El golpe de Primo de Rivera como experiencia instructiva para el socialismo argentino
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El diario socialista argentino La Vanguardia dedicó gran parte de su sección de Internacional a los sucesos que acontecieron en España a partir del 13 de septiembre de 1923 con el golpe de Miguel Primo de Rivera, incluyendo el manifiesto que publicaron el PSOE y la UGT. En este artículo queremos hacernos eco del primer análisis que realizó el socialismo argentino en su periódico sobre lo que ocurría en España, y que se publicó en el número del jueves, 20 de septiembre (nº 5845).
Los socialistas argentinos querían que la clase trabajadora del país fuera consciente de los peligros que le acechaban, especialmente donde estaba menos organizada, porque en el mundo se detectaba una “conspiración reaccionaria”. Había, por lo tanto, que analizar aquellas tomas del poder que habían tenido éxito, es decir, en Italia y en España, aludiendo implícitamente a la Marcha de Roma en el otoño anterior de 1922, y al recién golpe de Estado de Primo en Barcelona. Ambas tomas de poder tenían, a juicio de los socialistas argentinos, características comunes: dictaduras con carácter social, antiproletario, antes que político, “en el sentido vulgar del concepto”. Este artículo trata de la interpretación del socialismo argentino sobre lo que estaba ocurriendo en España.
En el caso concreto español se era consciente de que se había producido un golpe y que se estaba instituyendo una dictadura militar. Se comentaba para el público lector argentino que la misma se intentaba justificar por la supuesta incapacidad y los vicios de los políticos, es decir, de los propios gobernantes monárquicos. Pero, insistimos, por la “supuesta” incapacidad, ya que las razones del golpe estarían en otro lugar.
Dicha dictadura militar había resuelto prohibir las huelgas en lo sucesivo, ordenando que las que había cesasen inmediatamente, es decir, el periódico quería reafirmar el carácter "social” del golpe, reforzando esta tesis con la constatación de que la patronal organizada había apoyado el golpe, así como de los obreros católicos organizados.
El artículo de opinión interpretaba que los problemas del separatismo, de la campaña marroquí y aún de las responsabilidades militares por el desastre en la misma, no eran los más difíciles por sí mismos. Es llamativo que el socialismo argentino considerara que el gobierno destituido hubiera hecho suya cualquier indicación seria para poner coto al nacionalismo catalán, y hubiera cedido a la presión militar en relación con toda la cuestión de Marruecos. Eso sí, para los militares todo este asunto se había vuelto muy preocupante especialmente por la presión del socialismo español a través de sus representantes parlamentarios (una alusión implícita al protagonismo de Indalecio Prieto, sin lugar a dudas) y de la agitación de la opinión pública contra la guerra durante muchos años, es decir, estamos viendo cómo el socialismo argentino desarrollaba su tesis social sobre lo que había ocurrido en España. El golpe no se había hecho por cuestiones políticas.
Tres componentes habían formado una alianza: los militares, los patronos y la Iglesia, y cada uno había aportado sus “odios y sus temores”. Los primeros habían querido impedir que los poderes civiles los juzgasen y condenasen. Los segundos temían el control obrero en las fábricas y, por fin, la última no podía aceptar cambios constitucionales para que otras confesiones religiosas, toleradas simplemente, tuvieran el mismo rango que el catolicismo.
La dictadura militar española pretendía presentarse como purificadora del parlamento y de los gobernantes, es decir, de la política. Era muy sintomático que los elementos reaccionarios encontrasen detestable el parlamento desde el momento en el que había entrado la clase trabajadora. Se opinaba que esto estaba ocurriendo en todas partes. La burguesía se sentía asfixiada por la legalidad y la democracia, por lo que encontraba en las dictaduras la mejor salida.
Llamaba la atención de que los militares y los capitalistas hablasen de los políticos y del parlamento como si pudieran hacerlo los anarquistas. Como vemos, el socialismo argentino estaba analizando el golpe de Barcelona y la inaugurada dictadura española como un fenómeno del naciente populismo de extrema derecha, un asunto que hoy estamos conociendo mucho mejor gracias a la recientísima biografía de Miguel Primo de Rivera de Alejandro Quiroga, publicada en España por Crítica. El periódico insistía que hasta en la propia Argentina la propaganda de descrédito del parlamento era cada vez más continua y sistemática, siendo protagonistas de la misma los “más caracterizados órganos capitalistas”. Pero no se trataba, siempre según el juicio del periódico La Vanguardia, de la crisis o bancarrota del sistema parlamentario sino de la crisis de la burguesía, de las facciones, en el caso argentino, de la “política criolla”.
Por eso, el socialismo argentino aludía a que para la clase trabajadora la democracia y el parlamento eran un medio de defensa contra la dictadura militar capitalista. Interesaba fortalecer la institución, infundirle nueva vida. Esa era la lección de que se podía sacar de lo que estaba sucediendo en España.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.