Sobre la vida privada de un hombre público: el caso de Jaurès
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Al parecer, no es una novedad que en nuestro mundo actual se intente indagar sobre la vida privada de personajes públicos con intención de atacarles por por simple curiosidad o morbo. Viene de lejos la cosa; seguramente la diferencia con otras épocas procede de que hoy hay más medios invasivos para saber, para desinformar, para divulgar y tergiversar empleando las redes sociales, dejando, por lo demás, un rastro casi imborrable en las mismas.
Pues bien, en este apunte nos hacemos eco del destacado líder socialista francés, Jaurès, sobre cuya vida privada se intentaba indagar con distintos intereses, y que el siempre intentó que no fuera tema público ni de debate, especialmente en lo que se refería a su familia.
En un número de diciembre de la revista española Vida Socialista se incluyó un artículo titulado, “La vida privada de Jaurès. Disipando fábulas”.
Se partía del hecho de que la vida privada del socialista galo era un “arcano”. En su casa recibía muy pocas personas, solamente a redactores de L’Humanité, el periódico que fundó, cuando tenía que dar instrucciones para un asunto importante, y también a contados íntimos. Y, aún todos estos solamente accedían a su gabinete de trabajo.
Al parecer, los periódicos hablaban mucho de la familia de Jaurès, de su esposa, presentada como una “mujer fanática”, de su hija, de la que se decía se había hecho monja, y de un hijo que se suponía que el propio Jaurès habría casi abandonado.
Pero todo eran infundios o suposiciones. Sobre las ideas o creencias de la esposa parecía muy difícil que nadie pudiera afirmar o negar nada porque nadie sabía, realmente nada. La hija, por su parte, se había casado civilmente en el distrito octavo de París con un funcionario. El matrimonio tenía un hijo y vivían en una ciudad del departamento de Aube.
El objetivo del artículo era demostrar lo lejos que se estaba de la realidad acerca de lo que se decía de la hija de Jaurès y de todo lo referido a su vida privada, de la cual el político nada quería que se supiera. Al parecer, llegó a dar instrucciones a los redactores del periódico para que no se hicieran nunca eco ni de los elogios ni de los insultos que pudiera recibir, ni de nada que se refiriera directa o indirectamente a su conducta de hombre público, pero, por lo que sabemos, ni de su vida privada. En este sentido, nada trascendió de la muerte de la madre del propio Jaurès, con la que estaba muy unido, ya que ni salieron esquelas en la prensa.
Así pues, Jaurès aparece como un personaje celoso de su intimidad. Nosotros nos preguntamos, ¿hoy hubiera sido tan fácil mantenerse a resguardo de las redes?
Hemos trabajado con el número 147 de Vida Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.