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Manuel Vigil Montoto y el valor del voto en 1923


Pablo Iglesias Posse, fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT). / Foto coloreada por Tina Patterson. Pablo Iglesias Posse, fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT). / Foto coloreada por Tina Patterson.

Manuel Vigil Montoto (1870-1961) fue un destacado socialista asturiano, que llegó a ser miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE y diputado por Oviedo. Para las elecciones generales de 1923, las últimas que tuvieron lugar en el régimen de la Restauración, ya que, en septiembre de ese mismo año Primo de Rivera dio un golpe que liquidó el sistema constitucional, inaugurando su Dictadura, escribió un artículo en El Socialista donde defendió la importancia de votar, del trabajo político, de conseguir una fuerte representación obrera en las instituciones para frenar abusos y cambiar las cosas, atacando el abstencionismo.

Empezaba el artículo con una exclamación sobre el error de los que predicaban la abstención, en clara alusión a los anarquistas, a los que acusaba, en realidad, de ser unos de los culpables de dicha abstención. Otra hubiera sido la suerte de los trabajadores si los anarquistas, en su opinión, se hubieran sumado a los socialistas para combatir la indiferencia de los obreros en materia electoral o para luchar contra la ignorancia de algunos trabajadores que les inducía a vender su voto al mejor postor. Vigil pensaba que tenían que hacer un examen de conciencia porque habían servido de auxiliares inconscientes del capitalismo, vistos los resultados obtenidos por sus teorías abstencionistas.

El capitalismo, tanto en su faceta económica como gobernante, había convertido en letra muerta para los obreros los derechos consignados en la Constitución española gracias a la abstención o indiferencia política, hasta donde habían podido impedirlo los socialistas.

Vigil quería demostrar cómo desde que había sufragio universal (1890), que coincidió con la primera movilización del primero de mayo hasta la fecha en la que escribía el artículo, en abril de 1923, unos días antes de las elecciones, convocadas para el día 29, se habían multiplicado los crímenes, atropellos, persecuciones, encarcelamientos y vejámenes sufridos por la clase trabajadora por parte de los Gobiernos, que no eran más que servidores del capital y de los patronos, que procedieron como señores feudales, y que no habrían existido en gran medida sin la propaganda abstencionista y sin la indiferencia obrera en las luchas electorales.

Contra esos desmanes de autoridades al servicio de caciques o patronos habían estado, hasta donde lo había permitido la fuerza organizada que representaban, los diputados y concejales socialistas. Estos representantes habían conseguido que alcaldes, gobernadores y ministros “desenfrenados o mal informados” pusieran en libertad a trabajadores detenidos por ejercer sus derechos ciudadanos con motivo de las luchas políticas y las huelgas.

Pero la fuerza de la representación parlamentaria y municipal de los socialistas hubiera conseguido mucho más si dicha representación hubiera sido mayor.

En este sentido, el socialista asturiano recordaba que el peso numérico de los trabajadores frente a los burgueses en el censo tendría que reflejarse en un poder muchísimo mayor, que les pondría en condiciones de impedir la desenfrenada explotación obrera, los despilfarros de los Gobiernos en Marruecos en personas y dinero, además de poder cambiar el régimen político imperante.

Había costado muchísimo, incluidas víctimas, emprender campañas pro-presos, contra la guerra de Marruecos, contra las represiones de los Gobiernos, contra los atentados a la libertad de conciencia y otras más a las que se habían visto obligados los trabajadores por no contar con una fuerte y numerosa representación parlamentaria que les hubiera defendido contra los abusos del poder. Así pues, calificaba de torpeza la abstención y hasta de traición a la clase trabajadora no propagar la importancia de la acción política, y no trabajar por los candidatos del Partido Socialista, que eran los que representaban los intereses de clase y las reivindicaciones de los explotados.

En conclusión, Vigil pedía a los trabajadores que votaran, y que lo hicieran a los candidatos socialistas.

Hemos consultado el número 4429 de El Socialista, de 20 de abril de 1923.

Sobre Vigil Montoto podemos acudir al Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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