Vicente Lacambra y la importancia de la lectura en la cárcel
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Vicente Lacambra realizó un intenso alegato en favor de la lectura en la cárcel en las páginas de El Socialista (número 6236 de 3 de febrero de 1929) ante la noticia de que en la última reforma penal que se estaba planteando se prohibiera la lectura a los reclusos (en la expresión de la época). Lacambra hizo un verdadero canto entusiasta del valor regenerador de la lectura.
Vicente Lacambra sabía mucho de la cárcel porque pasó injustamente diez años en un penal valenciano por un crimen que no cometió, consiguiendo un indulto en 1913. Vicente Lacambra Serena (1876-1959) fue un escritor y periodista socialista que, aunque oscense, desarrolló su compromiso político y sindical en Valencia. Esa dura experiencia vital le movió a escribir Mi cautiverio. Diez años de un inocente en presidio, con prólogo de Jacinto Benavente.Al salir, reanudó su compromiso en la Agrupación Socialista de Valencia, llegando a ocupar cargos de responsabilidad en la misma, así como en la Federación Provincial Socialista, y en el Comité Nacional de la Federación Nacional de empleados municipales, ya que fue empleado en el consistorio valenciano. En la Guerra Civil estuvo en Aduanas y fue vocal del Tribunal de Alta Traición, Espionaje y Derrotismo en Alicante. Pudo exiliarse en México, entrando en la Agrupación Socialista Española de México para también colaborar en Adelante. Escribió hasta veinte obras teatrales, aunque muchas siguen siendo inéditas.
Si se prohibía leer se estaba restando uno de los medios más eficaces para la rehabilitación de un delincuente. Para Lacambra casi todos los delitos tenían un origen en la ignorancia de quien los cometía. Leer, cultivar el espíritu suponía mejorar, abrir nuevos horizontes.
En ningún sitio era más necesaria la lectura. Leer un buen libro podía bastar y habría bastado en muchas ocasiones para formar un “alma buena”, o para arrancarla de “extravíos”, o para despertar sentimientos.
Leer era formarse, nutrirse de ideas, de emociones, de luz. La lectura era como un “pan divino”, tan necesario para el espíritu como el pan para el cuerpo.
En la tristeza de una prisión leer era como vivir, el único medio de vivir bajo los agobios de la “muerte civil”.
En esos momentos tan difíciles una idea o un sentimiento podían levantar y purificar un alma.
Si de Lacambra dependiera llevaría todos los libros a disposición de los reclusos. Haría de la afición a la lectura un mérito para alcanzar la libertad, porque pensaba que saldrían rehabilitados.
Y ofrecía un título de lectura casi “obligada”: Los miserables de Víctor Hugo. Lo sería por el protagonista de la novela como un ejemplo de “altos vuelos morales y bastante sugestivo” para alentar a las almas más hundidas, es decir, que podía ser un buen modelo para un recluso.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.