EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ En 20 minutos

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

El sol y la luna en masonería

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

¿Qué simbolizan el sol y la luna en masonería?

«El sol simboliza la luz, que debe alumbrar y guiar al masan, así como su calor simboliza el fuego sagrado que debe vivificar su alma.

La luz recibida de la luna es aqui una advertencia para que recibamos con docilidad y aprovechemos con discernimiento la: luces que se nos comunican».

Fuente: Francmasonería: ritual del aprendiz masón que contiene el ceremonial, la esplicación de todos los símbolos del grado, etc.,

J.M. Ragon; traducido por S. de G., Barcelona, 1872

Las mujeres de Huelva por la rebaja del pan

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

Las mujeres fueron verdaderas protagonistas de la protesta social en tiempos de la Gran Guerra y en la inmediata posguerra en España porque ellas eran muy conscientes del gravísimo problema que supuso la vertiginosa subida de los precios de los productos básicos, es decir de una inflación galopante. En toda España se manifestaron para luchar por la rebaja de los precios, siendo muy relevantes los movimientos en Barcelona y en Málaga, sin olvidar Galicia.

El barón Jean Hyppolite de Colins y el socialismo

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En los inicios del socialismo belga, además de la figura y obra de Jacob Kats, se encuentra un personaje que merece que nos detengamos en él. Nos referimos al barón Jean Hyppolite de Colins (1783-1859), miembro de una antigua familia de la nobleza. Se marchó a París con el propósito de estudiar en la Escuela Politécnica, pero terminó haciéndose militar para servir a la República y a Napoleón. En tiempos de la Restauración se marchó a Cuba donde practicó la agricultura y la medicina. En la isla tuvo relación con un polifacético coruñés, Ramón de la Sagra. Al estallar la Revolución de 1830 regresó a Francia. También estuvo en Viena conspirando. En 1834 publicó la obra Pacto Social, donde comenzaron a perfilarse sus ideas. Partiendo del liberalismo, se pueden rastrear algunas premisas socialistas en un sentido reformista, especialmente cuando vincula la justicia social con la verdadera libertad.  

Socialismo utópico y mujer en Francia

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

El movimiento sansimoniano dedicó también su atención hacia la mujer a través de la figura de Barthélemy Prosper Enfantin, muy preocupado en dicho movimiento hacia los cambios morales y sociales, frente al interés de Saint-Armand Bazzard por la reforma política, como hemos visto anteriormente. En realidad, los considerados como Padres Supremos de la Escuela no tenían mucho en común y el antagonismo entre ambos se desató, precisamente, en relación con la cuestión de la mujer. Enfantin formuló en 1831 una teoría sobre las relaciones entre los dos sexos combatiendo lo que consideraba la tiranía del matrimonio, planteando como alternativa el amor libre. Hay que destacar que las ideas de Enfantin se basaban en la lectura que había hecho de las obras de Fourier.

La doctrina social de la Iglesia

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Aunque no podemos hablar de socialismo de la Iglesia Católica, no podemos negar que la cuestión social incidió en la misma y terminó por obligarla, en cierto modo, a plantear una doctrina social, por lo que nos parece conveniente realizar una aproximación a esta cuestión en un libro donde estudiamos el socialismo. Que se comenzara a plantearse la cuestión social se debió a dos causas. Una de ellas tenía que ver con el hecho de que la situación de amplias capas de la sociedad se había hecho muy dura, pero, además, el movimiento obrero era contemplado como un desafío porque desde el mismo se cuestionaba a la propia Iglesia, y los trabajadores se estaban alejando de la misma.

Fourier

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Charles Fourier (1772-1837) imaginó una sociedad ideal de comunidades de hombres y mujeres, a la que denominó falansterios. Serían poblaciones con 1.600 habitantes, entre los que se distribuirían las funciones y trabajos alternativamente, para evitar la excesiva especialización, es decir, que se combinaba la comunidad en sí de residencia, como la producción y el consumo. En los falansterios se respetaría la propiedad privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de producción serían comunes, empezando por la tierra. Los falansterios serían grandes edificios, que recuerdan los palacios barrocos, en cuya parte central se encontrarían las dependencias para las funciones comunes, como los comedores, las salas de estudio, biblioteca y salas de reuniones y para asambleas. En un ala estarían los talleres y cocinas, y en la otra los baños y los espacios para las relaciones con las personas del exterior. Los falansterios debían contar con jardín de invierno, teatro, iglesia, depósitos y establos. Todo estaría comunicado a través de grandes galerías que facilitarían las reuniones y la circulación de las personas. En otros lugares de las alas estarían las viviendas.

El socialismo en la Revolución francesa

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La igualdad fue un principio que la burguesía revolucionaria francesa hizo acompañar a la libertad por dos motivos. En primer lugar, porque se estaban criticando los privilegios y el principio de la desigualdad ante la ley que eran los pilares de la sociedad del Antiguo Régimen. Pero también porque buscaba el apoyo popular para terminar con ese orden, considerado ya caduco, pero que se resistía a morir y que tenía, además poderosísimos apoyos más allá de las fronteras francesas. Pero la incorporación del principio generó de inmediato un problema, y que pasaba sobre la interpretación del mismo. La libertad era un principio muy claro, pero la igualdad podía ser interpretada tanto como un principio en relación con la ley, pero también con una dimensión social. La Asamblea Constituyente dejó muy claro que la igualdad tenía que ver con la primera de las alternativas porque, a continuación, reconoció la propiedad como un derecho fundamental.

El socialismo cristiano francés

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En Francia destacaría en el seno del socialismo cristiano la figura de Félicité Robert Lamennais (1782-1854), que fue filósofo, teólogo católico y un pensador que desarrolló el catolicismo liberal, condenado por las encíclicas Mirari vos (1832) y Singulari Nos (1832). Lamennais pensaba que podría alcanzarse la justicia social dentro de los principios de la cristiandad. Sacó un periódico, L’Avenir (El Futuro), que llevaba el significativo subtítulo de “Dios y la Libertad…l Papa y el Pueblo”. El problema era, como ya hemos apuntado más arriba, que Roma no estaba en esa línea, procediendo a la excomunión. En el año 1834 publicó Palabras de un creyente, con el que claramente se selló la separación con el papado. En 1840 publicó, La moderna esclavitud. Lamennais consideraba que la propiedad privada era la principal causa de la miseria, y entendió que el asociacionismo obrero era el medio para conseguir la igualdad de los bienes. 

Ludwig Gall y George Büchner como precursores del socialismo alemán

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Ludwig Gall (1791-1863) constituye un precedente de la época de creación de asociaciones socialistas o comunistas de obreros y artesanos alemanes. Y lo es porque sus escritos fueron los primeros que en este ámbito pusieron el acento en el antagonismo ente los ricos y los pobres. En 1825 publicó un folleto con el título de ¿Qué puede ayudar? donde incidía en el abismo entre unos y otros, cada vez más profundo con cada conquista en las artes y las ciencias. Gall defendió que debían crearse asociaciones profesionales. Vio en la cooperación entre los campesinos con poca tierra y los artesanos el medio para detener el empobrecimiento del pueblo, pero no llegó a defender la lucha revolucionaria ni la expropiación de los capitalistas. Se podría afirmar que Gall estaba defendiendo una especie de socialismo de pequeños propietarios, con miedo por la proletarización, pero sin terminar con la propiedad privada. 

Théodore Dézamy

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Théodore Dézamy (1808-1850) puede ser considerado el más destacado comunista premarxista francés. Su concepción del mundo fue eminentemente materialista. Adoptó la crítica de Fourier a lo que se denominó la “anarquía capitalista” y puso la lucha de clases en el punto central de la sociedad. No sería una lucha entre pobres y ricos, sino que expresó claramente que era entre el proletariado y la burguesía. La sociedad comunista sería aquella donde habría trabajo común para todos, libre consumo en función de las necesidades de cada cual y enseñanza comunitaria. Precisamente, la educación constituía para este autor un instrumento que debía servir para el desarrollo en todos sus aspectos y no destinarse para una función determinada. Por eso, los profesores y científicos debían tomar parte en los trabajos manuales, y los trabajadores manuales se beneficiarían con la ciencia y el saber. No habría ejércitos “guerreros”, sino ejércitos “industriales” para transformar la tierra.

El templo masónico como símbolo

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Pues sí, el propio templo másonico donde las logias desarrollan sus tenidas también es un símbolo. Veamos lo que nos dicen las fuentes, al respecto:     

Los socialistas ricardianos

(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En los inicios del siglo XIX surgió un conjunto de pensadores en Gran Bretaña que podemos calificar de teóricos socialistas y que Marx bautizaría como “socialistas ricardianos” en su obra Miseria de la Filosofía (1846), y que luego Engels trataría en el prefacio de la edición que salió en 1883. Marx consideraba que este grupo de pensadores británicos se había inspirado en David Ricardo, especialmente en su teoría del valor, que se creaba a partir del trabajo, por lo que, en consecuencia, el mismo tendría todo el derecho a recibir lo que producía. 

Saint-Simon

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Henri de Saint Simon (1760-1825) era un noble de ideas liberales que propuso un desarrollo racional de la industria para superar los enfrentamientos sociales. Saint-Simon tenía una fe ciega en la ciencia como motor del progreso, que se alcanzaría a través del desarrollo de la industria, que debería organizarse. Se podría llegar una nueva sociedad, pero sin saltos revolucionarios, sino de forma pacífica. En este proceso existiría una clase industrial que, a través de un método persuasivo, convencería de la necesidad de que se traspasase el poder político a la misma. Esa élite proporcionaría el bienestar general. Esa clase estaría formada por los cultivadores, los fabricantes y los negociantes, es decir, lo que producían e intercambiaban lo producido. El gobierno político se transformaría, en consecuencia, en un gobierno de la administración de las cosas. Estas ideas aparecieron en tres de sus obras, El organizador (L’Organisateur), publicado en 1819; Del sistema industrial (Du système industriel), publicado entre 1821 y 1820; y el Catecismo de los industriales (Catéchisme des industriels), publicado en el año 1823. 

La bóveda celeste en el templo masónico

(Tiempo de lectura: 1 minuto)

La bóveda celeste es un símbolo de la universalidad. Por ello, constituye la cubierta del templo.

Como tal bóveda celeste se decora con las constelaciones de un fondo azul que debe ser más claro hacia el lado del Oriente porque de allí emana la luz que se representaría por la aurora, y se debe ir oscureciendo a medida que se llega al lado de Occidente donde se representa el Ocaso.

El socialismo polaco. Tercera Parte

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La cuestión nacionalista siempre estaba presente en el ámbito socialista polaco. En 1899 los socialistas ucranianos de la región de Galitzia crearon una organización propia. Pero, además, los socialdemócratas del Imperio austrohúngaro comenzaron a debatir que podría crearse una organización política supranacional o constituir una serie de organizaciones nacionales socialistas coordinadas. Los socialistas polacos estaban a favor de la segunda solución, y por ello proclamaron que el PPS constituía la organización nacional socialista de todos los polacos, independiente de que estuvieran bajo dominio austriaco, alemán o ruso. Este mismo debate se dio en Alemania, y ante ello, los socialistas polacos solicitaron que se proclamasen candidatos de habla polaca en las elecciones en aquellas circunscripciones electorales con población mayoritaria polaca, especialmente en la Alta Silesia. Wilhelm Liebknecht apoyó esta petición, considerando que los socialdemócratas alemanes no podían dudar del derecho de los polacos a su independencia. En este debate sería importante la postura de Rosa Luxemburgo y de su grupo, siempre contrario en sí al nacionalismo polaco. Rosa Luxemburgo se había nacionalizado alemana. Al final, se llegó a una especie de solución de compromiso, por la que se designarían candidatos en lengua polaca en unas circunscripciones y otros de lengua alemana en zonas de donde hubiera mezcla de nacionalidades.

La Basiliada

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El autor principal del género utópico francés ya en pleno siglo XVIII fue el abate Morelly, que en el año 1753 publicó Naufrage des îles flottantes o Basiliada del célebre Pilpai, que pasó un tanto desapercibida, y su Código de la Naturaleza o el verdadero espíritu de las leyes (1755), que durante mucho tiempo se pensó que era de Diderot

La situación de los mineros de Tharsis hacia 1929

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Gracias al escrito que el Sindicato de los Obreros Mineros de Huelva presentó a las Comisión Interministerial inspectora de las condiciones de Trabajo en las minas de Tharsis podemos hacernos una idea de las condiciones de vida de los mineros a finales de los años veinte. El informe iba firmado por Ramón González Peña, en ese momento secretario general.

Historia de los sevarambas

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El escritor Deni Vairase d’Allais publicaba en 1677 su utopía Historia de los sevarambas. Se trataría de una tierra, supuestamente en Australia, donde habitaban los sevarambas, regidos por el rey Sevarias, que sustentaba su política sobre la idea de que las desgracias de la sociedad surgían por tres causas: el orgullo, la avaricia y la ociosidad. Por eso se abolió la nobleza y también la propiedad privada que, como vemos, siempre está en el origen de los problemas en todos estos planteamientos. Las tierras y demás bienes pasarían al Estado. El rey también había implantado la división del día en tres partes de ocho horas, para el trabajo, el placer y el descanso, en un claro precedente de la reivindicación del movimiento obrero en el último cuarto del siglo XIX.

Levellers y diggers

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En las Revoluciones inglesas del siglo XVII se desencadenaron unas tendencias latentes en el malestar de la población que iban más allá de la lucha entre el absolutismo y el parlamentarismo. Nos referimos a los levellers y los true levellers o diggers. Los primeros, es decir, los levellers aspiraban a establecer una democracia formal por encima de la aristocracia parlamentaria y la dictadura de Cromwell.El fundamento de la misma sería la pequeña burguesía, pero los diggers iban más allá al defender la redistribución de la propiedad, en una línea que podemos caracterizar de precursora del socialismo o del comunismo. Los diggers se basaban en la constatación de que con la caída de la monarquía habrían quedado abolidas las bases legales que mantenían la situación de privilegio de la nobleza rural, la que en tiempos medievales habría arrebatado la tierra a los campesinos. Esa tierra debía ser devuelta y en caso contrario, estaría legitimada la ocupación de la misma. Lo títulos legales habrían quedado prescritos. Es evidente que Cromwell se enfrentó a esta corriente, porque su poder se basaba en la gentry.

El socialismo polaco. Segunda Parte

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La relación entre el socialismo y la liberación nacional polaca, que ya vimos aparecer a raíz de la primera represión, se acentuó en la última década del siglo XIX, y esta vez en el mundo de la emigración. En las distintas publicaciones que se pusieron en marcha en el extranjero se debatió mucho esta cuestión concluyendo que había que imbricar la lucha por la emancipación obrera hacia el establecimiento de un orden socialista con la lucha por la independencia de Polonia. La principal figura que teorizó sobre esta vinculación fue Stanislaw Mendelson. Consiguió que algunos socialdemócratas alemanes, como August Bebel, se interesaran por la cuestión polaca.

Suscribirse a este RSS

Hacemos el periodismo que la sociedad necesita
¡Tú lo haces posible!

 

El periodismo verdaderamente independiente no responde a intereses corporativos ni políticos; responde únicamente a sus lectores. Para seguir investigando, destapando realidades incómodas y garantizando una información rigurosa, libre de censura y con firmes valores sociales, necesitamos tu apoyo.

Cada aportación económica es el escudo que protege nuestra libertad y la garantía de que las historias que importan sigan saliendo a la luz. Apoya hoy nuestro proyecto y defiende un periodismo libre.

 

*Si deseas hacer una donación a EL OBRERO a través de tarjeta de crédito (o cuenta bancaria asociada a Paypal), desde cualquier país del mundo, puedes hacerlo con el sistema de pago seguro PAYPAL, en el enlace "¡Apóyanos y dona!". Es muy sencillo operar con PAYPAL, y totalmente seguro. Paypal no comparte tus datos de cuenta o tarjeta con terceros, ni con EL OBRERO. En el último paso, Paypal te generará un recibo del pago efectuado. Muchas gracias por tu apoyo. Para cualquier duda, escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..