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EL PERIÓDICO
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William Lovett (1800 - 1877)


Reflexiones un tanto circulares sobre un activista, sindicalista y cartista

Poder significa probabilidad de imponer la propia voluntad

en una relación social, incluso contra toda resistencia y

cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.

Max Weber

Miramos a nuestro alrededor y lo que vemos, frecuentemente, nos deprime. Por eso, cuando oímos repetir con insistencia, que cualquier tiempo pasado fue mejor, se hace inevitable pensar que lisa y llanamente nos están mintiendo. No hay ningún pasado idílico que añorar. Es más, todo avance se ha hecho con enormes sacrificios y, la Historia a veces experimenta significativos retrocesos, arrumbando y desmoronando las conquistas sociales que ha costado tanto esfuerzo lograr. Hemos de reconocer, humildemente, que somos eslabones de una cadena y asumir –porque parece que lo hemos olvidado- de dónde venimos.

Hoy, he elegido dedicar este ensayo a William Lovett, fundador de la Asociación de Trabajadores de Londres y Cartista moderado, porque creo que es una de esas figuras, casi anónimas, que sin embargo dan pie a analizar y repensar ciertas lecciones históricas que no deberíamos olvidar, por ejemplo, que cuanta más pedagogía social hagamos, más fuertes e influyentes seremos.

Comenzaré por poner de relieve que, durante mucho tiempo la expresión ‘la unión hace la fuerza’ fue creída y practicada por cientos de miles de obreros. Los Sindicatos Británicos, las Trade Unions, consiguieron muchos derechos y mejoras para los trabajadores, bastó sin embargo, el ‘hacha’ de Margaret Thatcher y sus políticas de demolición controlada, salvajemente neoliberales y moralmente insanas, para echar por tierra las mejoras laborales y sociales que se habían obtenido.

Estamos saliendo de una pandemia y ojalá que la experiencia vivida, no haya sido baldía. Viendo lo que se ve, tampoco es una invitación al optimismo. Causa cierta desazón contrastar determinados discursos, con los hechos de quienes los emiten. El comportamiento de amplios sectores de la población es, manifiestamente, infantilizado e irresponsablemente consumista. Da la impresión de que el pensamiento ilusorio ha calado profundamente.

Me causa un malestar casi físico que se llegue a decir impunemente, que verdad es todo aquello que se puede defender con éxito. Las imágenes prevalecen sobre la realidad y parece que lo único que importa son las visitas que tienen los videos manifiestamente triviales, que son muestra de despreocupación y estupidez.

La confianza en el pensamiento y en la palabra prosigue deslizándose por la pendiente peligrosa que conduce a la nada. En tanto que, ‘aquí y allá’, leemos y escuchamos desfasadas recetas ultraliberales, proclamas de mesianismo y actuaciones propias de populismos poco apegados a la realidad… y, quizás por eso mismo, peligrosos.

Ken Loach, muestra en sus films los duros golpes a los más débiles, sin el menor atisbo de piedad. Puso de relieve con lucidez, como el liberalismo más descarnado noqueó y hundió las expectativas de la clase obrera británica. Hasta tal punto esto es así, que muchos ya los contemplan como un documento histórico.

Vivimos tiempos de una enorme histeria colectiva… donde la razón, cada día, pierde peso y lo ganan planteamientos irracionales, con la perniciosa carga que llevan consigo. Tal vez por eso, la búsqueda de soluciones cooperativas y negociadas… despierta reticencias y los pactos sociales o no se ven necesarios o se desprecian, en nombre de los prejuicios ancestrales de la tribu. Da la impresión de que de nuevo estamos perdiendo el tranvía de la historia.

¿Por qué nos puede ser útil analizar aspectos de la vida y de los objetivos de William Lovett? Empezaré por señalar que era un hombre sencillo, un autodidacta, un trabajador que, sin embargo, tenía muy claro que los derechos se obtienen a través de la presión y de la agitación no violenta.

Partir de supuestos como este, ahora y entonces, tenía riesgos. Fue condenado a un año de prisión por un delito que, quizás les suene, difamación sediciosa. Con posterioridad, dedicó sus mejores esfuerzos a poner en marcha programas educativos ‘cartistas’, especialmente dedicados a adultos.

Nació en Cornualles e inició su andadura a la par que el siglo. Era ebanista. Estaba influenciado por las ideas del socialista utópico Robert Owen. Reformistas, como eran sus planteamientos, rechazaba la violencia, aunque fue extremadamente exigente consigo mismo y tozudo en sus demandas emancipadoras.

Apostó decididamente, por las reformas parlamentarias que pretendían corregir y limitar las desigualdades existentes. En este aspecto, sus planteamientos, eran abiertamente cartistas. Tuvo otras inquietudes. Dedicó años a mejorar la educación de los más desfavorecidos y vulnerables. Abrió una librería en Tottenham Court Road, que lejos de proporcionarle estabilidad o seguridad económica, le trajo quebraderos de cabeza… mas, convencido como estaba, que la lectura, la educación y la cultura son herramientas imprescindibles para mejorar la condición social, la mantuvo abierta hasta el final. En esos años concluyó su autobiografía, que lleva el expresivo título “La vida y las luchas de William Lovett” (1877), The Fitzroy Edition.

Creo que no existe traducción al castellano, sin embargo, es asequible en librerías de viejo. Está encabezado por un prefacio del historiador y crítico social Richard Henry Tawney, cuyas ideas estaban comprometidas con la educación de adultos, en una época temprana. El paso del tiempo suele arrinconar libros como este, precursor y combativo. Se trata, sin embargo, de un documento histórico, de no poco valor, para conocer los cimientos y los primeros pasos de la educación de adultos en el Reino Unido.

Lovett fue defensor y abanderado de ideas reformistas, que jalonan un trecho de las acciones reivindicativas de la clase obrera británica. Su estrecho contacto con el cartismo lo convenció muy pronto de que los intereses sindicales no podían desligarse de los derechos políticos. Así defendió el sufragio universal y las votaciones secretas.

Hemos comentado con anterioridad que fue encarcelado, bajo la acusación de haber proferido calumnias sediciosas, ¿cuáles fueron las palabras exactas que pronunció en su conocida alocución de Birmingham? No me resisto a reproducirlas. Expuso que “la policía era una fuerza sedienta de sangre e inconstitucional”

Basta ojear documentos de aquella época (periódicos, revistas, manuales…) para poder afirmar con fundamento, que si de algo pecó, fue de quedarse corto. La brutalidad policial y la extrema dureza con que se disolvían las concentraciones, frecuentemente se saldaban con docenas de heridos… e incluso ‘algún que otro muerto’.

Me ha parecido oportuno sacar del olvido y comentar algunas ideas y realizaciones de este activista, reformista y sindicalista. Sin embargo, no me voy a detener aquí sino que, contando con la benevolencia de los lectores, proyectaré algunas dudas e ideas sobre lo que está sucediendo en este presente incierto donde, a título de ejemplo, se realizan comentarios sobre la libertad, desprovistos de todo sentido. Muestran paladinamente, por el contrario, un analfabetismo funcional ostensible.

Michel Foucault a quien es aconsejable seguir leyendo, nos dejó dicho hace ya unos años, que “No corresponde nunca a la estructura de las cosas garantizar el ejercicio de la libertad. La garantía de la libertad es la libertad”

Vivimos un momento histórico en el que es más necesario que nunca el coraje cívico para conjurar el peligro de traicionarnos a nosotros mismos.

Si tuviera más tiempo, haría una breve pero oportuna disquisición, sobre la diferencia entre “patriota y patriotero”, opinando, a vuela pluma, que los patrioteros se caracterizan por menospreciar, minusvalorar e insultar a quienes se apartan de su concepto dogmático de la ortodoxia. Suelen dirigir sus dardos venenosos, con harta frecuencia, hacia lo que llaman la izquierda radical y los sindicatos de clase.

Hace tiempo, se invitaba al lector a diferenciar ‘la opinión pública, de la opinión publicada’. Hoy ya no se habla de eso. Cada día es más apreciable, en ciertos medios de comunicación, la manipulación que se ejerce utilizando a la opinión pública como excusa y munición para alienar y soliviantar. En realidad, no tienen otra pretensión que restringir más y más las libertades.

La figura de William Lovett va a servirnos de base para hacernos algunas preguntas e intentar responderlas. ¿Cómo nacieron los sindicatos y por qué? Como un mecanismo para la defensa de los intereses colectivos, para combatir la explotación y para conseguir mejoras salariales y de salud laboral… promoviendo además, el derecho a la educación y la cultura.

Se hace cada día más preciso percibir el vínculo dialéctico que atraviesa el tiempo y que va del pasado al presente… del presente al pasado.

¿Para qué ha servido y sigue sirviendo la acción sindical? Para conseguir mejoras colectivas o para enmendar injusticias y normas que perjudican seriamente a los asalariados. Me voy a limitar a un solo ejemplo. Los convenios de sector son un instrumento para proteger derechos conquistados, en tanto que los convenios de empresa son causa objetiva de pérdida de derechos, incluso salariales. Por cuestiones como esta hay que decir, alto y claro, que la contrarreforma laboral del Partido Popular debe ser seriamente corregida o mejor aún, derogada.

Los sindicatos, legítimamente y dentro del ordenamiento constitucional y jurídico vigente han de seguir ejerciendo presiones para… negociar mejoras y para lograr respuestas satisfactorias a sus expectativas, reclamaciones y demandas.

De cuando en cuando, es conveniente echar la vista atrás para disponer de una visión retrospectiva. Se apreciará entonces que como fruto de la lucha reivindicativa, se han consagrado derechos que han servido para mejorar las condiciones de vida. Mas, no basta con mirar al pasado, hay que hacer frente a inaplazables compromisos con el presente. Las ideas feministas y las reivindicaciones en pro de la igualdad deben llegar lo antes posible a la legislación laboral. Por otra parte, la situación del Planeta exige apostar por cambios profundos energéticos y por conseguir que ganen espacio las ideas vinculadas a la economía circular.

Los trabajadores, en el siglo XIX y en el XX, se dejaron la piel en pro de derechos y libertades. En el siglo XXI, hemos de recuperar el impulso reivindicativo para exigir nuevas demandas en pro de la igualdad, que una sociedad compleja exige de nosotros y, de paso, hacer frente a la irracionalidad provocadora de los partidarios de ideologías totalitarias, que no se conforman con armar ruido sino que tienen planificada una notable involución. No concibo mayor torpeza que los ataques indiscriminados a los sindicatos de clase o en nombre de un individualismo, feroz y reaccionario, proclamar que la afiliación sindical es propia del pasado. Este tipo de actuaciones, bien orquestadas, pretenden fundamentalmente desmovilizar a los trabajadores e instaurar el pesimismo en el presente.

William Lovett y quienes le acompañaron en su lucha, cumplieron con su misión histórica. Las consecuencias de una crisis económica profunda y la presión sobre los más vulnerables… pusieron en marcha acciones reivindicativas para mejorar sus condiciones laborales, de salud y seguridad en el trabajo.

Hemos dicho, con claridad, que la lucha fue difícil y que cada derecho y cada libertad hubo que ganarla con mucho esfuerzo. Pongamos que las primeras acciones sindicales, apoyaron la abolición de la esclavitud. Hoy día hay nuevas formas de esclavitud, hirientes y lacerantes, vinculadas muchas ellas al trato a los inmigrantes, frente a las que es moral y democrático oponerse abierta y solidariamente.

Sigamos tomando como ejemplo a Lovett. La izquierda política y sindical ha de hacerse visible y tener presencia en la calle. Los sindicatos, a mi entender, han de actuar con firmeza, como un colectivo organizado que ha de estar presente e influir en la toma de decisiones. Nos encontraremos a nosotros mismos si aprendemos a descifrar en el pasado algunas claves que nos permitan explorar nueva rutas… aunque quizás no sean tan nuevas, solo que las hemos abandonado hace demasiado tiempo.

Estas reflexiones van tocando a su fin. La globalización no ha tenido los aspectos positivos que nos anunciaron a ‘bombo y platillo’. ‘A sensu contrario’, ha incrementado las desigualdades, conduciendo a la pobreza a cientos de miles de personas y abriendo brechas sociales que es preciso combatir con prontitud y eficacia.

William Lovett, como tantos luchadores y agitadores del momento histórico que le tocó vivir, defendía un internacionalismo nítido. Aquí y ahora, es inexcusable un fortalecimiento y un incremento de la presencia social de la CES (Confederación Europea de Sindicatos) y de la CIS (Confederación Sindical Internacional), poniendo en valor su fuerza potencial, ya que cuenta con más de ciento setenta millones de afiliados.

Hasta aquí, he expuesto algunas de las ideas que nos han transmitido los defensores del sindicalismo y del internacionalismo político y sindical en el pasado.

Debemos conocer la Historia para extraer de ella la fuerza necesaria para poner en marcha acciones solidarias que mejoren la justicia, luchen contra las discriminaciones… y nos permita hacer frente a las demandas –algunas inexcusables e inmediatas- en estos momentos cargados de incertidumbre… pero, también de posibilidades.

Más temprano que tarde, hemos de entregarnos conscientemente a la tarea. Se lo debemos a quienes nos han precedido en la lucha por mejorar las condiciones sociales y laborales y conseguir una democracia social y participativa…. Se lo debemos, también, a las generaciones que aún no han nacido y a las que sería infame condenar a un futuro peor que el presente y a carecer de algo tan importante y movilizador como la esperanza histórica.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.