La crisis bajomedieval en Cataluña
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En la primera mitad del siglo XIV se produjeron muchas malas cosechas seguidas, los conocidos como “veranos podridos”, o los “malos años” en toda Europa, Cataluña incluida. La escasez provocó hambre y la peste negra se cebó en una población muy debilitada.
Las crisis demográfica y económica provocó una fuerte crisis social, que presentó una doble dimensión. La primera es la reacción señorial. La crisis afectó a los señores (nobleza y clero) por distintas causas. La casi finalización de los procesos de conquista había cerrado una de las vías que tenían para incrementar su patrimonio. Ya no había tierras con las que hacerse. Por otro lado, la elevada mortandad, y la emigración a la ciudad provocaban una disminución de vasallos y, por consiguiente, de rentas. Por fin, el aumento de los precios, y especialmente de las manufacturas, les afectó porque eran los principales clientes de las mismas.
Los señores reaccionaron ante este panorama para recuperar sus pérdidas, a través de dos medios. En primer lugar, a la Monarquía le usurparon tierras y prerrogativas (tributos) aprovechando momentos de debilidad de la misma, como guerras civiles o minorías de edad de reyes. Con respecto a los campesinos se endurecieron sus condiciones. En Cataluña, para evitar la huida de campesinos, se les adscribió a la tierra como siervos, y sólo podían abandonarla mediante la compra de su libertad, los conocidos como “payeses de remensa”.
Las dificultades económicas provocaron un fuerte descontento social en el campo y en las ciudades. Por fin, fueron muy significativos los pogromos contra los judíos, a los que el pueblo llano odiaba por la relación de aquellos con el dinero, los negocios y el préstamo en una época de crisis. Además, se les acusaba de ser los responsables de la extensión de la Peste Negra porque supuestamente corrompían el agua y el aire, como se vio en los asaltos a las juderías catalanas en 1348. Los judíos se convirtieron en el “chivo expiatorio”. A partir de 1391 la oleada de antisemitismo, nacida en Castilla, se extendió por toda la Península. Muchos judíos optaron por la conversión para sobrevivir, surgiendo la figura del converso, sobre la que terminaría recayendo la sospecha de su posible falta de sinceridad religiosa, alimentando un fenómeno histórico, genuinamente hispano, que se desarrolló de forma evidente en la Edad Moderna.
En Barcelona no se vio libre de la crisis demográfica por la peste. Anteriormente, en 1333 hubo una gran hambruna. En 1348 la peste entró en la ciudad provocando una gran matanza. Resurgiría periódicamente en muchas ocasiones hasta los últimos años del siglo XV. Miles de barceloneses perdieron la vida en esta catástrofe demográfica. Pero, además, en 1359 la ciudad fue asediada por mar por la marina castellana de Pedro I el Cruel, en la denominada Guerra de los dos Pedros (1356-1375), es decir, entre este monarca y Pedro IV de Aragón. Para colmo, Barcelona sufrió un terremoto el 2 de febrero de 1428, el denominado Terratrèmol de la Candelera porque tuvo lugar en la época de la Candelaria. El temblor tuvo su epicentro en Camprodrón. Pero, en realidad, hubo más temblores previos durante todo el año de 1427. En Barcelona murieron unas veintisiete personas.
En este contexto de crisis la ciudad sufrió el asalto al Call en 1391, dentro de la vorágine de antisemitismo que asoló toda la península Ibérica, produciendo una verdadera matanza. Todo comenzó el 5 de agosto de ese año en la festividad de Sant Domenec. Algunos supervivientes huyeron para refugiarse en el Castell Nou, pero a los pocos días se les conminó a que o se convertían o serían pasados a las armas. En la matanza de 1391 pudieron morir unos trescientos judíos, mientras que otros se convirtieron. Las autoridades condenaron a la horca a algunos de los líderes. Algunos judíos intentaron resucitar el barrio y pudieron recibir el apoyo real, pero, realmente no se recuperó, y posteriormente, en 1401, el rey Martín lo clausuró.
En todo caso, en el siglo XV destacaría en Cataluña una figura muy importante de la literatura hispano-hebrea, el poeta Shelomó ben Reubén Bonafed, nacido en Lleida. Fue testigo de la Disputa de Tortosa y del fenómeno de las conversiones. Su obra tendría un acusado sentido satírico y polémico tanto hacia los cristianos como sobre los conversos.
La economía de Barcelona, en principio, parecía que no se estaba viendo afectada tan negativamente por el fenómeno de la subida de precios. Eso favoreció una situación especulativa, pero, además, al disminuir la población se produjo la concentración de capitales. Pero, posteriormente, el comercio marítimo entró en crisis por un evidente aumento de la piratería en el siglo XV, que fue el siglo donde se puso de manifiesto claramente la decadencia de Barcelona más que en el XIII. La apertura de las rutas oceánicas por parte de los portugueses y el descubrimiento de América terminarían siendo perjudiciales para la ciudad porque se desplazó el núcleo fundamental del comercio del Mediterráneo al Océano Atlántico, un hecho que también afectaría a las ciudades italianas. El endeudamiento de la Monarquía y las revueltas sociales urbanas y rurales también serían factores que explicarían que Barcelona estaba perdiendo su primacía económica en la Corona de Aragón. Por otro lado, la crisis económica terminó apareciendo no sólo por los primeros problemas comerciales sino también por un considerable aumento de la deuda pública. Barcelona tuvo que recurrir a emisiones de deuda pública para poder financiarse. Se emitieron títulos de rentas perpetuas, los censals, con un interés del 7’14%, o vitalicios, los denominados los violares, con un interés del 14’28%. Si a esos unimos la caída considerable de ingresos por la fiscalidad municipal, podemos entender la magnitud de la crisis. Que Pedro IV decidiera cambiar de moneda, del cruzado al florín en 1346 tampoco ayudó mucho porque hubo que imponer fuertes cargas para mantener a flote la nueva moneda. El cruzado (croat barceloní) había sido hasta el momento la moneda catalana, instaurada en 1285 por Pedro III.
La llegada de los Trastámara tampoco no fue muy positiva para la ciudad porque la nueva dinastía desplazó el centro del poder fuera de Barcelona. En 1416 estalló el conflicto del vectigal, es decir, un impuesto sobre las transacciones de carne y pescado fresco, que enfrentó al Consell de Cent con el rey Fernando I. Al parecer, unos emisarios del rey habían comprado género y no quisieron pagar el impuesto. El conseller segon, Joan Fiveller, protestó ante el monarca. El contencioso terminó por solucionarse. El rey no pagó, pero lo hizo en su nombre uno de sus funcionarios, Bernart de Gualbes.
Por otro lado, hay que reseñar que en tiempos de Fernando I se editaron las Constitucions i altres drets de Catalunya, una compilación de las leyes catalanas, realizada por sugerencia de las Cortes de Barcelona de 1413.
En el siglo XV se habían perfilado dos grandes grupos en la ciudad de Barcelona. Por un lado, estaría los denominados “ciudadanos honrados” (ciutadans honrats), es decir, grandes comerciantes, pero también grandes rentistas, ya que, la crisis económica había provocado que un sector de la burguesía mercantil decidiese invertir en valores más seguros, como la tierra y las propiedades urbanas. Unos y otros constituían el patriciado urbano, es decir, la oligarquía que controlaba el gobierno municipal a través del partido de la Biga. Por otro lado, se encontraban los mercaderes, los profesionales y menestrales o artesanos que constituían un grupo que demandaba profundas reformas ante las dificultades económicas que padecían. Esas reformas atacaban los privilegios de la Biga. Con el apoyo de la realeza crearon su propio partido, la Busca (“astilla” o “viruta”, en catalán).
El lugarteniente real intervino en el conflicto posibilitando que la Busca accediera al gobierno municipal de Barcelona en el año 1453. Se mantuvo en el poder hasta 1462 cuando estalló la guerra civil. Durante este período de gobierno los buscaires, es decir, los miembros de la Busca, emprendieron las reformas perseguidas: devaluación de la moneda para abaratar los productos catalanes y, de ese modo, ser competitivos en las exportaciones; medidas proteccionistas de la industria textil; así como, medidas políticas conducentes a democratizar el gobierno municipal.
Pero la Biga seguía controlando instituciones claves como las Cortes y la Generalitat. Desde estos dos resortes de poder se opusieron a las reformas de la Busca porque perjudicaban sus intereses. La devaluación de la moneda provocaba una clara disminución de sus rentas y el proteccionismo impedía a los grandes comerciantes la importación de textiles extranjeros de lujo, cuya venta les producía grandes beneficios.
El conflicto de la Biga y de la Busca terminó por integrarse en la Guerra civil catalana de 1462, con el conflicto de los payeses de remensa en el campo, así como con el enfrentamiento de esa oligarquía barcelonesa con Juan II, partidario de fortalecer el poder real frente al tradicional pactismo.
La Guerra civil catalana se complicó con deserciones de uno y otro bando y con la intervención extranjera. Al final, en 1472 el conflicto terminó con la rendición de Barcelona y la firma de la Capitulación de Pedralbes, en la que el monarca adoptó una actitud conciliadora. A pesar de haber llegado la paz, Cataluña quedó arruinada.
Los payeses de remensa eran campesinos de la denominada Cataluña Vieja, que trabajan tierras ajenas, pero a las que se hallaban adscritos con carácter hereditario. Podían librarse de esa sujeción mediante el pago de una redención, la “remensa”. Se calcula que podían ser un cuarto de la población catalana, aproximadamente. Era un grupo social de condición servil.
En el siglo XV los payeses de remensa protagonizaron una larga revuelta en contra de los denominados “malos usos” y en defensa de su libertad. Esos “malos usos”, además de la remensa, eran los siguientes: la intestia, por la que el señor se quedaba una parte de los bienes de un payés fallecido sin testamento; la exorchia, que otorgaba al señor una parte de los bienes del payés fallecido sin descendientes; la cugucia, prestación que recibía el señor en el caso de que la mujer del campesino cometiera adulterio; la arsia, que era un castigo al payés en el caso de que se produjera un incendio en el predio que trabajaba; y la firma de spolii, prestación que se entregaba al señor por la autorización que daba para hipotecar los bienes que se habían entregado entre sí los esposos.
Su revuelta pretendía, en consecuencia, acabar con su condición servil. El conflicto terminó por extenderse por toda Cataluña entre los años 1450 y 1480. Consiguieron que los “malos usos” fueran abolidos, a cambio de algunas concesiones, por la Sentencia Arbitral de Guadalupe, dada por Fernando el Católico el 21 de abril de 1486.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.