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Ramón Estalella: Acción humanitaria de un diplomático en la Guerra Civil y posguerra


Ramón Estalella y Pujolá / Foto estalella.org Ramón Estalella y Pujolá / Foto estalella.org

Ramón Estalella y Pujolá (1893-1986) fue uno de los diplomáticos que, ante el drama cainita de la Guerra Civil española y la inmediata posguerra, decidió apoyar todo tipo de actuaciones que pudieran salvar vidas. Doctor en Derecho, compatibilizó sus estudios con la vida bohemia e intelectual madrileña, durante el reinado de Alfonso XIII, formándose como pintor en los estudios de los pintores Eduardo Chicharro y de José María López Mezquita, siendo tertuliano de la Cripta de Pombo. Ingresó en el Cuerpo Diplomático de Cuba, viajando a La Habana en 1924 para revalidar su título de doctor en Derecho Público, donde expuso individualmente, por primera vez, una serie de pinturas al año siguiente. Destinado a la Legación de Cuba en España, contrajo matrimonio con Ana Manso de Zúñiga y Montesino en 1929.

Bajo el régimen republicano, Estalella continuó alternando el mundo diplomático con el artístico, ascendiendo de canciller a secretario de tercera clase y, más tarde, de segunda, conforme se afianzaba la sede diplomática. Al estallar la Guerra Civil, junto a sus inmediatos superiores, Manuel Serafin Pichardo, y José María Chacón, decidieron proteger en la Embajada de Cuba y anexos a cientos de españoles, amenazados por la represión desatada en la España republicana, al igual que la mayor parte de las representaciones diplomáticas y consulares extranjeras. Fue lo que se conoció como el fenómeno del asilo a una escala no conocida hasta el momento y que afectó no sólo a partidarios de la España nacional sino también de la republicana. Por ejemplo, cuando las tropas franquistas se acercaron a Madrid, el cónsul de Chile Neftalí Reyes -es decir, Pablo Neruda- repartió brazaletes y documentos con el sello de su Embajada para proteger a izquierdistas. Algunas Legaciones, creyendo que los soldados entrarían en la capital, se prepararon para sacar a los asilados de derechas y asilar a nuevos de izquierdas. Pero, ante la resistencia de Madrid en el invierno de 1936, se tuvo que pasar a otra fase: la evacuación de sus refugiados hacia el extranjero.

El 26 de marzo de 1937, Estalella fue nombrado encargado de negocios ad interim, con la responsabilidad de proteger y alimentar a más de 500 asilados, repartidos en varios lugares. Durante ese año organizó la evacuación –vía Levante y Marsella- de las mujeres, niños y hombres mayores de 45 años en expediciones colectivas o en pequeños grupos. Como las autoridades republicanas se negaron a facilitar la salida de los hombres en edad militar, Estalella decidió organizar un canje de sus refugiados por prisioneros republicanos de la España franquista. A lo largo de 1938 realizó intensas negociaciones con las autoridades de los dos gobiernos en guerra, recibiendo ayuda de la Cruz Roja y las diplomacias francesa y británica, logrando definitivamente el único canje masivo del conflicto español y se intercambiaron 150 asilados por 150 prisioneros republicanos el 22 de noviembre de ese año.

El éxito de la operación hizo que el diplomático cubano recibiera más propuestas de canje de ambos contendientes. Al final de la guerra, Estalella aceptó refugiar a un grupo de republicanos en los edificios protegidos por la bandera de Cuba, logrando la evacuación legal de algunos y la clandestina de otros, en su propio coche, trasladándoles hasta la frontera portuguesa, entre 1939 y 1940. Negoció el reconocimiento cubano del régimen franquista a cambio de ciertas concesiones económicas y la libertad de brigadistas cubanos, encarcelados en el campo de prisioneros de San Pedro de Cardeña. Al negarse México a reconocer a las nuevas autoridades españolas, recayó en la Embajada de Cuba, y en su encargado de negocios, la tramitación de los asuntos referidos a este país y la defensa de las propiedades de los españoles exiliados, acogidos por el presidente Cárdenas.

Estalella continuó su labor en España y en Chile, siendo expulsado en dos ocasiones del Cuerpo Diplomático: una por el presidente Batista y, definitivamente, por Fidel Castro. A partir de 1960, sin la pensión por lo que había cotizado tantos años, se concentró en su carrera artística, logrando importantes éxitos de crítica, mientras el Gobierno español le concedía la nacionalidad de la tierra cuyas gentes había protegido sin distinción de ideologías políticas. El periodista Luis María Anson le sugirió que escribiera sus memorias o su labor durante la guerra civil y las presentara a la editorial Planeta pero Ramón Estalella, con su tradicional prudencia y modestia, no creyó que su humanitaria actuación tuviera importancia.

A. M. MORAL RONCAL, Cuba ante la Guerra Civil Española. La acción diplomática de Ramón Estalella, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003.

VARIOS AUTORES, Catálogo de la Exposición Ramón Estalella y su tiempo, Madrid, Centro Cultural del Conde Duque, 1992.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.