El ocio para obreros desde las élites victorianas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
El disponer de horas de descanso y ocio forma parte de las reivindicaciones del movimiento obrero, ejemplificado en la lucha del primero de mayo de las ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio. Estas últimas estarían claramente vinculadas a la necesidad de que el trabajador se formase, adquiriese los instrumentos necesarios para tener una vida más plena, y más conciencia de clase en la versión socialista, o para su liberación personal y social desde la anarquista. Las Casas del Pueblo y los Ateneros libertarios son las instituciones clave en esta lucha de socialistas y anarquistas. Los partidos socialistas y los sindicatos terminaron por desarrollar en algunos países, especialmente donde fueron muy fuertes, como en Alemania o Austria, verdaderas sociedades paralelas en lo cultural y deportivo, construyendo un ocio de obreros para obreros.
Pues bien, en la Inglaterra victoriana las clases altas desarrollaron un evidente interés por el ocio como medio para “civilizar” a la clase trabajadora desde los años treinta del siglo XIX ante el temor que producía el cartismo al considerarse que podía abrir la puerta a la revolución, y luego con el auge del movimiento obrero. El concepto se basaba en un acusado paternalismo, y es conocido como el “recreo racional”.
Así pues, se pusieron en marcha multitud de iniciativas como abrir parques, bibliotecas, centros de enseñanza, movimientos para luchar contra el alcoholismo, clubs para obreros, etc.., todo para intentar limar las tensiones entre las clases, en la búsqueda de una deseada armonía, buscando integrar al proletariado en el nuevo orden victoriano burgués. En cierta medida, combina con la pretendida visión idílica de aquella época.
Estas iniciativas, que, en todo caso, no constituyen un movimiento organizado en sí, fueron apoyadas por la Iglesia anglicana, pero con el tiempo las instituciones públicas fueron incorporando estas cuestiones en sus políticas, en el ámbito municipal, muy especialmente en la capital londinense o en Birmingham, es decir, lo que había nacido como un mecanismo de control social por parte de las clases dirigentes terminó por ser asumido como una función más de la Administración más cercana a los ciudadanos.
Los historiadores debaten sobre si tuvo o no éxito esta política de control y mediatización, pero, en general, se puede decir que no se consiguió, en la línea de desmitificación de lo que fue la Inglaterra victoriana.
Existe una monografía en inglés que trata de esta cuestión: Peter Bailey, Leisure and Class in Victorian England: Rational Recreation and the Contest for Control. 1830-1885, London, 1987.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.