El combate de la tuberculosis o una crítica a la fiesta de la flor en García del Real
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En un documentado estudio publicado en El Obrero por parte del historiador Antonio Manuel Moral Roncal sobre el papel de la reina Victoria Eugenia en la lucha contra la tuberculosis, nos explicaba como la reina acogió una idea que conoció en el II Congreso Internacional contra la tuberculosis (1912) sobre la posibilidad de organizar cuestaciones públicas para acopiar fondos, y de ese modo nacieron las Fiestas de la Flor al año siguiente en San Sebastián, para luego extenderse por el resto de España.
Pues bien, por nuestra parte hemos encontrado una visión crítica de este tipo de actos de la mano del doctor Eduardo García del Real (2870-1947), un destacado médico, catedrático, internista, y que, seguramente, ha sido uno de los más destacados historiadores de la Medicina de nuestro país. Entre sus muchas aportaciones médicas y de la historia, y concentrándonos en la tuberculosis, García del Real realizó importantes observaciones sobre el diagnóstico precoz de la tuberculosis pulmonar.
Dicha crítica con un programa alternativo apareció en una columna de El Socialista, firmada por el propio García del Real, en junio de 1924, con el título de “La tuberculosis y la fiesta de la flor”.
García del Real explicaba cómo eran estas cuestaciones con mesas petitorias, y muchachas vestidas de gala, algunas con mantilla española, con cestas de flores de trapo, y huchas, pidiendo por la vía pública. El médico criticaba que se expusiera a las muchachas jóvenes a esta misión de pedir, y siendo lo más triste que todo esto se hiciera sin fin propio, de un modo “completamente tonto y absurdo”. Había que acostumbrar a los españoles a entender que contra un peligro, además de muy grave y constante, había que luchar de forma intensa, y también constantemente.
Para demostrar el peligro de la tuberculosis aportaba cifras. Exponía que en España morían hasta treinta mil personas al año, y que en ese momento había medio millón de enfermos en todo el país. En contraposición, en 1922 se habían asistido en instituciones antituberculosas en España a 11.296 enfermos, y en Madrid a 1.694. Así pues, el contraste entre lo que se hacía y lo que era preciso hacer era evidente. Es más, la mortalidad “oficial” por tuberculosis había sido en 1921 de 15’72 por cada 10.000 habitantes en España, frente a 7’2 por 10.000 habitantes en Dinamarca, teniendo en cuenta que la lucha contra la enfermedad en dicho país nórdico había conseguido un gran descenso de la mortalidad porque en 1890 había sido del 22’78. También aducía que en Estados Unidos se había logrado una clara disminución de la tuberculosis y de la mortalidad. Y eso era debido a tres causas. En primer lugar, era evidente la influencia favorable que suponía el desarrollo económico y la mejora consiguiente de la alimentación. En segundo lugar, era fundamental la mejora de la asistencia sanitaria, junto con la difusión de los principios y avances médicos. Y, por fin, la tercera causa tenía que ver con el aumento de las camas hospitalarias para enfermos de tuberculosis. Tanto en Dinamarca como en Estados Unidos las Sociedades antituberculosas se preocupaban para que en los hospitales hubiera tantas camas para estos enfermos como fallecidos había habido de esta enfermedad en el año anterior. Según este criterio, el doctor García del Real consideraba que en España debería haber sanatorios con capacidad para albergar treinta mil enfermos durante tres meses.
Pero lo principal era la prevención o combatir la tuberculosis en sus inicios. Y eso se lograba con sol, aire puro, limpieza, y buena alimentación en la infancia. En España, y aquí aparece la dimensión social de la tuberculosis, gran parte de la clase obrera y de la clase media no se alimentaba adecuadamente debido a la carestía de las subsistencias, y la mayoría de las viviendas españolas era verdaderas mazmorras, con alquileres cada día más elevados.
Los niños españoles rara vez respiraban aire puro ni tenían espacios adecuados para jugar. Además las escuelas no eran, precisamente, centros donde imperase la higiene. Por eso, era necesario habilitar campos de juego y deportes, cantinas escolares (comedores)y colonias escolares. En este sentido, García del Real recordaba como en el año 1887 el Museo Pedagógico había organizado colonias, y desde entonces había habido cada año, pero solamente se beneficiaban muy pocos niños, por lo que tenían que generalizarse.
Por eso, opinaba que el Partido Socialista y la clase obrera debían convencerse que las medidas de justicia no había que pedirlas sino exigirlas. Ya había pasado la época de la caridad porque ya se estaba en la edad de la justicia. Por eso, había que exigir la implantación del seguro obligatorio de enfermedad, la creación de sanatorios populares, las cantinas y las colonias escolares, campos de juego y deporte, buenas escuelas, escuelas de bosque, etc.. La salud del pueblo era, en su opinión, una cuestión muy seria.
Hemos empleado como fuente el número 4782 de El Socialista. Sobre García Real podemos acudir al Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, donde se incluye, además una abundante bibliografía acerca de la vida y aportaciones de nuestro protagonista.
Por fin, avisamos al lector interesado que en la hemeroteca de El Obrero encontrará distintos trabajos sobre la historia de la lucha contra la tuberculosis en clave socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.