El republicanismo catalán en el siglo XX hasta la República
El panorama político republicano catalán fue, sin lugar a dudas, complejo por la diversidad de formaciones y por las relaciones entre las mismas.
- Publicado en Historalia
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
El panorama político republicano catalán fue, sin lugar a dudas, complejo por la diversidad de formaciones y por las relaciones entre las mismas.
En estos tiempos ha reverdecido de forma evidente el espíritu republicano entre la opinión pública española a raíz de los acontecimientos que hemos conocido en relación con personajes fundamentales de la Corona. Parece que esos hechos del pasado más o menos reciente y hasta del propio presente han hecho que el republicanismo resucite después de algún tiempo relativamente largo en el que había permanecido como en estado latente y solamente defendido por minorías.
Los demócratas fueron activos miembros desde el Pacto de Ostende de 1866 en el movimiento que condujo a la Revolución de septiembre de 1868 para terminar con el régimen isabelino. En ese mismo otoño, entre octubre y noviembre hubo tres asambleas del Partido, donde la idea de la apuesta republicana tuvo un evidente éxito, naciendo de ese modo el Partido Republicano Federal. La minoría, más moderada, que consideró que en ese momento había que estabilizar las libertades conquistadas, optó por defender el modelo de Monarquía democrática, en línea con progresistas y miembros de la Unión Liberal. Eran los demócratas monárquicos, más conocidos como los cimbrios, con Cristino Martos y Nicolás María Rivero, como líderes principales. Para los cimbrios la República debía esperar a un futuro donde, en su opinión, el pueblo español tuviera más cultura política.
El socialista Volney Conde-Pelayo Urraza 1889-1972) fue hijo del conocido como médico de los pobres de Portugalete. Ganó la plaza de bibliotecario de la Biblioteca Municipal de Bilbao, en cuya Agrupación Socialista ingresaría. En la guerra tuvo responsabilidades en relación con los Archivos, Bibliotecas y Bellas Artes en Euskadi, siendo perseguido y encerrado en distintos campos de concentración al terminar la guerra. Escribió algunas obras, como Artículos marxistas: vida y teorías de Marx (1931). Conde-Pelayo contribuyó con artículos en El Socialista. En la sección de “Folletos” de este periódico publicó un largo trabajo, en el verano de 1930, sobre la Primera Internacional, con el título de “La Internacional de 1864”. El socialista vasco era un gran conocedor de la bibliografía, como podemos observar en este trabajo. En este artículo queremos reseñar los prolegómenos de la creación de la organización de su mano, animando a que los lectores para que se acerquen a la fuente original y lean el texto.
Al igual que en relación con el sufragio, la militancia en las fuerzas republicanas y obreras, y la participación en la masonería, en el ámbito del librepensamiento a la hora de tratar sobre la mujer hemos constatado que se basculó entre la defensa de la emancipación de la misma y un indudable paternalismo.
El destacado socialista italiano publicó un libro ya clásico, La lucha de clases en Italia, con prólogo de Filippo Turati, y que en España salió en 1931, con una traducción de Germán Gómez de la Mata. Antes de esta traducción, El Socialista sacó un fragmento del libro, en el mes de agosto de 1930, con el fin de que los lectores reflexionasen sobre el fascismo y el proletariado en un plano más allá del caso italiano. Rescatamos el texto casi cien años después porque aporta materiales para la reflexión.
El PSOE desarrolló desde sus inicios una nítida línea obrerista de enfrentamiento con lo que en el momento fueron denominados “partidos avanzados”, es decir los partidos republicanos, porque los socialistas consideraban que, independientemente de su progresismo, representaban a una parte de la burguesía, por lo que, bajo el principio de la lucha de clases se hacía inviable acercamiento alguno y, mucho menos, colaboración política y electoral. Cuando se alcanzó el sufragio universal se realizó un intenso esfuerzo para intentar demostrar a los trabajadores que no se encontrarían representados por los partidos republicanos, y que la única opción posible era la socialista. En todo caso, el PSOE no consiguió buenos resultados electorales, no sólo por esa competencia republicana, sino también por el desarrollado apoliticismo obrero español, y porque no debemos olvidar nunca que el sistema electoral del turnismo político era un entramado basado en el fraude de casi imposible destrucción por el momento.
Aunque es evidente el esfuerzo de las mujeres organizadas internacionalmente en favor de la paz antes, durante y después de la Gran Guerra, también es cierto que no fueron ajenas a los odios y rencores que aquella terrible conflagración generó entre Francia y Alemania. En otros momentos hemos estudiado o nos hemos acercado al pacifismo protagonizado por mujeres, pero hoy, hablaremos de todo lo contrario.
El día 14 de abril, por la tarde, en el Ateneo de Madrid, se desarrolló un acto titulado, “La Tercera República y el PSOE: hablan los militantes”, organizado por la Agrupación ateneísta Juan Negrín. Como bien explicó al final del acto Antonio Chazarra se trató de un acto con una triple dimensión. En primer lugar, lo fue de recuerdo en relación con la Segunda República, pero, sobre todo, se quiso dejar claro que se estaba ante un acto de afirmación republicana, y también de futuro en el camino hacia una Tercera República.
Entre las cuestiones que trató el Congreso de mayo de 1916 de la UGT, y que tanta trascendencia tuvo por el acercamiento a la CNT, estuvo el de la Inspección de trabajo. Es importante, además de la reclamación para que funcionara con suficientes miembros, que se incluyera a las mujeres en este servicio.
En la época del Sexenio Democrático existieron mujeres que militaron en las filas del republicanismo. Una de las más destacadas fue, sin lugar a dudas, la aragonesa Modesta Periú (1845-1871), de corta vida, pero de intenso compromiso en el federalismo. Participó en mítines, manifestaciones, publicó en diversos periódicos republicanos y llegó a aparecer en los Episodios Nacionales de Galdós. En 1869 estuvo en las barricadas en Zaragoza en la insurrección de signo republicano que allí aconteció. Periú siempre demostró un ímpetu revolucionario y republicano muy intenso, llegando a jugarse la vida. Desarrolló también un evidente compromiso con la causa de la emancipación de la mujer. Después de la insurrección se dedicó a escribir en la prensa y formó parte de la asociación zaragozana Tiro Nacional, para pasar a residir en Madrid, ya enferma, pero sin dejar de estar activa. Por sus escritos sería detenida y enviada a la Casa Galera de Madrid, la prisión para mujeres de la capital.
Las ideas republicanas se pueden observar en España ya en el propio siglo XVIII, aunque tendría que llegar el Trienio Liberal (1820-1823) para ver su primer desarrollo, especialmente como respuestas a la figura y política desarrollada por el rey Fernando VII, que había aceptado a regañadientes el cambio de régimen político, por la fuerza de los movimientos conspirativos de los realistas y ante la falta de profundización de las reformas liberales. En este contexto encontramos la sociedad secreta conocida como la Confederación de los Comuneros, que aprendió muchos aspectos organizativos de la Masonería, y que se conformó, además, con símbolos propios de la historia medieval y primera moderna española, como indicaría su pretensión de establecer un nexo de unión con los comuneros que se enfrentaron al comenzar el siglo XVI al rey Carlos. Reunió a un nutrido grupo de españoles que pretendía defender la Constitución de 1812 y la revolución liberal. Los comuneros no serían estrictamente republicanos, aunque algunos pudieron sentir simpatía hacia el establecimiento de una República, pero lo que les definía era su repulsa a la Monarquía encarnada en Fernando VII.
Una delegación de la Federación de Bruselas de las Sociedades librepensadoras acudió el domingo 19 de abril de 1931 al monumento a Ferrer i Guardia, levantado en su momento en la capital belga, y que Alfonso XIII quiso que se retirara, con motivo de la proclamación de la República española.
La Federación Sindical Internacional publicó en abril de 1931 un manifiesto para el primero de mayo que recordamos en este artículo porque, además de animar a a la lucha obrera realizar un análisis pormenorizado de lo que estaba ocurriendo en el mundo en lo económico, social y político.
Siempre nos ha interesado acercarnos a los aniversarios en el pasado sobre hechos acontecidos en un pasado más lejano. En este caso, a propósito del 14 de abril, queremos reflexionar a través del recuerdo de esta trascendental fecha veinticinco años después, es decir, en 1956. Y los vamos a hacer a través de la reflexión socialista desde el exilio, para recordar también noventa y dos años después, en nuestro presente, aquel abril de 1931.
La muerte del general belga Bernheim, héroe de la Gran Guerra, en París en febrero de 1931 cuando se encontraba visitando a su hija, provocó una polémica en Bélgica porque, como librepensador, había expresado en vida su deseo de ser incinerado. El difunto militar fue incinerado en París porque no se podía realizar en Bélgica, donde la incineración estaba considerada una práctica inadmisible.
En un artículo anterior de marzo de 2020 estudiamos los problemas de los dependientes de las carbonerías, teniendo que manejar grandes cargas, además de trabajar largas jornadas sin que se pagasen las horas extraordinarias, a finales de los años veinte. Los sindicalistas del sector de la UGT achacaban la persistencia de estos males a que muchos trabajadores no veían la necesidad de sindicarse para poder presionar a la patronal.
Luis Araquistáin hizo su particular interpretación sobre las elecciones del domingo 12 de abril de 1931, que a través de la Agencia Sirval publicó El Socialista el 14 de abril, y que lleva por título “Las urnas de Pandora”.
En este nuevo artículo de opinión sobre la interpretación, que no juicio, como explicamos en la pieza anterior, acerca de Juan Carlos I queremos plantear unas reflexiones sobre la legitimidad de su cargo y sobre la ingratitud del mismo.
El proceso constituyente de la Segunda República supuso un momento crucial de una gran relevancia porque se tradujo en un intenso debate entre distintas posturas y sensibilidades, ya que, en el mismo se intentaba democratizar el sistema liberal clásico, ya superado por la Dictadura de Primo de Rivera, en clara polémica con las resistencias al cambio de otros sectores políticos, sociales y económicos, y ante las urgencias de una gran parte de la sociedad española con tantas carencias y dificultades.
Al calor de lo que se nos ha presentado en el diario El País, se nos ha ocurrido, aunque de forma modesta, hacer algunas reflexiones, si los lectores y lectoras nos lo permiten, y que no serán las únicas sobre el tema, ya que prometemos más entregas porque el tema da para más, sin lugar a dudas.
En este artículo estudiamos las distintas corrientes no marxistas en el siglo XIX en relación con la mujer.
El Socialista homenajeó en sus páginas a los que consideró “los héroes del día” en la decisiva jornada electoral del 12 de abril de 1931.
El principal problema que tenían los dependientes de vaquerías en Madrid a comienzos de los años veinte tenía que ver con que no se cumplía el descanso semanal.
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