Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La violencia de las guerras carlistas vista por Concepción Arenal


La pionera del feminismo español Concepción Arenal Ponte publicó en la ciudad de Ávila (1880) una obra personal describiendo la violencia que había conocido en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). El texto tuvo otra edición en tierras argentinas (1942) y hoy se puede leer en una edición actualizada (Cuadros de la Guerra Carlista, Renacimiento, Sevilla, 2005, 158 páginas), además de las recopilaciones de su obra.

La vida de Concepción transcurrió entre 1820 y 1893. Se trataba de una gallega que se había trasladado a Madrid para estudiar en la universidad. Era una mujer fuerte con estudios en derecho. Autora de textos periodísticos, poéticos y una narrativa ligada al realismo literario. Defensora de la labor social de la Iglesia en el siglo XIX esta gallega no tuvo pelos en la lengua al denunciar la mala vida de los presos en las prisiones españolas, la situación miserable de los hospitales, la abundante mendicidad, el trato discriminatorio social a la mujer o la violencia de la guerra.

La violencia en las guerras civiles implica la negación de la realidad por el aparato propagandístico de cada bando. Esta autora era muy crítica con la guerra. Observó que esconderse para matar a lo bestia era definido como “parapetarse y hacer trincheras”, talar árboles y destruir las cosechas era “privar de recursos al enemigo”, apresarlo traicioneramente de improviso era “tomarlo por sorpresa”, matar a los enemigos por la espalda cuando huyen se denominaba “perseguir a los fugitivos” y asesinar ancianos, mujeres y niños se contaba como “bombardear una plaza”.

En diferentes capítulos describe 24 episodios que vivió, o escuchó, para denunciar la violencia de hombres “dementes”. No señala un bando porque la muerte vino desde las dos partes. Si su dedo dirige una acusación es a la propia humanidad que llenaba sepulcros abiertos de manera prematura aquí y allá. Para ella mirar a un enemigo herido como a un hermano era un sentimiento hermoso, pero no todos estaban preparados para ello.

Los cuadros de horribles tragedias que describe Arenal censuran nombres y lugares como estilo para dejar en el anonimato los episodios de violencia que refleja su texto. Contó como nadie el sufrimiento de las familias con el ejemplo de la muerte de un hermano gemelo o la tristeza de aquel niño que aprendió a llamar a su padre sin haberlo conocido. Se marchó a la guerra para enviar cartas que acabaron siendo aprendidas de memoria por su viuda. El niño nunca conoció a su padre.

La pérdida de la dignidad humana se observó en un día de difuntos en el que una chica de 19 años era llevada en cortejo fúnebre a un cementerio. Unos hombres desesperados lo asaltaron llevándose la mula y el carro arrojando contra el suelo la caja mortuoria. Allí quedaba desconsolado su cadáver y el cortejo. No respetaron ni a los muertos.

A la importante ausencia del padre de familia en las casas se sumaba la llegada de una columna militar que como una nube de langostas de otro tiempo dejaba aquella hacienda vacía de víveres con los que sobrevivir. El hambre está presente en todas las guerras. Los soldados, a su vez, morían de diferentes maneras. La más triste era de forma solitaria por un camino. Su cadáver se encontraba al día siguiente o a las pocas jornadas. Partieron en caminos de hierro y luego en los carreteros hacia sus casas, pero no fueron capaces de llegar por estar al límite de sus fuerzas. Otros caían de la misma manera en el propio campamento. Las familias lloraban ante la ausencia del soldado que no volvía al hogar. Un día una carta llena de amargura hacía oficial la muerte del ser querido. La guerra separaba las familias y no se volvían a ver.

El trato de la muerte en el romanticismo del siglo XIX es arrasado ante el realismo literario de Concepción Arenal. Describe con pelos y señales la tragedia de una madre muerta y como la noche en vela su habitación es ocupada por tropas para guarecerse del clima. A este dolor se sumaba el del hermano muerto en batalla. La gallega retrataba como un militar que conducía municiones para su bando lloraba porque pensaba que con aquellas balas iba a morir su padre que estaba en el otro lado. Dos hermanos se reconocieron en las trincheras, uno a cada lado, y les ordenaron seguir disparando. Apuntaban alto para no matarse. La realidad social era que los soldados no volvían a casa.

Entre las diversas fórmulas de violencia que contempló aquella guerra civil estaba el sufrimiento de una madre. Al saber que su hijo estaba herido se trasladó para verlo, pero no llegó a tiempo nada más que para abrazar su cadáver. Las familias sufrieron mucho cuando algún menor escapaba para alistarse sin permiso y los ejércitos los utilizaron como carne de cañón. La autora narra un episodio por el cual tras un bombardeo a una pequeña ciudad la única víctima fue un bebé en su cuna. Una gran operación militar, sin duda, tanto como la marcha de los soldados que extenuados y sin agua terminarían sus vidas por la mala gestión en la organización militar. Parece que los que iban a caballo se cansaban mucho menos que la tropa obligada a morir del esfuerzo.

Al final de su vida esta escritora sondeaba la posibilidad de que las mujeres ocuparan sillones de las academias científicas con la consiguiente polémica. Mientras sus amigos Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate se preocupaban por la publicación de sus obras completas. Concepción ocupó su fosa en el frío febrero de 1893. En 1912 desde la necrópolis de Picacho, que miraba al mar, se trasladaron sus restos al cementerio de Pereiró (Vigo) donde descansan. El mismo lugar en cuyas tapias fueron fusilados 8 personas en 1936 condenados a muerte por el bando sublevado de nuestra última guerra civil. Cuentan algunas ancianas del lugar que debió removerse en su tumba a cada disparo.

Bibliografía básica de Concepción Arenal:

- La beneficencia, la filantropía y la caridad, Imprenta del Colegio de Sordomudos y Ciegos, 1861.

- Estudios penitenciarios, Madrid, Imprenta T. Fortanet, 1877.

- La cárcel llamada Modelo, Madrid, Imprenta T. Fortanet, 1877.

- Las colonias penales de la Australia y la pena de deportación, Madrid, Imprenta E. Martínez, 1877.

- La instrucción del pueblo, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1881.

- “La educación de la mujer”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, T. XVI, 1892, pp. 305-312.

Juan de Á. Gijón Granados es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja en la enseñanza secundaria desde hace más de 20 años en la Comunidad de Madrid. Profesor Visitante (2006) en el Instituto de Historia (CSIC). Ha colaborado con la editorial Oxford en la elaboración de libros para profesores y alumnos. Entre sus temas de investigación están las Órdenes Militares, la arquitectura militar o la represión de los dos bandos en la Guerra Civil, entre otros. www.juangijon.com