El ensanche de Cerdà. III
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La reina Isabel II inauguró las obras del Ensanche al poner la primera piedra en lo que después sería la Plaza de Cataluña, el 4 de septiembre de 1860. Pero las obras no prosperaron mucho en esa década. El ritmo se aceleró, en cambio, en la siguiente década porque los inversores comenzaron a ver las posibilidades de ganancia. Fue un momento de retorno de muchos indianos que encontraron en la construcción del ensanche una oportunidad de oro para colocar sus inversiones. Esa fue la época de la denominada “fiebre de oro”. Pero la búsqueda de beneficios no sería muy buena para el plan en sí porque repercutió en la considerable reducción de los espacios verdes diseñados al principio, así como de los equipamientos. Además, se terminaron de construir todos los lados de cada manzana, cuando en el proyecto inicial solamente debían ser dos los lados a construir. La Exposición Universal de 1888 y el empuje de la burguesía con el modernismo en el último cuarto de siglo impulsaron la construcción del ensanche.
El Plan Cerdà establecía una clasificación del espacio urbano, en “vías” e “intervías”. Las primeras estaban dedicadas a la movilidad, al soporte de las redes de servicio, como el agua, el saneamiento o el gas, al arbolado, el alumbrado y el mobiliario urbano. Las “intervías” serían los espacios para la vida, es decir, las manzanas o islas. Habría dos hileras de de edificios plurifamiliares con patio interior para que todas las viviendas recibieran la luz natural y estuvieran debidamente ventiladas, en línea con todo el pensamiento higienista decimonónico. Era un modelo que buscaba el equilibrio y la conciliación entre lo urbano y lo rural. Cerdà daba mucha importancia a la persona por encima de los “continentes”. La vivienda era lo fundamental y era la que vertebraba la ciudad.
“Urbs o urbe todo grupo corto o numeroso, pequeño o extenso, de viviendas” (Cerdà, Teoría General de la Urbanización)
Fue un defensor a ultranza de la vida privada que se desarrollaba en el domicilio. Aunque consideraba que la vivienda ideal era la aislada, pero en la ciudad había que construir en altura en edificios plurifamiliares, pero había que cuidar la distribución, la ventilación y la llegada de la luz, de ahí que la manzana no podría estar construida por todos sus lados, algo que no terminaría por respetarse, como es sabido. Los parques y los jardines interiores de las manzanas eran clave en la teoría de Cerdà, aunque con la construcción total de la manzana, como hemos comentado, se desvirtuaron mucho sus ideas proyectadas. También eran fundamentales los árboles en las calles. --La movilidad era muy importante para Cerdà. Por eso, defendió una gran anchura para las calles, algo poco frecuente hasta el momento. Había que evitar la excesiva densidad. Además, pensó en el futuro del tráfico, y en que había que dejar muy clara la separación entre los espacios dedicados a esa movilidad de los de la convivencia social.
“El siglo XIX es el siglo del movimiento pues hoy todo es movimiento, todo expansión, todo conunicatividad”
(Gaudí, Teoría General de la Urbanización)
La manzana fue, como estamos viendo, clave en el ingeniero, con construcción en dos lados. Con ello se evitaba la excesiva densidad. La especulación alteró este principio. Las manzanas debían regirse por la geometría, e impuso el chaflán en sus vértices. Cerdà justificó el empleo del chaflán por la visibilidad que daba a la circulación rodada, además de que mejoraba dicha circulación tanto para los giros de los vehículos como porque ampliaba sustancialmente la superficie para el tráfico. Fue un visionario, sin lugar a dudas, en este sentido, aunque existe el antecedente urbanístico argentino en un decreto de Bernardino Rivadavia en 1821.
El escritor Víctor Balaguer presentó un proyecto de nomenclatura de las calles del Ensanche con nombres dedicados a la Corona de Aragón, es decir, calles de Aragón, Valencia, Mallorca, Rosellón, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Nápoles… Otro grupo de calles debían recordar las instituciones catalanas, esto es, las Cortes Catalanas, la Diputación, el Consell de Cent…, así como personajes claves como Pau Claris, Lauria o Roger de Flor. Gran parte del proyecto se adoptó, aunque con importantes modificaciones. En la dictadura franquista se cambiaron algunos nombres que se recuperaron con la llegada de la democracia.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.