El integrismo balear y los banquetes masónicos (1882)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Uno de los aspectos que más criticaba el integrismo en relación con la masonería era su visibilidad en la sociedad española en tiempos de la Restauración porque consideraba que supuestamente vulneraba la Constitución. Desde este sector ideológico, político y religioso se consideraba que la masonería no podía realizar actos públicos porque el artículo 11 de la Constitución especificaba que solamente se permitirían las ceremonias y manifestaciones públicas de la religión del Estado que era la católica. La masonería era considerada por el integrismo como una secta y, por lo tanto, no debía permitirse que organizase ningún acto público, aunque también criticase, y con más vehemencia, el secretismo de la orden.
En este contexto hemos encontrado distintas referencias a críticas sobre actos públicos masónicos. Este trabajo versa sobre un caso concreto de crítica sobre los banquetes masónicos en restaurantes. El periódico integrista El Áncora (Diario Católico Popular de las Baleares), en su número del 3 de enero de 1882, trataba de esta cuestión en un artículo con el título de “Banquetes masónicos”.
La columna explicaba que ya hacía un tiempo que los masones salían a la luz, ostentando el mandil “al aire libre de la publicidad”, en alusión a una prenda fundamental de todo masón. Y añadían, además, que los masones estaban dominando, es decir que tenían “la sartén por el mango”, especialmente desde que el gobierno estaba dirigido por un masón, por Sagasta, una alusión muy constante hacia este político liberal, especialmente cuando ocupaba la presidencia del Consejo de Ministros en el turnismo de la Restauración.
El periódico afirmaba que no le pesaba el hecho de que se hicieran banquetes masónicos, es decir, que los masones salieran a la luz, por lo que no cargaban tanto sobre este hecho, aunque en el fondo sí, como se deduce de la lectura del artículo porque esos actos ofrecían una pésima imagen del Gobierno y del país, al permitirse que esos “murciélagos vuelen a la luz del día”, en una alusión claramente sarcástica. Salir a la luz demostraba que los masones sabían que podían hacerlo sin peligro y porque sabían también, según esta visión integrista, que eran una amenaza sobre los poderes para que siguieran sus directrices porque en caso contrario tendrían problemas, es decir, que si los masones salían a la luz no sólo era un ejercicio de tolerancia por parte del poder sino, además, una manera de influir o presionar para que se siguieran sus directrices.
El artículo explicaba que en la noche anterior se habían celebrado distintos banquetes masónicos en Fornos y otras fondos y restaurantes de Madrid, pero siempre en lugares lujosos y caros porque “la masonería tiene hoy el estómago muy bien educado”. Por fin, se añadía la crónica de estos actos que había publicado La Correspondencia Ilustrada.
Sobre el periódico podemos consultar el siguiente trabajo: F.J.Díaz de Castro e Isabel Moll Blanes, “El periodismo integrista. El Áncora. Palma de Mallorca (1880-1900)”, en Mayurqa, n.º 19 (1979-1980), págs. 189-203 (en la red).
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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