Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La comuna de París (1871) como utopía (II)


  • Escrito por Felipe Aguado Hernández
  • Publicado en Historalia

SEGUNDA PARTE: LA CAÍDA. LA UTOPÍA

El 22 de mayo inicia el Gobierno de Versalles el asalto definitivo de París. Duró hasta el 28 de mayo, la llamada Semana Sangrienta por los cientos de muertos y heridos, la inmensa mayoría comuneros, amén de los miles de fusilados por las fuerzas gubernamentales en el momento y en días posteriores. Los parisinos han construido barricadas, defendidas por el pueblo, incluidas las mujeres; alguna de esas barricadas fue defendida exclusivamente por mujeres (la de la Plaza Blanche). Los comuneros defienden París calle por calle, casa por casa. Dólleans escribe (1967, 348): He aquí a Varlin, Varlin que es el ídolo de los barrios, y ante quien todo callaba al entrar; helo allí en la encrucijada de la Croix-Touge, a Malon y Jaclard en las Batignoles, a La Cecilia en Montmartre, a Wroblewski, que rechaza cuatro veces a los versalleses, en la Butte-aux-Cailles, oponiendo al asalto a París una resistencia desesperada. El 24 La Comuna llama “a todo el mundo a las barricadas”. París no lucha, se deshace. Un supremo esfuerzo: Varlin, Léo Frankel, Brunel, Delescluze, organizan barricadas en la Bastilla, en el boulevard Voltaire, en el faubourg del Temple.

Técnicos militares consideran que la toma de París pudo haberse efectuado prácticamente en un día, dada la inmensa superioridad militar del gobierno que, a sus propias tropas, había unido decenas de miles de prisioneros franceses capturados en las batallas del año anterior, liberados por Prusia a efectos de destruir La Comuna. El internacionalismo del capitalismo funcionó aquí por encima o en paralelo de los intereses de las burguesías nacionales. Thiers quiso alargar los combates para, como dijimos antes, masacrar sin piedad a los comuneros y destruir las ideas socialistas de la Comuna hasta las raíces y poder decir: El socialismo se acabó por mucho tiempo. Telegrafió a los prefectos: El suelo está cubierto de sus cadáveres, este espectáculo horroroso servirá de lección (Dólleans, 349). El ejército tuvo 600 muertos frente a los miles de comuneros y a los otros miles de fusilados in situ o en sacas, arbitrarias y sin juicio alguno, entre las cuerdas de prisioneros, o en los días posteriores en las prisiones de Roquette, Mazas, la Escuela Militar y en el Parque Monceau. Mas de 20.000 comuneros, incluidos mujeres y niños, fueron fusilados de diez en diez en lo que después se llamó El muro de los comuneros, en el cementerio de Pére-Lachaise, y que posteriormente es visitado todos los años en el aniversario de la Comuna.

Según una estadística aproximada del General Appert, murieron: 2.901 jornaleros, 2664 cerrajeros, 2293 albañiles, 1569 carpinteros, 1598 empleaos de comercio, 1491 zapateros, 1065 dependientes, 863 pintores, 819 tipógrafos, 766 picapedreros, 681 sastres, 636 ebanistas, 528 joyeros, 382 carpinteros de obra, 347 torneros, 206 costureros, 193 pasamaneros, 182 grabadores, 172 relojeros, 172 grabadores, 159 impresores de papel pintado, 157 matriceros, 106 maestros, 106 encuadernadores y 96 fabricantes de instrumentos, (Dólleans, 350).

Lissagaray completa los datos anteriores (p. 486): 20.000 mujeres y niños muertos durante la batalla o después de la resistencia (en París y provincias). 3.000 muertos en los depósitos, en pontones, en bosques, en prisiones, en Nueva Caledonia, en el destierro …13.700 condenados a penas que para algunos duraron 9 años. 70.000 mujeres, niños y ancianos privados de su sostén natural o arrojados de Francia. 107.000 víctimas, he ahí el balance.

Merece la pena transcribir el relato que hacen Lissagaray y Dólleans de la muerte de Varlin por paradigmático y simbólico. El 25 de mayo, Varlin, junto a un resto de 20 delegados supervivientes, tienen la última reunión de la Comuna. Se dispersan por las últimas zonas de París aún comuneras, organizando la última resistencia en barricadas, repartiendo bonos y dinero entre los que lo necesitan, impidiendo la ejecución de 50 rehenes (vide supra). El 27 de mayo Varlin y los comuneros toman una última decisión: concentrar los restos de los batallones en el último reducto de resistencia, del lado de Belleville. El día 28, ya derrotada la Comuna, Varlin, herido, denunciado al parecer por un sacerdote, es hecho prisionero a culatazos, le arrojan suciedades y lodo, y es arrastrado a Montmartre. Dólleans (350) describe así la escena: Por las calles escarpadas de Montmartre, Varlin es arrastrado durante una hora. “Bajo la granizada de golpes, su joven cabeza meditativa, que no había tenido jamás sino pensamientos fraternales, se convierte en un jigote de carnes, con un ojo colgando fuera de órbita” (Lissagaray). Cuando llega a la rue des Rosiers, no marcha ya, se lo lleva. Se lo sienta para fusilarlo. Los soldados destrozan su cadáver a culatazos. Sicre lo despoja, distribuye entre los soldados el dinero hallado en sus bolsillos y retiene el pequeño reloj que le habían ofrecido los encuadernadores en septiembre de 1864.

III. CONCLUSIONES. INTERPRETACIONES. EL LEGADO.

Es universalmente reconocida la importancia de la Comuna del 71 en la historia del movimiento obrero así como en la historia general contemporánea. No se han escatimado calificativos, ya críticos ya laudatorios; los análisis e interpretaciones han visto la luz por cientos, tanto desde la derecha como desde la izquierda del espectro político en los últimos 150 años. Ya desde el propio 1871 se desató una inmensa marea de publicaciones sobre la Comuna en periódicos, folletos, libros (Ver: Rubel, 1964). Ésa precisamente es la mejor muestra de su relevancia histórica.

La derecha histórica, tanto política como intelectual, denostó el atrevimiento del “populacho”, su supuesta violencia criminal y la destrucción de la república y de la propiedad. Veía tras la Comuna la mano de la Internacional (menos decisiva, como hemos visto, de lo que la propaganda ultramontana hacía creer), y tras ella, la del maléfico Karl Marx, que por entonces saltó al primer plano de la prensa internacional. La burguesía empezó a considerar que el “comunismo” no era ya una amenaza lejana, sino un peligro real e inminente a las puertas de sus dominios.

Más recientemente, incluso historiadores conservadores han hecho una revisión de esta interpretación clásica. Van reconociendo el valor de algunas de las reformas de la Comuna y han criticado la salvaje represión de que fue objeto. Incluso se comienza a considerar como incomprensible el enorme odio que despertó en la burguesía y las clases acomodadas.

En el ámbito de las izquierdas políticas y de los medios revolucionarios, en general, se saludó a la Comuna como un hecho decisivo que abría una nueva época en la historia. Se destacaban las decisiones organizativas, la democracia directa participativa, las decisiones sociales y económicas, la apertura a la propiedad colectiva de los medios de producción, la valentía y la capacidad de lucha de todo un pueblo. Hoy se afina algo más y se apuntan realizaciones de la Comuna que hace 150 años fueron menos destacadas, como la inclusividad de la revolución, incorporando a personas sin considerar nacionalidad, creencias, ideas, así como la igualdad de sexos en muchos aspectos del proceso, aunque no se llegara a plantear el sufragio de las mujeres.

Todas las tendencias políticas y sociales revolucionarias y de izquierdas de la época vieron a la Comuna como una revolución que respondía en lo esencial a sus propias posiciones políticas y sociales. La rapidez de los acontecimientos y las circunstancias tan difíciles del asedio, hacen que en la propia Comuna aparezcan perfiles que pueden ser interpretados de forma diversa. También incide en ello el hecho de los trabajadores como tales, y no ninguna organización parcial de ellos, tuvieron el control del proceso, así como la notable cooperación entre todos los comuneros, independientemente de sus ideas. Las interpretaciones más relevantes en los años posteriores y en las décadas siguientes fueron las de los anarquistas y los marxistas. Nos centraremos en ellas.

Ambas tendencias coinciden en la interpretación y significado de la Comuna como un movimiento revolucionario de clase, paradigmático, que, por una parte, pone de manifiesto el poder de los trabajadores, abriendo un futuro nuevo para la humanidad, y por otro, manifiesta las características de la revolución y de la organización social que cada tendencia preconiza.

El propio Bakunin escribe (1978,189): El socialismo revolucionario acaba de intentar una primera manifestación eclosiva y práctica en la Comuna de París … Soy partidario de ella (la Comuna) sobre todo porque ha sido una negación audaz, muy pronunciada, del Estado. Sin embargo el propio Bakunin reconoce que Han tenido que oponer un gobierno y un ejército revolucionarios al gobierno y al ejército de Versalles, o sea que para combatir la reacción monárquica y clerical han debido -olvidando y sacrificando ellos mismos las primeras condiciones del socialismo revolucionario- organizarse como reacción jacobina (Id., 193). Aunque estos rasgos “jacobinos” son puntuales y transitorios, adoptados por razones de premura e inmediatez, entre las más justas teorías y su puesta en práctica hay una distancia inmensa que no se franquea en unos días (Id., 93). La Comuna, con sus defectos, es una transición necesaria hacia el futuro: la futura organización social debe ser hecha solamente de abajo arriba, por la libre asociación y federación de los trabajadores, en las asociaciones primero, después en las comunas, en las regiones, en las naciones y finalmente en unas gran federación internacional y universal (Id., 197).

Marx, en cambio, interpreta la Comuna como la fórmula prefigurativa del estado proletario: La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo (2013-a, 40).

La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento.

La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo…la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con las demás ramas de la administración…todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con “salarios de obreros”…En manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino toda la iniciativa llevada hasta entonces por el estado….decretó la separación de la Iglesia y del Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras… Todas las instituciones de enseñanza fueron abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda intromisión de la Iglesia y del Estado…Los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables… (2013-a, 35-37)

La democracia directa y participativa con delegados elegidos, revocables y con mandato imperativo, es el modelo base del estado comunista. La asamblea de delegados asume todos los poderes, delegando en comisiones para llevar a la práctica sus decisiones. Los funcionarios y magistrados son todos elegibles y revocables. Como se ha escrito tantas veces, el marxismo tiene desde ahora su teoría del Estado.

Paralelamente a la constitución del estado proletario se produce la revolución social y económica: La Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción, la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado (Id., 41) ¡Pero eso es el comunismo, el “irrealizable” comunismo! … (que se muestra como) … comunismo “realizable” (Id., 41).

Marx, como Bakunin, también vio algunos defectos de la Comuna desde su óptica, particularmente en sus comienzos. Criticó muy al principio la propia insurrección de la Comuna que estaría abogada al fracaso si no negociaba con el gobierno. También constató cierta lentitud en la toma de medidas de carácter militar y político en los primeros días, como que no se marchara contra Versalles o que El Comité Central convocara tan pronto elecciones y entregara el poder sin haber consolidado la nueva estructura de decisión. También señaló como negativas algunas medidas económicas, fundamentalmente respecto al mantenimiento del banco nacional de Francia. Pero todos estos posibles defectos quedan subsumidos en una gran explosión revolucionaria que quiere cambiar el mundo y que siempre se verá como un momento importantísimo en la historia de la liberación de los pueblos. El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. (Id., 70).

Engels en su Introducción a la Guerra Civil en Francia, escrita 20 años después de los acontecimientos, recoge y resume los análisis de Marx, destacando los aciertos de la Comuna y su carácter revolucionario como transición a la sociedad del futuro. Hace hincapié explícito en que prefigura la “dictadura del proletariado”, pieza clave en su teoría de la revolución: Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado” han vuelto a sumir en santo horror a los filisteos… ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado! (2013-c, 95).

También Lenin considera a la Comuna como una revolución proletaria prefiguradora del estado comunista y de la dictadura del proletariado. No obstante, En memoria de la Comuna señala el problema fundamental de la Comuna, la ausencia de una organización revolucionaria potente: No existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podría alcanzarlos (2013-d, 110). Leninistas, trotskistas, maoístas entienden que la gran lección del 71 es que la clase obrera no puede triunfar sin un partido revolucionario. Marx no se había pronunciado en esos términos.

La influencia social e histórica de la Comuna fue y es enorme. Los exilados y huidos expandieron los ideales de los comuneros por todo el mundo, sembrando provechosamente sus ideas y experiencias en la fundación de organizaciones revolucionarias de todo tipo por el mundo entero. La enorme profusión de artículos periodísticos, folletos y libros, contados por miles en los años siguientes, también contribuyeron a afianzar su prestigio y su carácter de ejemplo activo. Pero no sólo su impacto alcanzó los medios revolucionarios y políticos en sentido estricto; se extendió a todos los campos del arte, la música y la literatura, el cine, el cómic; en este sentido baste recordar, como ejemplo notable, la obra teatral de Bertold Brecht Los días de la Comuna. En los últimos años, al calor de las nuevas luchas sociales del tipo 15-M o la Primavera Árabe, se están multiplicando las iniciativas que reivindican y construyen “comunas” utópicas. El futuro parece estar ahí.

IV. LA COMUNA COMO UTOPÍA

En el título del presente trabajo aludíamos al carácter utopista de la Comuna y queremos terminarlo con unas reflexiones en ese sentido. Hemos trabajado sobre el carácter de la utopía en varios de nuestros libros y artículos. Nos remitimos a ellos, reseñados en la Bibliografía adjunta, como oferta de un trabajo amplio al respecto. Ahora sólo vamos a considerar algunas de aquellas formulaciones relevantes para la actual ocasión.

En primer lugar, hay que consideran qué entendemos por “utopía”, dada la polisemia de la palabra y su uso en muchos ámbitos, a veces con sentidos contrapuestos. Se impone deslindar el campo de la utopía aquí considerado del de otros muchos modos de presentarla, tanto en forma de mitos y de religiones como de formas literarias, de relatos de viajes o de ciencia-ficción. Todas ellas son planteamientos interesantes a considerar, pero aquí vamos a primar la formulación socio-política de la utopía, tanto en sus formas literarias, del tipo de la Utopía de T. Moro, como en los intentos de realización práctica de la misma, tales como los primeros momentos de los soviets en la Revolución Rusa del 17 (ver: Aguado, 2017, especialmente el Cap. III), determinadas formas del Mayo-68 (ver: Aguado, 2018, especialmente Cap. V.3) o del 15-M, aplicables también a la Comuna de París de 1871, que es precisamente uno de los momentos esenciales de la historia sociopolítica de las utopías. En esta línea entendemos que utopía es el ideal de persona y sociedad que no existe plenamente pero que podría y debería existir si nos lo propusiéramos. Se trata por tanto de un proyecto de persona y de sociedad que entendemos como óptimo, que no está realizado todavía en su totalidad, pero que no es imposible de alcanzar, sino precisamente todo lo contrario, es realizable, siempre que se trabaje y se luche por él. (Aguado, 2017, 14).

La utopía forma parte de nuestras vidas y de nuestra sociedad, como un elemento intrahistórico disuelto entre todos y por todas partes, como un difuso sistema nervioso que inerva nuestras vidas y nuestras sociedades: La utopía somos nosotros.

A partir de aquí podemos formular un cierto criterio de posibilidad de la utopía, los elementos básicos para que una utopía pueda realizarse:

1º. Es una utopía todo ideal de persona y sociedad congruente con los derechos humanos, con las características y capacidades humanas y con las necesidades de conservación de la naturaleza.

2º. La utopía es posible siempre que se trabaje generosa, voluntaria y organizadamente por conseguirla (Aguado, 2017, 18).

Por lo expuesto en el relato de la Comuna, parece del todo evidente que se cumplieron en ella estos criterios de posibilidad, puesto que se respetaron y pusieron en práctica los derechos humanos y el respeto por las personas, luchados voluntariamente con generosidad y organización. Hay momentos puntuales en que no se tienen en cuenta alguno de estos elementos, pero son muy minoritarios y poco relevantes en el conjunto de acontecimientos.

Entre la multitud de escritos y prácticas que se dicen utópicas se hace absolutamente necesario establecer algunos parámetros que nos permitan deslindar con claridad las utopías sociopolíticas de lo que es literatura fantástica. Podemos concretar estas formas de delimitación de utopía en los siguientes puntos, que constituirían los criterios de demarcación de la utopía:

1º. Toda utopía arranca de la crítica de la sociedad establecida, intentando hallar las causas de sus problemas y carencias, generalmente situadas en la propiedad privada de los medios de producción y en el mal gobierno.

2º. Toda utopía elabora el diseño de una sociedad ideal, donde los problemas de la actual estarían superados. Para ello habría que suprimir sus causas, la propiedad privada de los medios de producción, sustituida por la propiedad común de los mismos: el comunismo o comunitarismo; a veces formas cooperativas.

3º. Toda utopía incluye en el diseño de esa sociedad ideal formas de organización política basadas en la democracia directa participativa. Por tanto excluye las formas autoritarias de gobierno.

4º. Toda utopía establece formas de desarrollo de las personas, basadas en la educación integral, la convivencia, la solidaridad, la igualdad, el respeto a la naturaleza y la pluralidad cultural e ideológica.

5º. Toda utopía va acompañada de medios de organización y actuación para conseguirla, en los que se debe prefigurar la propia utopía. (Este punto precisamente lo aprendimos reflexionando sobre el fracaso de la utopía en la Revolución Rusa.).(Aguado, 2017, 160-161)

Si aplicamos estos criterios a la Comuna de París del 71 observamos lo siguiente:

Criterio 1.- En 1871, Francia era derrotada por Alemania en la llamada Guerra Franco-Prusiana, con unas graves consecuencias políticas, que se unieron a los problemas económicos, sociales y humanos que genera toda guerra. El pueblo de París, acuciado por el hambre, la miseria, el dolor y el sufrimiento por los conciudadanos muertos, heridos y mutilados, decepcionado por la actitud de sus dirigentes políticos y los empresarios, que huían de la ciudad ante la cercanía del ejército alemán, reclama justicia y equidad. El pueblo considera a los políticos y grandes empresarios, y al sistema que los encumbra, como la causa de sus males y pretende una solución tomando las instituciones municipales y estatales, para construir una nueva sociedad igualitaria y autogobernada por el pueblo. Estos hechos nos permiten comprobar cómo en la Comuna se cumple el primero de los criterios de demarcación de la utopía.

Criterio 2. Paralelamente a la constitución política de la Comuna se produce la revolución social y económica: La Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción, la tierra y el capital, que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado (Marx, 2013, 41)¡Pero eso es el comunismo, el “irrealizable” comunismo! … (que se muestra como) … comunismo “realizable” (Id., 41).

Criterio 3. En cuanto a las formas de organización y los objetivos de los comuneros, hay que reseñar la puesta en práctica de la democracia directa y participativa con delegados elegidos, revocables y con mandato imperativo, es el modelo base del estado utopista. La asamblea de delegados asume todos los poderes, delegando en comisiones para llevar a la práctica sus decisiones. Al propio tiempo los comuneros no quieren cambiar sólo su ciudad, quieren extender la transformación a toda Francia y al mundo entero.

Criterios 4 y 5.- Se ha puesto de manifiesto a lo largo del relato de los 72 días de la Comuna su empeño por una educación universal y laica, la enorme fuerza de la solidaridad, la inclusividad, los avances, aunque no suficientes, en la igualdad de sexos.

La Comuna es, pues, una revolución utopista, aunque los comuneros no utilicen este término. Lo es por la identificación de las causas de su situación, por sus objetivos, por sus formas organizativas y de decisión, por sus objetivos económicos, por sus formas de convivencia y solidaridad. Como en otras ocasiones históricas, hay que constatar que la utopía es posible si se trabaja por ella, que no es una quimera que mora en románticas mentes calenturientas, y que, en cambio, ha sido el objetivo de luchas de las mejores personas que han dado sus vidas para construir un mundo mejor. La Comuna sigue viva hoy, no sólo en el recuerdo, sino en tantas personas que viven y luchan por la utopía desde tantos y tan diferentes proyectos, lugares y plataformas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AGUADO HERNÁNDEZ, FELIPE (2018): Mayo-68: Las nuevas formas de la revolución, Madrid, Ed. Popular

- (2017): La utopía de los soviets en la Revolución Rusa, Madrid, Ed. Popular

ÁLVAREZ JUNCO, JOSÉ (1971): La Comuna en España, Madrid, Siglo Veintiuno.

ASSOCIATION DES AMIES EL AMIS DE LA COMMUNE DE PARÍS 1871 (2016): Les aspects militaires de la Commune, par le coronel Rol-Tanguy. Consultado el 20 de enero de 2017.

BAKUNIN, M. (1978): La Comuna de París y la noción de Estado, en El Estado y la Comuna, Edición e Introducción de Carlos Díaz. Madrid, Zero.

BO, GIUSEPPE DEL (1958): Periódicos Primera Internacional 1864-1877, París, Armand Colin.

BO, GIUSEPPE DEL (1961): Actas y documentos oficiales Primera Internacional 1864-1876, París, Armand Colin.

CEAMANOS LLORENS, ROBERTO (2014): La Comuna de París (1871), Madrid, Los libros de la Catarata

DOLLÉANS, EDUARD (1969): Historia del Movimiento Obrero, Vol. I: 1830-1871, Traducción de Diego Abad de Santillán, Madrid, Zero.

ENGELS, FRIEDRICH (2013-c): Introducción de la Guerra Civil en Francia, en MARX, ENGELS, LENIN, Madrid, Akal.

FREYMOND, JACQUES (1973): La Primera Internacional. Recopilación de documentos, Tomo I, Madrid, Zero.

HOBSBAWM, ERIC J. (1981): La era del capitalismo, Barcelona, Guadarrama.

LEFEBVERE, HENRI (1965): La proclamation de la Commune, París, Gallimard.

LENIN, V.I. (2013-d): Las enseñanzas de la Comuna y En memoria de la Comuna en MARX, ENGELS,

LENIN, La Comuna de París. Madrid, Akal.

LISSAGARAY, HYPPOLYTE P-O (2000): Histoire de la Commune de 1871, La Decouverte/Poche

MARX, KARL (2013-a): Manifiesto del Consejo General de la AIT sobre la guerra civil en Francia en 1871 (La Guerra Civil en Francia), en MARX, ENGELS, LENIN, La Comuna de París. Madrid, Akal

- (2013-b): Cartas a Kugelmann, en MARX, ENGELS, LENIN, La Comuna de París, Madrid, Akal.

MICHEL, LOUISE (1898): La Commune, Pequeña colección Maspero.

PIKETTY, THOMAS (2019): Capital e Ideología, Planeta, Barcelona.

RONGERIE, J. (1965): Seccions et fédérations nationales de l’AIT, Bibliographie de travaux récents en Le mouvement social, nº 51, pp. 127-138.

ROUGERIE, JAQUES (2009): La Commune de 1871, Presses Universitaires de France.

RUBEL, M. (1964): Bibliografía de la Primera Internacional, en Cahiers de l´Institut de Science Economique Appliquié, Serie S, nº 8, pp. 249-275.

TARCUS, HORACIO (marzo 2021): Cuando los obreros tomaron el cielo por asalto. A 150 años de la Comuna de París. Blog de la Red de utopías.

VALLÉS, JULES (1970): El Insurrecto, Barcelona, E. Mateu.

VARLIN, EUGÈNE (1977): Práctica militante y escritos de un obrero comunero, Madrid, Zero.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider