La expansión de la Segunda Revolución Industrial
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En el último tercio del siglo XIX la industrialización se intensificó y se extendió, surgiendo nuevas potencias industriales y desarrollándose el sistema capitalista, provocando una creciente internacionalización de la economía. El desarrollo industrial y capitalista impulsó la interrelación de la economía mundial. Las potencias industriales de Europa y Estados Unidos producían y exportaban manufacturas, servicios, capitales y hasta mano de obra, mientras que otros países y las colonias proporcionaban materias primas y recursos energéticos. En el siglo XIX se creó el mercado internacional de la Historia.
Gran Bretaña continuó siendo la primera potencia económica mundial hasta 1914. Era el principal exportador de productos manufacturados y de capitales. La libra esterlina era la moneda más fuerte y Londres la capital del mercado mundial. En todo caso, ya comenzaba a estar claro que otras potencias desbancarían pronto este liderazgo.
La industrialización francesa comenzó en el Segundo Imperio, destacando la industria textil. En Italia, la burguesía del norte impulsó la construcción del ferrocarril y se consolidó la industria textil, especialmente la sedera de Lombardía. En Rusia, el estado y la inversión extranjera favorecieron a las industrias pesadas: minería de carbón, del hierro y del petróleo. Aunque en vísperas de la guerra mundial se convirtió en la quinta potencia industrial del mundo, el país seguía muy atrasado y con mayoría de población campesina. En el Imperio austro-húngaro destacó la industrialización de Bohemia y Hungría. Los Países Bajos y Bélgica se desarrollaron con fuerza. En España, la Revolución Industrial comenzó en Cataluña y siguió en el País Vasco.
En la Segunda Revolución Industrial destacaron dos nuevas potencias industriales que comenzaron a cuestionar, como ya apuntábamos más arriba, la hegemonía económica británica: Alemania y Estados Unidos.
La unificación alemana contribuyó a un intenso y rápido desarrollo industrial y económico, basado en una avanzada tecnología. Alemania se benefició de su incorporación tardía a la industrialización porque pudo incorporar todas las innovaciones anteriores e incorporarse directamente a los nuevos sectores industriales de esta época, es decir, la siderurgia, la ingeniería, la electricidad y la industria química. En Alemania, la relación de la banca y el Estado con la industria fue clave porque, mientras la primera aportaba el capital necesario, el segundo impulsó la enseñanza, la investigación y el apoyo político para convertir al país en una gran potencia. La población alemana creció espectacularmente entre 1850 y 1813, llegando a 65 millones de habitantes. Las diversas producciones crecieron, también, de forma rápida, especialmente, la de acero, la de fabricación de maquinaria, así como la industria química, que se convirtió en la principal del mundo. Por fin, Alemania controlaba la mitad del comercio internacional de productos eléctricos. En vísperas de la Gran Guerra se había convertido en la primera economía de Europa en plena competencia con Gran Bretaña.
Estados Unidos vivió durante el siglo XIX una intensa y rápida expansión industrial, además de crecer demográficamente gracias a la inmigración europea. Si en 1865 contaba con 32 millones de habitantes, en 1914 tenían 100 millones. Los factores claves de la industrialización norteamericana fueron los siguientes: la inmigración europea, la colonización del oeste y la abundancia de recursos naturales (carbón, hierro y petróleo). En la década de los años cincuenta el desarrollo económico norteamericano se aceleró gracias a las industrias textil, minera y metalúrgica. En ese momento la construcción de la red ferroviaria fue fundamental para el desarrollo de la industria pesada. Además, comenzó la explotación del petróleo en Pensilvania. Por otro lado, los norteamericanos serían los primeros que adoptasen los nuevos sistemas de producción capitalista: taylorismo y fordismo. En 1913 ya parecía claro que muy pronto sería la primera economía del mundo. Es importante destacar que el modelo norteamericano de crecimiento económico se diferenció de los europeos en que se cimentó en salarios altos, ya que la mano de obra siempre fue deficitaria, frente a los salarios bajos de los trabajadores europeos. Esos altos salarios permitieron un nivel de renta mayor y, por consiguiente, proporcionaron un gran impulso para el consumo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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