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La conjuración de Venecia (1618)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En 1607, Alonso de la Cueva y Benevides, noble caballero de la Orden de Calatrava, fue nombrado embajador de Felipe III de España ante la Serenísima República de Venecia. Unos años más tarde, ante su buena actuación frente a una potencia nada amiga de los Habsburgo españoles, fue distinguido con el título de marqués de Bedmar. Su labor consistió en vigilar su actividad con el cercano Imperio otomano, observar las relaciones de Venecia con la Francia siempre enemiga de España, controlar la colaboración de los venecianos con otros príncipes italianos y espiar los preparativos de cualquier campaña contra los Habsburgo de Austria. De ahí que montara una red de espías, donde pronto destacó Angelo Badoer, de poderosa familia y en permanente contacto con el gobierno veneciano. Además, tenía experiencia como confidente pues había estado al servicio de los Estados Pontificios anteriormente.

A comienzos de 1618, el virrey español en Nápoles, duque de Osuna, defendió la idea de hostigar a la Serenísima ante sus acercamientos a Saboya, pero Felipe III y el duque de Lerma prefirieron elegir la paz. Una flota que el virrey había mandado desplegarse cerca de Venecia, tras unas maniobras, se retiró, pero el gobierno veneciano temió una invasión. En este ambiente de relativo peligro estalló la crisis derivada de una presunta conjuración hispánica.

Algunos jefes mercenarios al servicio de Venecia buscaron dinero a base de vender planes para acabar con el gobierno de la Serenísima, el cual lo supo y ordenó detenciones. Según las fuentes oficiales, los rebeldes pretendían ocupar los puestos clave de la ciudad -la Zecca y el palacio ducal- incendiar la flota y el arsenal, entregar Chioggia y Crema a los españoles y proclamar la soberanía de los Habsburgo en todo el territorio veneciano. Acusaron como jefes supremos de la conspiración al embajador español, al virrey de Nápoles -duque de Osuna- y al marqués de Villafranca. Como consecuencia de esta crisis diplomática, el marqués de Bedmar se trasladó al Milanesado español en junio, donde recibió la orden de viajar hasta Flandes como embajador.

¿Fue cierta la acusación de los venecianos? ¿Se encontraban los representantes de la Monarquía Hispánica al frente de la conjura de 1618? En los ambientes de Madrid se consideró desde un primer momento que todo había sido una falsedad inventada por los gobernantes venecianos, con el fin de ocultar sus vergonzosos acercamientos a los turcos, en busca de alianzas. No es que dos enemigos tradicionales buscaran un acuerdo, es que resultaba, en aquellos tiempos, escandaloso que una potencia católica acordara una serie convenios de con una musulmana contra otra potencia cristiana, como denunció el cardenal Borja ante el secretario de Felipe III en una carta personal, fechada en diciembre de ese año. No obstante, los venecianos lograron alejar al audaz embajador español, el cual podía representar un peligro para los intereses de la oligarquía veneciana. Sus contactos con los jefes mercenarios y espías, anteriores al mes de mayo, fueron suficientes para acusarle de participar en ese proyecto.

A continuación, los venecianos intentaron laminar al virrey de Nápoles, ya que, a principios de 1620, su embajador en Madrid se quejó de que apoyaba a piratas que amenazaban la flota y las bases de la Serenísima República. Lo cierto es que el duque de Osuna fue calificado como un virrey excesivamente autónomo y fue depuesto, siendo sustituido por el cardenal Borja. En el mes de abril, Osuna fue detenido en Madrid acusado de comentarios insultantes contra el rey, falleciendo durante su encarcelamiento. En consecuencia, las relaciones hispano-venecianas se pacificaron con el advenimiento del nuevo monarca, Felipe IV, el cual, cuando su hermana la infanta María se trasladó a Trieste para contraer matrimonio con el emperador Fernando de Habsburgo, no dudo en aceptar que viajara en barcos venecianos, ante la negativa de la ciudad a permitir el tránsito de la flota española por sus aguas.

 

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.


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