Cuando Lafargue fue elegido el primer diputado socialista en Francia
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Estando en la cárcel en 1891 Paul Lafargue, de tanta significación en el socialismo español, fue elegido diputado por Lille, ahora hace 129 años. Se trata de un hecho histórico porque fue el primer diputado socialista en Francia. En este artículo comentamos cómo se vio en España desde El Socialista. Y, como no podía ser de otra manera, se consideraba que la importancia de este hecho era inmensa para el socialismo, y su significación no daba lugar a dudas de ningún tipo. La elección llevaría a Lafargue a entrar en la “Cámara burguesa por la puerta principal, con la frente alta y el programa del Partido Socialista Obrero en la mano” y, sobre todo, sin compromisos ni alianzas con ningún “partido burgués”, habida cuenta de que aún estaríamos en la época en la que el socialismo internacional defendía la imposibilidad de pactar con otras fuerzas políticas por muy progresistas que fueran. En el caso español era patente la crítica socialista a los partidos republicanos que eran oposición al sistema político de la Restauración, y hasta eran calificados de “avanzados”, pero, sobre todo, seguían siendo “burgueses”.
Por si había alguna duda sobre la trascendencia de la elección el corresponsal en París del periódico español traducía varios párrafos de un artículo de Lafargue, titulado “El Socialismo”, que había publicado en Le Socialiste a finales de octubre de ese año, y en el que explicaba que el socialismo no era un sueño quimérico sino una necesidad imperiosa que sentían las clases trabajadoras para mejorar su suerte, que empeoraba día a día.
El texto hablaba, en plena segunda revolución industrial, además, de los obreros como víctimas de la gran industria, condenados a verdaderos trabajos forzados en los “presidios capitalistas”, del comercio concentrado que había arruinado a las pequeñas tiendas, de cómo el pequeño comercio no podía competir, y de cómo languidecía cuando los salarios bajaban o abundaba el paro porque en los mismos solamente compraba el proletario y no el capitalista.
Los partidos no habrían hecho nada por solucionar la penuria y la estrechez, simplemente habían dejado correr los acontecimientos sin preocuparse de las consecuencias de la concentración industrial y comercial.
El socialismo era el único partido que tenía una solución para combatir esta concentración económica porque pedía que todos los instrumentos de trabajo centralizados, como los ferrocarriles, fábricas, minas, bancos, etc., fueran de propiedad nacional, fueran entregados a los trabajadores organizados, para que los gestionasen en beneficio de todos, no de unos pocos capitalistas.
Expropiar a la clase capitalista en provecho de la nación era la solución. Esta transformación de la propiedad capitalista en propiedad nacional crearía el bienestar social, el de todos.
En el siguiente número de El Socialista se insistía en el triunfo del socialismo que suponía la elección de Lafargue. Al ingresar un miembro del Partido Obrero francés en la Cámara entraba un miembro del socialismo revolucionario, “ese socialismo que ni oculta un solo pliegue de su bandera, ni borra una coma de su programa”. Lafargue iba a descargar, en opinión del socialismo español, duros golpes contra el régimen patronal y conseguirá agrupar a las “huestes obreras”.
Los socialistas españoles felicitaban al francés por su salida de la cárcel y por su elección.
Este hecho impresionó mucho, como estamos viendo, al socialismo español. Se siguió de cerca la peripecia de la salida de prisión de Lafargue, de cómo viajó a Lille a agradecer a los obreros la elección, por más de mil votos sobre el candidato republicano oportunista. También el periódico español se hizo eco de la preocupación del gobierno francés y de cómo se había declarado que no podía ser diputado porque se consideraba que no era de nacionalidad francesa (recordemos el múltiple origen de Lafargue, entre francés y cubano (español). Pero los socialistas españoles confiaban que esa “patraña” no prosperaría.
Al parecer, según interpretaba el corresponsal en Francia, la elección había producido en la política del país vecino un verdadero terremoto. El gobierno francés seguía insistiendo en que Lafargue no era ciudadano francés, pero la Cámara, en opinión del corresponsal, terminaría aprobando su acta.
Por su parte, los radicales, y seguimos la crónica periodística, se habían sorprendido del voto de los obreros, y habían reaccionado proclamando la necesidad de emprender reformas a favor de la clase trabajadora, con publicación de un manifiesto. Otro efecto de la elección, siempre según el corresponsal de El Socialista, había sido que el gobierno había anunciado estar dispuesto a mediar entre los mineros y las Compañías en la huelga minera de Calais y el Norte. Y para ello había nombrado una comisión arbitral, aunque los mineros se habían negado porque querían una comisión paritaria de mineros y patronos.
Al final, como predecía el corresponsal, el acta de diputado fue aprobada por la Cámara de Diputados.
Hemos trabajado con los números 296, 297, 298, 300 y 302 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.