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Óscar Pérez Solís y la oficialidad democrática en 1921


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Óscar Pérez Solís (1882-1951) fue un militar e ingeniero industrial en Artillería, con ideas republicanas que giró hacia el compromiso social, ingresando en la Agrupación Socialista de Valladolid en la primavera de 1910. Sería un asiduo colaborador de la prensa obrera, ya con el pseudónimo de Juan Salvador, en honor al soldado anarquista que le hizo abrazar el obrerismo, ya con su propio nombre. En 1912 dejaría la carrera militar para desarrollar una intensa vida en el socialismo. Partidario de la Tercera Internacional, terminaría en el PCE, visitando la URSS. Ingresaría en la cárcel en la Dictadura de Primo de Rivera. Por mediación del padre Gafo se convirtió al catolicismo, abrazando posturas reaccionarias y fascistas, llegando a estar cerca de la Falange, y participando en la guerra civil en el lado sublevado. Sin lugar a dudas, el itinerario ideológico de este personaje fue intenso, del republicanismo al fascismo pasando por el socialismo y el comunismo.

En la época final de su etapa socialista, en febrero de 1921 en El Socialista, publicó un artículo donde comentaba el reciente libro del conde de Romanones titulado El ejército y la política: apuntes sobre la organización militar y el presupuesto de la guerra, editado en Renacimiento en 1920, y que le sirvió para teorizar sobre el ejército, la política, con el fin de crear una oficialidad democrática.

Para Pérez Solís el conde de Romanones incurría en errores cuando trataba el asunto de cómo debía formarse la oficialidad de un ejército democrático. Pensaba que era novicio en esta materia, o, lo más probable, en su opinión, que como había sido hombre que había gobernado en medio de las presiones de las Juntas de Defensa tenía que tener cuidado.

Pérez Solís afirmaba que, a buen seguro, Romanones había entendido que la Gran Guerra había destruido la idea de que la carrera militar era una profesión que exigía especiales aptitudes y muchos conocimientos científicos. Para mandar tropas no se necesitaba ser un sabio, ni siquiera pasar un año en las Academias Militares. Los ejércitos mandados por Inglaterra y Estados Unidos habían combatido con oficiales que poco antes de vestir el uniforme eran hombres totalmente ajenos a la profesión de las armas, y a los que les había bastado solamente un período de preparación para ejercer las funciones del mando. Es más, aportaba datos de cómo después del primer momento los propios ejércitos francés y alemán, muertos gran cantidad de oficiales, tuvieron que hacer frente de reservistas. El propio Romanones habría afirmado en su libro que Francia no habría podido continuar la guerra sin la oficialidad de complementos. Así pues, la consecuencia era que los oficiales de carrera deberían ser una minoría dedicada a una tarea de instrucción de la oficialidad necesaria en caso de guerra. Los millares de oficiales que llenaban los escalafones eran innecesarios casi por completo. Pero ni Romanones ni político alguno tendrían el valor para defender esto en España.

Pérez Solís seguía criticando el libro de Romanones porque, dada su francofilia, intentaba establecer diferencias entre la oficialidad francesa y la alemana, cuando, según lo que había defendido nuestro protagonista, la oficialidad profesional era igual en todas partes, es decir, una casta llena de prejuicios aristocráticos con afán de privilegios, que se sentía superior, no ya a la tropa, sino a toda la nación.

En este sentido, pensaba que Romanones no tenía razón en que la causa de la descomposición del ejército alemán se había debido al abismo creado entre una oficialidad aristocrática y los soldados. Pérez Solís sostenía que el ejército alemán se había mantenido fuerte y compacto durante toda la guerra, y solamente en 1918 se había descompuesto por la fuerza y acción del socialismo revolucionario y antimilitarista que, eso sí, operaba sobre un pueblo abrumado por las privaciones, debidas al bloqueo aliado. Además, la oficialidad aristocrática alemana había sido diezmada por la propia guerra y la oficialidad de complemento tenía la diversidad de orígenes que la que tenían otros ejércitos. No sería cierta la defensa de Romanones del ejército francés como modelo de oficialidad democrática. Los oficiales franceses procederían, en su mayoría, de las “clases pudientes”. La oficialidad de complemento estaría formada, por su parte, por franceses que no eran proletarios tampoco. El mando del ejército francés era otro ejemplo de la desigualdad social; no era democrático como defendía Romanones. Un ejército dirigido por burgueses no sería más que un ejército al servicio de la burguesía. Eso sí, mientras los soldados no comenzasen a pensar.

Pero un ejército democrático no se generaría, siempre en opinión de Pérez Solís, impidiendo que los oficiales saliesen todos de la misma Academia militar. Habría que distinguir entre unidad de origen académico y la unidad de origen social. Los oficiales podían ir a distintas Academias, pero podrían todos proceder de la misma clase social, y así el ejército que mandasen no sería democrático. En cambio, un ejército podría ser democrático con oficiales salidos de la misma Academia, pero que no procediesen de las clases privilegiadas.

La carrera militar era inaccesible para las clases populares. Si se buscaba una oficialidad democrática el Estado debía llevar a todos los jóvenes al servicio militar, y luego dentro del mismo, elegir a los más aptos, sin distinción de clases, para seguir, siempre por cuenta de dicho Estado, los estudios de la profesión, que habrían de ser breves y sencillos, no “farragosos e innecesarios como ahora”, en una o varias Academias militares. Se terminaría, de ese modo, con el monopolio de la burguesía.

Así pues, para Pérez Solís, un ejército verdaderamente democrático se cifraba facilitando que el origen social de su oficialidad fuese diverso, que los hijos de los obreros pudieran llegar a serlo.

El texto se publicó en el número 3755 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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