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La fotografía del miliciano del “Taller Fotográfico Robert Capa”


Casa de Madrid fotografiada tras los bombardeos franquistas. Robert Capa. Casa de Madrid fotografiada tras los bombardeos franquistas. Robert Capa.

La propaganda utilizada durante la Guerra Civil española ha llegado hasta nuestros días de muy diferentes maneras. Del caso del miliciano del cerro Muriano sabemos dos cosas ciertas. Ni recibía un balazo en su pose fantástica ni se realizó donde se afirmaba. Tampoco sabemos a ciencia cierta quien disparaba la cámara porque bajo la designación de “Taller Fotográfico Robert Capa” trabajaban dos fotógrafos, el húngaro André Ernö Friedmann (Robert Capa) y la alemana Gerta Pohorille (Gerda Taro).

En Alemania los judíos de los años 30 fueron perseguidos por el fascismo que se aupaba al poder bajo banderas nazis. Una alemana de origen judío huyó hasta París por el ambiente asfixiante que comenzaba a crearse. La misma situación había llevado a un húngaro de origen judío a buscar en el exilio parisino su libertad en 1930. Justo después de ser herido en una manifestación antifascista en Hungría buscó una salida hacia Alemania para definitivamente acabar en Francia. En la ciudad de la luz, paseando por el Sena, una alemana y un húngaro se enamoraron. En 1935 decidieron crear el estudio de un “famoso fotógrafo norteamericano” con el nombre de “Robert Capa”. Esta maniobra también provocó la creación de su versión femenina como “Gerda Taro” buscándose la vida para salir adelante. Con esta campaña ingeniosa buscaban sobrevivir entre la bohemia de París en la Francia de entreguerras.

En París el fotógrafo David Seymour ofreció al joven húngaro un trabajo como fotógrafo de la revista “Regards” para terminar retratando a un ya exiliado Trotsky en Dinamarca. En 1936 surgió la oportunidad a la pareja de venir a la Guerra de España enviados por el periódico parisino “Le Soir”, lo que nos ha dejado dos fotografías de carné como fotoperiodistas. Los reporteros de guerra comenzaron a trabajar y acabaron enviando a la famosa revista norteamericana “Life” la foto del miliciano por la que “Capa” fue reconocido a nivel internacional. Convirtió al miliciano en un icono de la Guerra Civil española. Retrató el momento exacto en que un miliciano moría ante una bala fascista en la defensa de la democracia. Aunque no era una muerte real. Corría septiembre de 1936 y los reporteros se habían movido desde el principio de la guerra por todos los frentes calientes.

Se trata de una obra de arte. La genial fotografía retrata la actividad de retaguardia en la lucha diaria de unos milicianos que en el Cerro del Alcaparral cerca de Espejo (Córdoba) esperaban la llegada del enemigo. Ubicación hecha por Fernando Penco que señala que eran milicias dirigidas por el oficial Rafael Medina, Presidente del Consejo de Guerra de Espejo, en la campiña cordobesa. Entre gachas y migas esperaban el enfrentamiento militar con la visita de los fotógrafos. Después resistieron tres días frente a las fuerzas rebeldes. La única manera de conocer quien realizó las fotografías sería el testimonio oral de alguno de aquellos protagonistas o sus descendientes. No debió pasar desapercibido el hecho de que una mujer realizara las fotografías, o que las hicieran entre los dos. No lo sabemos. Lo que conocemos es que muchas fotografías atribuidas al húngaro han sido posteriormente señaladas como de autoría de la alemana.

El arrojado chapurreo en castellano de un húngaro y la capacidad de seducción de una menuda y bella mujer debieron convencer a los paisanos para que posasen como si les disparasen en el frente, sobre todo porque sabemos que llegaron de la mano del mandamás de aquel grupo. Todos se dispusieron a darles gusto a aquellos fotógrafos tan simpáticos y tan extranjeros. La verdad es que la pose de casi todos es lamentable (son fotografías malísimas). No sabían tirarse vencidos por una hipotética bala. Sin embargo, el hombre de los tirantes militares ha pasado a la historia como un magnífico actor. Tanto que parecía de verdad. Lo habían matado en directo y el reporter había captado el momento adelantándose al miliciano en el frente. La tragedia de la Guerra Civil española fue recogida en un instante convertida en un icono mundial en la lucha por la libertad.

Al final de la serie de fotografías se hizo una de todos los actores como si hubieran vencido en la batalla. Celebraban la victoria de la propaganda que también era un frente importante. Allí estaban todos contentos por la jornada tranquila que aquel día tuvieron con una visita tan agradable que repartía cigarrillos. El miliciano de correaje resucitado aparece contento por su actuación. Como si Goya hubiera resucitado a su arcabuceado de la camisa blanca del 3 de mayo de 1808. De forma discreta, en segundo plano, aparece quien mandaba aquel grupo con gorra de plato.

Los montajes de las fotografías eran algo habitual durante la guerra. Tenemos fotografías de gallardas mujeres que sujetan un fusil de aquella manera, despedidas de soldados a caballo ante su esposa e hijo bien colocados en la composición, un grupo de soldados con los fusiles dispuestos todos a la vez y sonriendo, etc. La foto de “Robert Capa” de la casa de Peironcely 10 en Madrid parece que también tiene una colocación previa de las niñas en primer plano junto a la casa devastada por la guerra. No se entiende de otra manera que una niña esté en la puerta de una vivienda inhabitable por los bombardeos franquistas. La “maleta mexicana” encontrada en 2008 con negativos de “Robert Capa” ofreció luz sobre sus actividades durante la guerra española. La belleza del mercado provocó esta fotografía que consagró definitivamente el taller fotográfico creado para salir de la miseria de dos exiliados.

Estos pícaros reporteros, emprendedores de aquella época, terminaron ambos de la misma trágica manera. Ella, aplastada a sus 26 años por un tanque en el descontrol del repliegue en la Batalla de Brunete (1937), murió desangrada en El Escorial y él pisando una mina en Vietnam (1954). Arriesgado oficio en ocasiones. Aunque con aquellos milicianos de 1936 con los que jugaron a la guerra de la propaganda las únicas balas que había aquel día estaban en sus cartucheras. Después llegaría la guerra de verdad y acabada la contienda la dura represión franquista. El oficial que dirigía aquella tropa murió fusilado en 1939. De aquella otra muerte real no tenemos fotografía.

 

Juan de Á. Gijón Granados es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja en la enseñanza secundaria desde hace más de 20 años en la Comunidad de Madrid. Profesor Visitante (2006) en el Instituto de Historia (CSIC). Ha colaborado con la editorial Oxford en la elaboración de libros para profesores y alumnos. Entre sus temas de investigación están las Órdenes Militares, la arquitectura militar o la represión de los dos bandos en la Guerra Civil, entre otros. www.juangijon.com