Los judíos se localizaban, fundamentalmente, en los núcleos urbanos. Sus actividades fueron muy diversas, destacando en la medicina y en las finanzas. Algunos judíos alcanzaron puestos relevantes en las cortes regias. Fueron adquiriendo, poco a poco, una gran hostilidad popular, fruto de la combinación de la predicación eclesiástica que los consideraba el “pueblo deicida”, y por otro lado, por su vinculación con el dinero y el préstamo. En la crisis bajomedieval, como tendremos oportunidad de ver, estalló una fuerte tendencia antijudía que se tradujo en persecuciones, violencia y aumento de conversiones. Los judíos se regían por las aljamas, especie de entidades, como si fueran ayuntamientos o reuniones de gente, que es lo que quiere decir en árabe. Constituían una reglamentación jurídica que regulaba la comunidad judía de cada lugar. Estaban regidas por los propios judíos: cobraba los impuestos destinados a la Corona, y los gastos y necesidades de la comunidad. El gobierno de la aljama estaba constituido por un consejo de ancianos, encargados de la administración fiscal y de la justicia. La aljama también contaba con una especie de servicio de vigilancia o de policía. Por su parte, Alfonso X creó la figura del “rab” como principal gobernante de todos los judíos del reino.