Reflexiones sobre los nacionalismos en el siglo XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Pretender acercarse a la realidad compleja del nacionalismo en el siglo XIX es más que osado, temerario, pero, al menos queremos ofrecer algunos apuntes sobre una materia que tiene, en los tiempos actuales, un protagonismo evidente, después de un tiempo en el que pareció quedar en un segundo plano.
El concepto moderno de nación viene a nacer en la crisis del Antiguo Régimen, al calor de las revoluciones liberal-burguesas. El término, en realidad, no era nuevo, pero el triunfo de la soberanía nacional sobre la absoluta provocó que la nación se convirtiera en el resultado del contrato social por el que la sociedad poseedora de dicha soberanía hiciera depositaria de la misma al estado. Dicho estado sería la institucionalización de la nación; se trataría, pues, del estado-nación. La nación, por lo tanto, surgiría de un acto de voluntad política, de la libre determinación de la sociedad civil y de cada uno de los individuos que la componen. De ese modo, los individuos pasaban de ser súbditos a ciudadanos. Nacía, de ese modo, el nacionalismo liberal.
Según este modelo de nacionalismo la nación no existiría desde un pasado inmemorial, sino que surgiría de un acto colectivo de voluntad. Las naciones serían producto de un acto político, no existirían per se, por naturaleza. Se configurarían por la adhesión voluntaria a una serie de principios plasmados en sus constituciones y ordenamientos legales. De la misma forma, los límites de la nación no responderían a criterios geográficos ni humanos como la etnia, la historia, la cultura o la religión, sino a los del territorio donde se aceptaban y se aplicaban los principios insertos en la constitución. Por consiguiente, la pertenencia a una nación surgiría de un acto de aceptación voluntario al contrato social establecido. Los vínculos de otro tipo, como hemos expresado, quedarían en un segundo plano frente al acto voluntario de adhesión a la constitución. De la misma manera, la nacionalidad podría perderse desde el momento en el que el ciudadano realizaba una renuncia pública a aceptar los principios recogidos en la constitución.
Este tipo de nacionalismo defendía el derecho de los pueblos a liberarse de tiranías extranjeras y la necesidad de la solidaridad de unos pueblos con otros en sus liberaciones nacionales respectivas. Para este nacionalismo cualquier comunidad podía convertirse en una nación si así lo deseaba y buscar los medios para emanciparse y formar un Estado o unirse a otro ya existente con el fin de crear uno nuevo. Es evidente la importancia de la voluntad en el nacionalismo liberal. Este nacionalismo fue defendido por los liberales franceses e italianos, como Giuseppe Mazzini, como una figura sobresaliente.
El segundo modelo de nacionalismo nació en el primer tercio del siglo XIX del pensamiento alemán, con vinculaciones con el Romanticismo, como reacción a lo que dicha corriente consideraba los "abusos de la razón" del pensamiento ilustrado y liberal predominante desde Francia. Los principales teóricos de este nuevo nacionalismo serían, entre otros, Fichte y, especialmente Herder. La nación pasaría, en este caso a convertirse en una realidad independiente de los individuos, sería una realidad objetiva ineludible, todo lo contrario de lo defendido por el nacionalismo liberal voluntarista.
Frente a la soberanía nacional se contraponía el espíritu del pueblo o Volkgeist, que alentaría la vida propia de la nación que, como hemos señalado, sería una entidad autónoma con destino propio y, por ello, completamente distinto al de otras naciones. Se identificaba la comunidad política como una totalidad cultural, que a su vez tenía una esencia ancestral imperecedera. No era fruto de un acto de voluntad, sino que existía ahora per se, por la tradición, por la Historia, con un pasado intemporal de una comunidad de lengua y religión comunes. Así pues, se remarcaba el hecho diferencial de una nación frente a las demás en función de su cultura, idioma, y hasta por la etnia, que elevaba el particularismo a categoría casi biológica.
La pertenencia a una nación no se basaría en la razón, en un acto voluntario de aceptación de principios constitucionales, sino en el nacimiento.
En todo caso, fue muy fácil que en los distintos nacionalismos que se desarrollaron en el siglo XIX y posteriormente, hubiera elementos de ambos tipos de nacionalismo, es decir, que no es tan fácil establecer fronteras entre ambas concepciones en la realidad histórica.
Volveremos en El Obrero a reflexionar sobre el nacionalismo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.