Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Durante la última semana de enero de 1962, John Glen pospuso por tercera vez, su tentativa de viajar en cohete, al espacio exterior, y convertirse en el primer estadounidense, en orbitar alrededor de la Tierra. “Fanny y Zooey” ocupaba el primer lugar, de la lista de las novelas más vendidas, seguida, unos puestos más abajo por “Matar a un ruiseñor”, mientras que el apartado de obras de no ficción, lo encabezaba “My Life in Court”, de Louis Nizer. Esa fue también la semana en que se publicó, una de las mejores obras de historia, que un norteamericano haya escrito jamás, en el siglo XX.
Los cañones de agosto se convirtió rápidamente, en un gran éxito editorial. Los críticos no escatimaron elogios. El Presidente John F. Kennedy, entregó un ejemplar al primer ministro británico Harold Macmillan, y le comentó que los dirigentes mundiales, debían evitar, de un modo u otro, cometer los errores, que condujeron al estallido de la Primera Guera Mundial. El Comité Pulitzer, que, según lo estipulado, por el creador de los galardones, no podía otorgar el Premio de Historia, a una obra que no versara, sobre algún tema estadounidense, encontró una solución, concediéndole a la señora Tuchman, el premio de la categoría de ensayo. Los cañones de agosto, cimentó la reputación de la autora. En él destacan cuatro cualidades: la aportación de numerosos detalles, cosa que mantiene al lector atento a los acontecimientos; un estilo diáfano, inteligente, equilibrado, y lleno de ingenio; y un punto de vista, alejado de los juicios morales, pues la señora Tuchman, nunca se dedica a sermonear, o a extraer un juicio negativo, de los hechos que analiza. Opta por el escepticismo, no por el cinismo.
Cuando Los cañones de agosto apareció, en la prensa se describió a Bárbara Tuchman, como un ama de casa de 50 años de edad, madre de tres hijas, y esposa de un importante médico de Nueva York. La realidad era más compleja e interesante. Tuchmn descendía de dos de las familias de intelectuales y comerciantes judíos, más destacadas de Nueva York. Su abuelo Henry Morgenthau senior, fue embajador en Turquía, durante la Primera Guerra Mundial, su tío Henry Morgenthau junior, fue el secretario del Tesoro de Franklin D. Roosvelt, durante más de doce años, y su padre Maurice Vertheim, era el fundador de un importante banco. Durante su juventud, una institutriz francesa, le leía en voz baja, pasajes de las obras de Racine y Corneille. El padre de Bárbara Tuchman, había prohibido mencionar el nombre de Franklin Delano Roosevelt, en las comidas familiares, pero un día, la adolescente incumplió la norma, y se le ordenó abandonar la mesa. Erguida en la silla, Bárbara dijo: “Ya soy mayor para tener que dejar la mesa”. Su padre se la quedó mirando perplejo, pero ella no se movió del sitio.
Pues eso.
Continuará
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.