Quantcast
HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

El sistema diplomático de Congresos (1815-1830)


Episodio de la intervención francesa en España en 1823 (1828), por Hippolyte Lecomte (Palacio de Versalles). Episodio de la intervención francesa en España en 1823 (1828), por Hippolyte Lecomte (Palacio de Versalles).

Tras la batalla de Waterloo (junio de 1815), las grandes potencias europeas (Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia) lograron derrotar definitivamente a Napoleón Bonaparte. En Viena, acordaron una serie de tratados internacionales, los cuales no sólo respondieron a la necesidad de reorganización territorial y política de Europa, sino a presupuestos ideológicos. Los representantes de Austria y Gran Bretaña se decantaron por la creación de un sistema institucional permanente para impedir la amenaza de la guerra, como la serie continuada de ellas que habían estallado entre 1793 y 1815. Para evitarla, acordaron que las potencias debían reunirse, periódicamente, en Congresos para afianzar la paz y arbitrar conflictos entre los países.

Una iniciativa rusa imprimió un sello religioso al concierto europeo, proponiendo la idea de una “Santa Alianza” -en la que no entró Gran Bretaña- pero tan sólo fue tomada en serio por el propio zar Alejandro I. El sistema de Congresos que pretendía ser baluarte y salvaguarda de la paz entre los Estados evolucionó, sin embargo, más por los caminos de la represión de los movimientos liberales y nacionalistas. No obstante, el sistema previsto en la firma de la Cuádruple Alianza empezó a funcionar en 1818. El canciller austríaco Metternich fue la figura clave para impulsar las conferencias y darles sentido práctico. Los congresos celebrados en el marco de este sistema fueron el Congreso de Aquisgrán (1818), Carlsbad (1819), Troppeau (1820), Laybach (1821) y Verona (1822).

En el Congreso de Troppeau se concretó por primera vez el principio de intervención en otro país. Metternich propuso un protocolo preliminar en el que se planteó el derecho de intervención armada en aquellos Estados que hubieran caído en la revolución liberal para reintegrarlos al seno de la alianza. El protocolo sólo fue firmado por Austria, Prusia y Rusia. Francia no firmó por discrepancias con Rusia y Gran Bretaña rechazó el derecho de intervención por considerarlo contrario no sólo a sus intereses sino al propio equilibrio europeo de poder. En este sentido, el gobierno británico se fue alejando cada vez más de la política seguida por las potencias continentales, pues el primer ministro inglés redactó un memorandum de rechazo a las políticas “orientalistas y autocráticas” de la Alianza.

La aplicación de este principio se produjo en el congreso de Laybach (enero-mayo de 1821), considerado la continuación de Troppeau, al plantearse la intervención en el reino de Nápoles donde en julio de 1820 había triunfado una revolución liberal. En esta reunión se consumó la separación de Gran Bretaña y la intervención de Austria, que en febrero detuvo la revolución napolitana. Asimismo, también se intervino en Piamonte, donde también existía un gobierno constitucional.

¿Por qué Gran Bretaña se negó a esta política de intervención? Sobre todo, para impedir que las potencias europeas ayudaran a España, la cual estaba intentando impedir la separación de sus territorios americanos, por lo que una ayuda militar o naval de los continentales podría suponer la victoria española y un perjuicio a los intereses comerciales ingleses, que se habían consolidado y expandido en las nuevas repúblicas hispanoamericanas.

¿Por qué intervino Austria? Por la necesidad de impedir la expansión liberal en Italia, sobre todo por su ideario nacionalista y antiaustríaco. Además, al ser un Imperio con múltiples pueblos y culturas, resultaba necesario que el ejemplo italiano fuera aplastado para que no fuera imitado. En resumen, en estas intervenciones mediaron intereses ideológicos, pero también geoestratégicos y políticos.

En el Congreso de Verona (octubre-noviembre de 1822) se planteó la intervención en España, donde en 1820 se había restaurado la constitución gaditana. La situación española se había complicado por las luchas políticas, la ascensión de los liberales radicales al gobierno desplazando a los moderados y la creación de una contrarrevolución armada en la llamada regencia de Urgel. Salvo Gran Bretaña, que se opuso radicalmente, las demás potencias fueron favorables a la intervención. Francia discrepó sólo de la forma en que debía realizarse: Luis XVIII deseaba la exclusiva intervención francesa en contra de una intervención conjunta. ¿Por qué? Así, aprovecharía la crisis española para otorgar a la Francia monárquica laureles militares para frenar las nostalgias imperiales de la época napoleónica. Además, su intervención podía ser una oportunidad para imponer un sistema de Carta Otorgada en España y favorecer el modelo político moderado creado en Francia. La última razón de París radicó en su intento de demostrar su rango de gran potencia, para aumentar su influencia en la Península Ibérica, frenando los intereses británicos.

Triunfó finalmente la postura francesa y los artículos secretos del acta final del congreso de Verona aprobaron la intervención armada de París. Fue el ministro René de Chateaubriand el encargado de ponerla en práctica. Se encargó al duque de Angulema la dirección de la invasión militar, llamada “Los Cien Mil Hijos de San Luis” que entraron en España el 7 de abril de 1823 y lograron la restitución de Fernando VII como monarca absoluto, derrotando a los liberales.

¿Cuál fue la respuesta de Gran Bretaña? Impedir la intervención europea en los virreinatos americanos españoles. Londres ofreció a los Estados Unidos la definición de una política exterior americana: una declaración conjunta de oposición contra la intervención europea en América. Este ofrecimiento terminó con la Declaración Monroe de 2 de octubre de 1823. Así, Estados Unidos defendió que cualquier intervención europea en América sería considerada como peligrosa para su paz y seguridad. Por el contrario, se comprometió a no intervenir en los asuntos europeos. De esta manera, Gran Bretaña intentó dañar el sistema de congresos con el reconocimiento de los nuevos estados hispanoamericanos y con el impulso de una nueva concepción liberal de la política internacional.

Verona fue el último gran congreso y, de hecho, la intervención en España fue su último éxito. No obstante, hubo otros dos congresos más para tratar el tema de la guerra de independencia griega contra el Imperio Turco, en San Petersburgo, entre 1824 y 1825, que terminaron sin ningún acuerdo. A partir de 1826, se evidenció que las potencias anteponían sus intereses particulares a los generales de Europa. El sistema se descompuso y, aunque la mayoría de los movimientos revolucionarios de 1820 fueron desmantelados, el sistema estalló con los de 1830.

A pesar de su fracaso final, su interés histórico resulta definitivo. Algunos investigadores han comparado el sistema de congresos con la creación de la Sociedad de Naciones en 1919, tras la Primera Guerra Mundial. Otros, en cambio, creen que el sistema de congresos de 1815 correspondería más bien al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En todo caso, se trató de un procedimiento colectivo para resolver problemas y garantizar la aplicación de acuerdos en lugar de hacerlo mediante negociaciones bilaterales, por lo que se ha considerado a este sistema como un primer embrión de organización internacional. No resulta extraño que el sistema de Congresos fuera el tema de la tesis doctoral de Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano bajo la presidencia Nixon.

El lector interesado puede acudir a

-Gómez Carrizo, Pedro (Ed.), Memorias del Príncipe de Metternich. El arquitecto de la Europa de Hierro que restauró el Antiguo Régimen, Biblok Book . Barcelona, 2016.

-Chateaubriand, François-René de, El Congreso de Verona. Guerra de España. Negociaciones. Colonias españolas, Antonio Machado Libros. Madrid, 2012.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Tu opinión importa. Deja un comentario...

Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider