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La lucha de la Sociedad de Naciones contra la droga


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En un anterior artículo estudiamos el trabajo sanitario que la sección de higiene de la Sociedad de Naciones desarrolló, al menos, hasta finales de los años veinte, gracias al testimonio de uno de sus protagonistas, el doctor Pittaluga. Entre las cuestiones que abordó en la conferencia que impartió en la primavera de 1929 en la Casa del Pueblo aludió a la lucha contra el opio. Pues bien, ahora queremos profundizar un poco más en la historia del combate contra la droga de la Sociedad de Naciones, en sus inicios, tomando como principal fuente un largo artículo firmado por el doctor C. Milla, y publicado en mayo de 1924 en El Socialista.

Dentro de la preocupación por la salud mundial la Sociedad de Naciones se centró en la evidencia del abuso de narcóticos, especialmente de la morfina y la cocaína. En realidad, la primera vez que estas cuestiones se abordaron internacionalmente fue en la Comisión Internacional del Opio, reunida en Shanghái en el año 1909, que redactó el primer documento de derecho internacional sobre las drogas, la Convención Internacional del Opio, que se firmó en La Haya en 1912. En todo caso, parece ser que no entró en vigor hasta el año 1921 después de la Gran Guerra.

A principios de los años veinte la producción de morfina estaba muy desarrollada tanto en Europa como en América, y se estaba introduciendo en muchos más países donde antes no se consumía. El comercio ilícito estaba adquiriendo proporciones alarmantes.

Como sabemos, la Sociedad de Naciones contaba con una Comisión permanente del opio, que se encargaba de la cuestión de los narcóticos, y estaba compuesta por representantes donde el problema era mayor: Francia, Reino Unido, Holanda, Japón, Portugal y Siam. Por su parte, Estados Unidos no pertenecía a la Sociedad de Naciones, pero como era una potencia que dedicaba ya muchos recursos a la lucha contra el narcotráfico, la Sociedad de Naciones intentaba que enviase un representante al organismo.

La Comisión había llegado a la conclusión de que para atajar el problema había que tomar dos medidas. En primer lugar, era necesaria una vigilancia efectiva de las importaciones y de las exportaciones, pero también de la limitación de la producción de la morfina para usos medicinales. La Comisión recomendaba el certificado de importación impuesto por los Gobiernos, gracias al cual el importador debía ser persona de reconocida solvencia y garantía para desarrollar este comercio. El certificado debía establecer que las drogas con las que se comerciaba eran para un uso lícito.

Ese sistema comenzó a ponerse en marcha el primero de enero de 1923. La Comisión estaba intentando convencer a los Gobiernos para que negasen licencias de importación de narcóticos que procediesen de países que no hubieran ratificado el Convenio, y que no hubiesen adoptado el sistema de registro de las importaciones y exportaciones que había marcado la Comisión.

Para reducir la producción de narcóticos parecía necesario conocer previamente las necesidades del consumo legítimo. En este sentido, el Comité de Higiene de la Sociedad de Naciones estaba llevando a cabo, en colaboración con la Comisión, una investigación acerca de las cantidades de morfina, cocaína y heroína que de forma regular se empleaban para usos medicinales en Europa. Además, se había invitado a los Gobiernos para que remitiesen estimaciones sobre sus necesidades en este sentido. Por fin, los Estados firmantes del Convenio de La Haya debían enviar un informe anual donde se declarase el nombre de todos los poseedores de fábricas de morfina y cocaína, así como de la producción anual.

El problema, como reconocía el doctor Milla, era el de siempre, el grado de colaboración de los Estados.

Hemos consultado el número 4769 de El Socialista, de 21 de mayo de 1924. También hemos trabajado con la página web de las Naciones Unidas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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