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La sociedad española en el reinado de Juan Carlos I


Durante la transición política española (1975-1978) se consolidaron una serie de transformaciones sociales que ya se habían manifestado a raíz del desarrollo industrial. En este sentido, las ciudades redoblaron su atracción sobre la población rural, impulsando una aceleración en los cambios de actitud de los españoles; pero también originaron nuevos problemas relacionados con la delincuencia y el paro. Como consecuencia del aumento del consumo de droga, aumentó la inseguridad ciudadana durante esos años, lo que fue explotado por la extrema derecha como un símbolo de la debilidad del régimen democrático. El mundo laboral acusó un notable cambio: ya no se pudo emigrar a una Europa que, tras la crisis del petróleo de 1973, cerró fronteras a los españoles. No obstante, la llegada de las mujeres a las profesiones liberales o a cargos directivos -sobre todo en la administración pública- aumentó lentamente a partir de entonces.

El vuelco de la sociedad resultó aún más sorprendente por lo que respecta a la pérdida de los valores tradicionales y la incorporación de nuevos modos de vida, bien distintos de los pregonados por el nacionalcatolicismo. La UCD se quemó en su debate interno sobre la ley de divorcio que, finalmente, fue aprobada. No obstante, quedaron muchos rasgos de un pueblo de tradiciones y costumbres católicas, perduraron abundantes manifestaciones folkloricas religiosas. Sin embargo, la Iglesia fue perdiendo de modo acelerado su antigua influencia en la vida pública y privada de los españoles. El sexo dejó de ser un tabú, y la tentación de describirlo o de comercializarlo fomentó la exhibición generosa de la pornografía en las publicaciones periódicas, el teatro o en el cine, una vez suprimida la censura de espectáculos en 1977. Esta anormal situación de explotación del sexo no duró más de tres años, que fueron los suficientes para que los españoles buscaran otros rumbos a las manifestaciones libres de su cultura. Y, pese a la crisis económica, se consolidó una sociedad de clases medias, que solicitaban más democracia, pero por vía reformista, más derechos y mayores gastos sociales del Estado.

Con la llegada del PSOE al poder en 1982, continuó el desarrollo urbano, industrial y terciario de España, cada vez más alejada de su antigua imagen de país rural y agrario. La ciudad favoreció la pérdida de los valores antiguos y patriarcales, incorporando nuevos modelos de vida y actitudes, en general, más tolerantes. Su lado oscuro se reveló en la concentración de problemas como el del paro, continua asignatura pendiente de la democracia. Si bien aumentó durante los años 80, mejoró la situación con la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea, sobre todo en los períodos 1986-1991 y 1996-2004. La incorporación de la generación de los 60 al mercado laboral fue una preocupación, debido al elevado número de jóvenes. En cuanto al tema de la delincuencia, aumentó con el desarrollo de la droga en los años 80 y descendió gracias a la ayuda policial y a la implantación de programas de lucha contra la droga y asistencia a drogadictos en los 90. Pero, paralelamente, llegó el SIDA y, al igual que el resto del mundo, España tuvo que acostumbrarse a luchar contra la nueva epidemia.

Con la única excepción de las protestas estudiantiles de 1986-1987 contra la política educativa de Maravall, los centros de enseñanza, y especialmente la Universidad, perdieron el carácter reivindicativo que habían tenido en los años 60 y 70 contra la dictadura. La razón se busca en el aumento de la cualificación exigida para acceder a un puesto de trabajo, lo que obliga a los estudiantes a concentrarse en la obtención de un buen expediente académico. También contó el final del servicio militar obligatorio en 2000, la famosa “mili”, bajo el PP, hecho que facilitó la caída del sentimiento antimilitarista y una nueva relación entre las Fuerzas Armadas y la sociedad, propia de una democracia occidental. Según algunos sociólogos, por ausencia de una clara política social de ayuda a la mujer trabajadora, descendió drásticamente la natalidad. España se convirtió, en los años 90, en un país de ancianos y pocos niños, determinando esta composición de la sociedad algunas de sus preocupaciones actuales. En consecuencia, el concepto de familia cambió, reducida a padres e hijos, debido a la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, que antiguamente también se ocupaba de los abuelos, que pasaron a vivir solos o a residencias de la tercera edad. Sus hijos quedaron desatendidos en algunos aspectos (la llamada generación de “niño con llave”). No obstante, el paro juvenil, los elevados costes de la vivienda, el aumento del consumismo y el hedonismo han sido también subrayados como causas del desplome poblacional.

Cabe recordar entre las transformaciones sociales, aspectos positivos como la incorporación del 100 % de los niños y jóvenes al sistema educativo y el aumento de programas para erradicar el analfabetismo de los mayores. Así se explica que, actualmente, apenas existan este tipo de programas sino el fenómeno de las Universidades de Mayores, un avance en la escalera educacional. Por su parte, la población estudiantil en la enseñanza superior llegó a alcanzar, en la década de los 90, el millón y medio de jóvenes, con 50 universidades públicas y 25 privadas ya en el siglo XXI.

Aumentó la presencia de la mujer en el mundo profesional, aunque actuando también como amas de casa y cuidadoras de sus hijos sin apenas ayuda del marido. Ello obligó al movimiento feminista a buscar una mayor actuación del Estado para evitar desigualdades y demandar la actuación de un Ministerio de Asuntos Sociales. Desde entonces ha existido una política de búsqueda de igualdad entre sexos a todos los niveles (legislativo, laboral, profesional…) aunque todavía queda por hacer.

Asimismo, si en la segunda mitad de los años 70 la población protegida por la Seguridad Social era más del 80 % del total, todavía quedaban contingentes importantes fuera del mismo que se integraron definitivamente en la siguiente década. A la partida de pensiones generadas por las cotizaciones sociales se unieron en 1984 las denominadas pensiones no contributivas o asistenciales, destinadas a mayores de 65 años –y aquejados de invalidez superior al 65 %- que nunca hubieran cotizado a la Seguridad Social. Así, entre 1975 y 2014, las desigualdades sociales se fueron reduciendo, creció la inversión sanitaria y aumentó el número de integrantes de clases medias gracias los periodos de desarrollo económico.

Hacia el final del reinado de Juan Carlos I los españoles (46.818.200) tenían una esperanza de vida de 82,2 años, símbolo claro del desarrollo de la cobertura sanitaria; además, eran líderes en la donación de órganos desde 1992. Otros datos que podemos recordar son: la ONCE había generado 80.000 empleos en 25 años; el 64% españoles era lector habitual de libros, aumentando en 3,5 puntos porcentuales el número de personas que leía al menos un libro al año, respecto a datos de 2011; España era el quinto país más seguro del mundo; el idioma español aportaba el 15% del PIB y era la segunda lengua de comunicación internacional; un 23,2% de la población de 15 años en adelante iba al teatro, 4,2 puntos porcentuales más que en 2011; 200.000 personas recorrieron el Camino de Santiago; 42 ciudades y monumentos habían sido declarados Patrimonio de la Humanidad; 2014 fue el año que más dinero generó el cine español: 123 millones, con films como El Niño, Ocho apellidos vascos, Torrente 5 y La isla mínima.

El lector interesado puede acudir a

A. Ollero, J. Velarde y E. Ybarra, 1979-1999: Veinte años de cambios trascendentales en la sociedad española, 1999.

J. Paredes (Coord.), Historia Contemporánea de España, 2016.

Real Academia de la Historia, Veinticinco años de reinado de S. M. Juan Carlos I, 2002.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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