieron la necesidad de transformar el régimen en una democracia occidental, en estrecha alianza con las élites económicas, conscientes ambas de que el capitalismo nacional tenía que imbricarse más con el internacional, especialmente dentro del paraguas del Mercado Común. Para ello, consiguieron alcanzar el consenso con los grupos dirigentes de los partidos y organizaciones de la oposición. Pero, no cabe duda, que los movimientos de masas fueron muy importantes en la transición española. Sin la presión de la calle no se hubieran alcanzado algunas conquistas en el difícil proceso de negociación política que supuso el caso español.
Estas interpretaciones de las transiciones no deben soslayar un tercer factor: el del contexto internacional. El papel que han desempeñado las grandes potencias y organizaciones internacionales en las transiciones a la democracia no es baladí, como ha quedado demostrado en los casos de los países del Este europeo. En los últimos tiempos se está estudiando mucho el papel que jugaron los Estados Unidos y los países europeos en el proceso español, con sus claros y oscuros.
Por fin, para terminar, podemos hacer una cronología de las transiciones en la historia contemporánea más reciente. Habría tres oleadas democratizadoras. La primera se daría en los años setenta con un claro predominio de la Europa mediterránea: Portugal, Grecia y España. La segunda ola sería la de América Latina en los años ochenta, con un evidente protagonismo de las repúblicas del Cono Sur: Argentina, Uruguay y Chile. Por fin, la última oleada ha afectado, en la primera mitad de los noventa, a los países comunistas del Este europeo, donde, además, ha habido un cambio de estructura económica, que no se produjo en las dos oleadas anteriores.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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