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La reflexión de Marcelino Domingo sobre el destino de la aristocracia exiliada rusa


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Los exiliados aristócratas rusos inundaron Europa huyendo de la Revolución, y en este sentido, hasta el cine nos ha dejado distintas referencias. Una parte de estos exiliados pudo adaptarse muy bien a la nueva situación y poder llevar un tren de vida en parte semejante, al menos en lo que se refiere a las comodidades, que no tanto a las influencias y preeminencias propias del zarismo, en la Europa de entreguerras, pero muchos de ellos tuvieron que aceptar empleos muy humildes para sobrevivir. Marcelino Domingo realizó una reflexión en El Socialista sobre esta cuestión, y sobre la valía o capacidad de las personas en relación con distintos regímenes políticos, ahora hace cien años, que nos parece harto sugerente rescatar en las páginas de El Obrero.

Las noticias, que motivaron a Domingo a pensar, procedían de Estambul, refiriéndose a la miseria en la que vivían los antiguos aristócratas rusos, como porteros, vendedores de salchichas, mozos de cuadra, limpiabotas, vendedoras de flores y periódicos, citando nombres concretos de personajes de antigua y elevada posición e influencia política.

Este hecho no conmovía al intelectual y político republicano catalán, pero sí consideraba que llamaba a la reflexión. Que un almirante, príncipe, general o princesa, desposeídos de sus riquezas y poder, llegaran a desempeñar los oficios reseñados tenía un significado. ¿Era injusto el régimen que les había conducido a esta situación o había sido injusto en el que habían tenidos tantos privilegios?, es decir, ¿el de los soviets o el zarista? La injusticia no estaba en el régimen presente, siempre en opinión de Domingo, que les había arrancado sus honores, pero no sus capacidades personales. Lo que había ocurrido es que el nuevo régimen les había obligado a poner a prueba esas aptitudes para poder ganarse la vida. La injusticia estaba en el régimen que había encumbrado a personas con manifiestas ineptitudes y tan “huérfanos de delicadeza”.

Domingo era claro, no se podía defender a estos personajes que habían caído desde lo más alto a lo más bajo. Habían disfrutado de esa altura por nacimiento, porque se habían arrastrado o por suerte, no por méritos propios. No podían haber hecho otra cosa, en opinión siempre de nuestro autor, en el extranjero precisamente por eso. Los trabajadores españoles que emigraban trabajaban con más provecho que en su propio país. Pero también ponía otro ejemplo, el de los técnicos ingleses, belgas o franceses que venían a dirigir industrias o minas en España, ocupando cargos propios de sus aptitudes.

Como vemos Domingo era muy duro con estos exiliados rusos, afirmando que el puesto que se ocupaba en la vida había de merecerse, y para ello había que conquistarlo con el esfuerzo diario. Por eso, la Sociedad Fabiana, la Universidad Obrera en Charleroi y en Munich la Universidad del Trabajo, así como las instituciones educativas creadas por Lunacharsky en Rusia, eran ejemplos de cómo ponían sus medios para el desarrollo de los hombres que aspiraban a organizar y sostener la sociedad sobre bases distintas a las que servían de pilar a la actual.

En este sentido, Domingo afirmaba que, a propósito del debate socialista español respecto a Rusia, se había discutido sobre el hecho de que la misma no avanzaba porque no había formado con tiempo un plantel de expertos, por no haberse preocupado por el problema de la competencia, y por no haber inculcado en los obreros el sentido económico de la responsabilidad. No negaba que eso podía ser cierto, pero lo que era claramente exacto era que la aristocracia, que había existido en la Rusia anterior, merecía aún menos la posición del puesto que había ocupado. El mujik quizás no sabía ser comisario del pueblo, pero el almirante que en el presente era portero, el general que desempeñaba funciones de mozo de cuerda y el príncipe salchichero en la actualidad no habían merecido ser lo que fueron en el pasado.

La situación de estos exiliados aristócratas no mostraba la crueldad del régimen ruso, sino que eran la prueba de la injusticia del pasado sistema, que no cuidó como en otros lugares de Europa, de otorgar las más altas dignidades ni de conferir los mayores honores a los “espíritus de más excelsitud”.

Hemos empleado como fuente el número 3816 de mayo de 1921 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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