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Los valores del socialismo para el SPD en el programa de Bad Godesberg


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

A mediados de noviembre de 1959 los socialdemócratas alemanes celebraron un Congreso en Godesberg y aprobaron un programa que supone un hito en su historia porque se tradujo en un considerable cambio de orientación, en el que se identificaba el socialismo con la democracia, aunque no cabe duda que el SPD siempre fue un partido que luchó por la misma en la intensa historia de Alemania. Pero se rompía con la lucha de clases, con el marxismo, aceptando la economía de mercado y la propiedad privada, y sustentando su trabajo en la solidaridad para construir un nuevo orden económico y social, en una suerte de nuevo revisionismo. El programa giraba en torno a los valores de libertad, justicia y solidaridad, siendo significativo que este último principio parece como si sustituyese al de igualdad, más clásico en la ideología socialista.

El programa estuvo en vigor hasta 1989. La influencia del SPD fue evidente para el resto de socialismos democráticos europeos.

¿Qué sería, entonces, el socialismo para los socialdemócratas alemanes a mediados del siglo XX?

En primer lugar, los socialistas aspiraban a un orden social donde todos los hombres pudieran desarrollar libremente su personalidad y participar en la vida política, económica y cultural. La libertad y la justicia se condicionaban mutuamente. La dignidad humana tenía que ver con la conciencia responsable, pero también con el reconocimiento del derecho a que cada uno pudiera desenvolver su personalidad y poder contribuir en plano de igualdad de derechos a configurar la sociedad.

Así pues, tres conceptos claves para el socialismo: libertad, justicia y solidaridad. Se consideraba por solidaridad el concepto, podríamos decir más novedoso, y de ahí su desarrollo en el programa, como un deber que dimanaba de la mutua dependencia.

El socialismo democrático tendría tres raíces: la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica. Pero también se afirmaba que no proclamaba verdades últimas y definitivas, pero no por incomprensión o indiferencia sin por un principio de respeto a la libertad de conciencia de los hombres, en cuyas decisiones, se afirmaba ni los partidos políticos ni el Estado debían influir. Es importante destacar este concepto porque rompía con pilares muy destacados del marxismo, y seguramente tendría mucho que ver con la propia experiencia histórica pasada en Alemania. En realidad, se estaba renunciando al socialismo como “estado final”.

En Bad Godesberg se proclamaba que el SPD era el partido de la libertad de espíritu. Se definía como una asociación de personas que procedían de diferentes religiones y corrientes de pensamiento, pero coincidían en su aceptación de valores éticos fundamentales y en la igualdad de objetivos políticos. El Partido aspiraba a generar un orden de vida en armonía con estos valores. Su lucha permanente tenía que ver con la libertad y la justicia.

La adhesión al socialismo democrático suponía la admisión de unas aspiraciones en una sociedad humanamente digna. ¿Y qué entendían los socialistas alemanes por una sociedad humanamente digna?

Así pues, todos los pueblos debían someterse a un orden jurídico internacional, garantizado con un poder ejecutivo con medios coercitivos adecuados. La guerra era un instrumento político inaceptable.

Todos los pueblos, además, debían contar con las mismas oportunidades de participar en el bienestar del mundo. Los países subdesarrollados tendrían el derecho a la solidaridad del resto de países.

Los socialistas lucharían por la democracia como el único orden político y social, porque solamente en la misma era posible el desarrollo del respeto a la dignidad del hombre y al ejercicio de su responsabilidad, otro concepto éste que nos parece clave en el cambio del programa socialdemócrata.

Los socialistas se opondrían a cualquier tipo de dictadura, gobierno autoritario o totalitario porque suponían atentados contra la dignidad humana, aniquilaban la libertad y destruían el derecho. El socialismo solamente podría desarrollarse en democracia, y, esto es importante, la democracia no se podría realizar sin el socialismo.

El SPD criticaba duramente a los comunistas. En primer lugar, porque consideraba que pretendían apoderarse de las tradiciones socialistas, cuando lo que habían hecho era adulterar el ideal socialista. Los comunistas solamente se aprovechaban de los antagonismos sociales para implantar la dictadura de su partido.

En un estado democrático todos los poderes debían estar sometidos al control público. Los intereses comunes estarían siempre por delante de los individuales. Si lo que imperaba era el deseo de lucro y de poder la democracia, la libertad y la seguridad social estaban amenazadas. Por eso, el socialismo aspiraba a un nuevo orden económico y social.

La vocación educativa del socialismo se reafirmaba en la afirmación de que había que abolir todo privilegio que tuviera que ver con el acceso a las instituciones de enseñanza. La selección de los estudiantes solamente debía basarse en la capacidad y la eficacia.

Las instituciones no podían por sí solas en la tarea de salvaguardar la libertad y la justicia. Se estaba produciendo un hecho que provocaba la aparición de nuevas dependencias que amenazaba la libertad, que tenía que ver con la técnica. Por eso, se defendía una vida económica, social y cultural diversa.

Para que una sociedad disfrutase de libertad y democracia debía basarse en que un creciente número de personas adquiriese conciencia social, que no sería conciencia de clase, y estuviese dispuesto a participar en la responsabilidad de dirigir y controlar. La educación era un medio para conseguir esa conciencia social.

Es fundamental la consulta de la tercera parte, con el título “Hacia el revisionismo, 1950-1960” del libro de Donald Sassoon, Cien años de socialismo, editado en España por Edhasa en 2001. Por otra parte, hemos consultado esta parte primera del programa en el número del 28 de enero de 1960 de El Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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