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EL PERIÓDICO
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Los socialistas ante el Desastre de Annual: el PSOE contra el colonialismo y el militarismo


Melilla ya no es Melilla,

Melilla es un matadero

donde van los españoles

a morir como corderos.

(copla popular, primeros años del siglo XX)

Para finalizar esta serie de artículos breves en el centenario del Desastre de Annual (julio-agosto de 1921), ofrecemos una breve síntesis del posicionamiento político del Partido Socialista ante la sangrienta tragedia desencadenada por el aventurerismo colonialista español en Marruecos.

Desde las guerras de Cuba y Filipinas, el PSOE mantuvo una actitud beligerante contra el procedimiento de selección de reclutas basado en las llamadas “cuotas”. Aunque en principio todos los mozos en edad militar eran sorteados por igual, los hijos de familias ricas podían evitar la incorporación al Ejército buscando un substituto y pagando por ello, lo que convertía el servicio militar en una condena reservada a los más pobres.

Más tarde, ya en los primeros años del siglo XX, bastaba con abonar directamente una fuerte cantidad de dinero (unas 1.500 pesetas de la época) para librarse de la incorporación a filas, siendo llamado entonces un mozo previamente declarado excedente de cupo, lo que mantuvo y acentuó el perfil clasista en la recluta de soldados.

Durante los conflictos de Cuba y Filipinas el PSOE lanzó una larga e intensa campaña dirigida a la opinión pública bajo el lema “¡O todos, o ninguno!”, reclamando el fin de las cuotas en la recluta, campaña que obtuvo un gran éxito movilizador ꟷaunque ningún resultado institucionalꟷ, y que en gran medida está en el origen del fuerte aumento de la simpatía popular hacia el Partido Socialista, que a comienzos del siglo XX le llevaría a obtener sus primeros éxitos electorales, como la elección de Pablo iglesias como el primer diputado socialista de España en 1910.

El conflicto militar en Marruecos reactivó el grito “¡O todos, o ninguno!” como consecuencia de la serie de desastres militares que salpicaron los intentos hechos por el ejército español para controlar El Rif, la franja norteña de Marruecos administrada por España como “Protectorado”. En julio de 1909, en el Barranco del Lobo murieron 150 soldados españoles y otros 600 resultaron heridos tras una operación chapucera dirigida contra las posiciones de las cabilas rifeñas en el monte Gurugú, a 20 km. de Melilla. La indignación general ante el suceso desató una verdadera insurrección popular en Barcelona, tras negarse a embarcar las tropas reservistas que se enviaban a África. En esa revuelta espontánea, verdadera revolución popular mal llamada más tarde Semana Trágica de Barcelona, el dirigente socialista catalán Antoni Fabra i Ribas jugó un importante papel como animador del Comité revolucionario constituido para intentar dotar de una dirección al movimiento, pero la desbandada de los republicanos de Lerroux y la durísima represión militar y policial, con decenas de ciudadanos muertos en las barricadas y cientos de detenidos encerrados en el castillo de Montjuïc, acabó con la explosión revolucionaria.

No solo se implicó Fabra i Ribas en la lucha contra la aventura colonial. En su primer discurso desde la tribuna parlamentaria, el 7 de julio de 1910, justo un año después de la masacre del Barranco del Lobo y de la revolución barcelonesa, Pablo Iglesias dejó bien clara su oposición frontal al colonialismo y al militarismo:

“Para nosotros no hay guerra legítima, si acaso una defensa de la independencia, porque lo mismo que el individuo defiende su dignidad y su independencia, los pueblos deben defender la suya […] Nosotros no vemos ni motivo ni derecho para ir a conquistar el Rif, y desde este punto de vista nos opusimos a la guerra por estas razones que acabo de exponer”.

La oposición de los socialistas a la aventura rifeña era pues, nítida.

El gran desastre español en África, sin embargo, fue Annual, entre julio y agosto de 1921, con la muerte de más de 10.000 soldados. Annual fue la consecuencia directa de la estrecha alianza económica y política entre la Compañía Española de Minas del Rif, los elementos más destacados del régimen monárquico incluido el propio rey, Alfonso XIII, y los altos mandos del ejército. El despliegue imperialista en el norte de Marruecos ꟷmal planificado, mal dirigido y mal ejecutadoꟷ excedía con mucho las posibilidades del país, y sus consecuencias volvían a recaer, una vez más, sobre las baqueteadas espaldas de las clases trabajadoras y populares, significativamente de los campesinos pobres, mientras los responsables políticos y militares intentaban escurrir el bulto y acusaban a quienes denunciaban aquella vergüenza de “desmoralizar a la tropa” y de difundir la “falacia” de que solo los pobres eran llevados a la guerra.

Por aquel entonces, la minoría socialista en el Congreso de los Diputados estaba liderada por Indalecio Prieto y Julián Besteiro. Desde esa tribuna ambos reclamaron con insistencia el abandono del litoral marroquí, pues estaba demostrado que España era incapaz de mantenerse allí, tal y como había quedado demostrado en Annual. Tras el Desastre de Annual, los dos líderes socialistas y otros oradores del partido apuntaron directamente a la figura del rey como máximo responsable, sin dejar de lado las responsabilidades militares y políticas derivadas de lo ocurrido.

Indalecio Prieto, criticó en sus discursos la errónea actuación en Marruecos de las élites políticas y militares españolas. Después del Desastre viajó a Melilla recogiendo información de primera mano. En su discurso en el Congreso de los Diputados del 27 de octubre de 1921, fustigó con dureza la idea de que el litoral africano fuese indispensable para la defensa nacional. Afirmó, en cambio, que España nunca sería capaz de controlar aquella tierra indómita, que “la nación entera es opuesta a la conquista de Marruecos” y que el supuesto negocio para el país que comportaría su explotación era una pura quimera. En febrero de 1922, Prieto volvió a pedir el abandono de Marruecos, señalando su “profunda convicción de que tamaña empresa (la colonización del Rif) está fuera de la órbita que su capacidad y sus recursos trazaron a España”.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).