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Del Giuseppe Mazzini... del que nunca se habla


El mundo no es un espectáculo, es un campo de batalla.

Giuseppe Mazzini (1805-1872)

I. MAZZINI, ESE DESCONOCIDO POR ESTOS LARES

El haber vivido durante siglos de espaldas a Europa, a sus corrientes de pensamiento, a su historia y a su cultura hace que apenas tengamos noticia de figuras históricas muy relevantes.

A Giuseppe Mazzini que llegó a ser denominado ‘el alma de Italia’ suele recordársele, tan solo, como uno de los forjadores de la unificación italiana. El poco interés que despierta, también se pone de manifiesto, en que la mayor parte de su obra está sin traducir al castellano.

Sin embargo, es un personaje deslumbrante, lleno de contradicciones pero de firmes convicciones republicanas. Casi nadie recuerda que formó parte del grupo de activistas que fundaron la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores), fue precursor de conceptos y proyectos europeístas y aspiraba a que el viejo continente se convirtiera en una federación de repúblicas.

No se menciona apenas la influencia que tuvieron sus ideas en determinados círculos, ni que tuvo cierta relación con socialistas utópicos como Fernando Garrido o con republicanos como Emilio Castelar o con federalistas como Pi y Margall, por no mencionar más que de tres ilustres prohombres progresistas del momento.

Giuseppe Mazzini tuvo inquietudes sociales, ideas avanzadas en campos como el educativo y… se le puede considerar un reformador, aunque en el poco tiempo que tuvo responsabilidades de gobierno, no le fue posible llevar a la práctica sus proyectos.

Tampoco, se tiene habitualmente en cuenta, que fue un destacado periodista, que creó y dio vida a varios diarios que en su mayor parte fueron censurados y prohibidos al poco tiempo de ver la luz.

Fue incansable, tanto en la defensa de sus ideas como en el batallar político. Por todas estas razones, merece nuestra atención y que le dediquemos este pequeño ensayo como homenaje, pretendiendo poner algunos puntos sobre las íes.

II. MAZZINI Y LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE TRABAJADORES (AIT)

Antes de exponer, someramente, que estuvo entre los fundadores de la AIT es, conveniente que abordemos cómo estaban ordenadas las piezas en el tablero del momento histórico que le tocó vivir y cuáles eran los movimientos que podían esperarse de esas piezas y quien tendría el valor de alterarlas.

A Giuseppe Mazzini no se le estudia en nuestro país. No se le entiende y las pocas referencias que se hacen son, frecuentemente, tergiversadas. Naturalmente, tuvo contradicciones pero ¿quién no las padeció en esos años?

Hay quienes han pretendido descalificarlo con acusaciones de nacionalismo pero… ¿se hubiera logrado la unificación italiana sin el impulso de un ideal nacionalista aunque de carácter centripeto?

Para mí, fue un representante cualificado del liberalismo político, un republicano cabal, un intelectual en el que, todavía, quedan rescoldos del ardor ilustrado, un reformador y un activista incansable. Una verdadera fuerza de la naturaleza, capaz de insuflar vida a los más variados proyectos progresistas.

De todo esto, no se habla. Y mucho menos, de que procediendo de la clase media, fuese uno de los fundadores de la Asociación Internacional de Trabajadores. No suele tenerse en cuenta que el propio Karl Marx no era un obrero y que el único trabajador de este núcleo inicial era un representante de las ‘Trades Union’.

En 1864 tanto K. Marx como G. Mazzini se hallaban exiliados en Londres. Sus ideas eran claramente revolucionarias y alternativas, pero ambos tenían poco contacto con el incipiente movimiento obrero organizado. El núcleo fundador está compuesto por anarquistas, socialistas y también, republicanos, entre los que destaca Mazzini.

Pretendían, nada menos, que la organización política del proletariado en todo el mundo y aspiraban a convertirse en un observatorio o foro para proponer líneas de acción y someter a análisis y crítica las estrategias relativas a la emancipación de los oprimidos.

Como es sabido, las diferencias entre Marx y Bakunin no tardaron en abrir una brecha entre ellos que no hizo más que agrandarse… hasta la definitiva ruptura.

En un primer momento, Karl Marx saludó la presencia de Mazzini con indisimulada alegría… mas pronto lo consideró un obstáculo para sus planes y los mazzinianos dejaron de ser bien acogidos y se vieron forzados a tomar otros derroteros.

Giuseppe Mazzini no fue nunca un representante de los trabajadores, pero sí un activista revolucionario, que compartía algunos de sus ideales transformadores, se codeo con ellos y estuvo presente en la primera reunión de la AIT. Por otro lado, fue un defensor del bienestar y mejora de las condiciones de vida de los trabajadores.

Karl Marx tenía cierta facilidad para el insulto. Descalificaba a quienes se apartaban de su concepto de la ortodoxia. Así, en una entrevista concedida al periodista R. Landor ‘se despacha a gusto’, trazando una simbólica línea roja de separación al señalar que las aspiraciones del italiano no son más que ‘la vieja idea de una república de clase media’.

Sin embargo, Mazzini fue siempre más colectivista que nacionalista. Tenía una concepción ‘proyectiva’ de la historia y sus acciones destinadas a sacudir el yugo de la dominación, contenían siempre una fuerte voluntad moral. Puede considerársele un filósofo y la filosofía revolucionaria es siempre una incitación y una justificación de la sublevación.

Defendió a los que hasta entonces no tenían derecho a luchar por sus derechos… sin llegar a caer nunca en una dinámica de ‘fetichización’, aunque sus tentativas chocaran en más de una ocasión, contra la realidad empírica.

III. SU VOCACIÓN EUROPEÍSTA

Tampoco suele mencionarse, más que en contadas ocasiones, incluso en Italia, su ‘vocación europeísta’ que revestía la forma de unas Repúblicas Federales unidas en un proyecto común.

En castellano disponemos de una obra crucial y sumamente orientativa para penetrar en este aspecto del ideario mazziniano ‘Pensamientos sobre la democracia en Europa y otros escritos’ aparecida en Tecnos en 2004.

No fue un visionario, aunque no estuviera del todo libre de ciertas ensoñaciones. Creía, por ejemplo, en el mito de la ‘larga marcha’, aunque no lo formulara así. Para él era imparable que la humanidad, salvando cuantos obstáculos fueran necesarios, alcanzara un futuro que superara las insuficiencias del presente.

Mientras permanecía en Suiza, en uno de sus exilios, fundó una asociación a la que denominó ‘La Joven Europa’. Entre el reducido grupo de promotores se encontraban italianos, polacos y alemanes.

¿Qué pretendían? Es relevante tenerlo en cuenta. Para ellos la Revolución Francesa había consagrado las libertades individuales y ahora, en una segunda etapa, se trataba de asentar las libertades nacionales. Sus pretensiones eran, nada más y nada menos, que llegar a configurar una especie de ‘Europa federal’.

En cierto modo, era una respuesta del liberalismo político y de la herencia de la Ilustración al reaccionario Congreso de Viena y a sus pretensiones hegemónicas, reaccionarias y anquilosadas.

¿Cuál era su principal objetivo? Una Asociación de Naciones Independientes, capaz de establecer un nuevo orden político europeo. Es importante señalar que entre sus ideales estaba el de un continente europeo unido, consciente de sus vínculos comunes y de compartir unas mismas señas de identidad culturales.

He comentado, con anterioridad, que el nacionalismo de Mazzini era ‘sui generis’. Para él la creación de naciones, sacudiéndose el yugo opresor, constituía un primer paso para que esas naciones libremente se federaran.

De este modo y siguiendo la estela de la Giovine Italia, fueron apareciendo la Joven Polonia, la Joven Alemania o la Joven Suiza. En esta misma línea puede inscribirse la creación de la Liga Internacional Popular.

No me parece ocioso señalar que para él ‘el verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral’. Aunque han existido diversos intentos de instrumentalización de sus ideas, desde diversas esferas, siempre creyó en la energía y en las acciones que proporcionaban ‘combustible’ a las revoluciones.

Su pensamiento, en ningún caso, fue iluso ni quimérico. Es más, ‘sus precipitaciones’ como activista, contrastan con su serenidad como intelectual y si utilizamos un lenguaje más actual, como analista. Nunca intentó disfrazarse… y nunca se dejó amedrentar.

IV. REPUBLICANISMO, LIBERALISMO POLITICO, CONTRIBUCIÓN A LA UNIFICACIÓN ITALIANA Y OTROS ASPECTOS DE SU VIDA

Iniciaré este epígrafe aludiendo a algunos rasgos de su carácter. Era, sin duda, fuerte, incorruptible, enérgico con un sentido del humor muy genovés y, también, obcecado y poco dúctil, lo que le acarreó frecuentes roces, desencuentros y hasta encontronazos.

Sin duda fue un ideólogo que abrió caminos. No así un buen político ya que carecía de habilidad para la renuncia, la matización, el acuerdo… y en lo que a sus firmes principios ideológicos se refiere, no estaba dispuesto a ceder un ápice. Pongamos como ejemplo, que sus convicciones republicanas le llevaron a negarse en redondo a aceptar cargos provenientes de la monarquía saboyana.

Desde joven tuvo un tirón que le llevó a defender las causas de los más desfavorecidos y a anteponer lo colectivo a lo individual. Cuando obtuvo la licenciatura en Leyes ejerció como ‘abogado de indigentes’.

Durante un corto espacio de tiempo se hizo carbonario… más pronto se sintió decepcionado por su forma de actuar y se desligó al considerarlos incoherentes y sectarios.

Pronto se sintió atraído por el ideal de una Italia unida, que fuese ‘una única república independiente y libre’, su activismo político era inagotable y no lo detenían ni las estancias en la cárcel, ni el exilio… ni siquiera las condenas a muerte de las que de una forma u otra, lograba escapar.

Ya hemos comentado que no se avenía a componendas. El ‘do ut des’, no iba con él. Por ese motivo no se fiaba del Conde de Cavour ni Camillo Benso, Conde de Cavour de él, e incluso, acabó distanciándose de Garibaldi, al no coincidir en asuntos relativos a la unificación como las fuentes de legitimación del poder. Su liberalismo político era republicano y no podía admitir una monarquía. Sin embargo, su contribución a la unificación, junto a otros muchos aspectos, queda nítidamente explícita en sus obras ‘Los deberes del hombre: fe y porvenir’ y ‘Una nación libre’.

Es digno de resaltarse que siendo, todavía, un joven apasionado, escribió un interesantísimo y revelador ensayo sobre el autor de la Divina Comedia ‘Dell’amor patrio di Dante’, que versa sobre la faceta patriótica de Dante que es, también –no podemos olvidarlo- un intelectual y escritor político que aspiraba a la unificación, además de un gran poeta.

Mazzini fue un idealista que no renunciaba a principios de índole estética. No andaba lejos de una cierta estetización de la política, algo que era relativamente frecuente en el siglo XIX. Pensemos, sin ir más lejos, en la Corriente Romántica.

Buen orador, acostumbraba con su verbo encendido y enérgico a influir sobre el auditorio, mediante el uso de palabras como patria, libertad, fraternidad… y la que causa más admiración hoy ‘igualdad’.

A lo largo de su trayectoria hubo triunfos y fracasos. Se refugió al final de sus días en la Toscana, en Pisa, bajo nombre supuesto para ocultar su identidad. Ese fue el final de un hombre capaz de transmitir un vigor y una energía enorme a diversos movimientos insurreccionales de carácter progresista.

Hábil dialéctico como era, sabia jugar con los dobles sentidos y con la ironía y espíritu burlón, enviando recados como el del refrán castellano: ‘a ti te lo digo, hijuela; entiéndelo tú, mi nuera’

Toda su vida fue un luchador, es más, un luchador recalcitrante. No puedo pasar por alto su filantropía, su estatura moral, ni su benevolencia que le movió a señalar en varias ocasiones, que ‘la falta de generosidad al vencer, disminuye el mérito y los frutos de la victoria’.

Sólo he querido mostrar alguna de las múltiples perspectivas desde las que puede abordarse una figura tan poliédrica y alambicada, a la vez tan decimonónico y tan moderno.

Sólo recordaré, para finalizar la importancia de su correspondencia. Es asombroso que se haya podido conservar una parte cuantiosa de su epistolario y ello se lo debemos a Emilie Ashurst Venturi.

Como tirando de cualquier hilo puede llegarse hasta el ovillo, ofrezco al lector interesado, su relación con algunos compatriotas nuestros con los que mantuvo correspondencia o se entrevistó, como el general Joan Prim, Pi y Margall, Fernando Garrido o Emilio Castelar. Estaba muy atento a cuanto acontecía en nuestro país, especialmente al reinado de Amadeo de Saboya o a las guerras Carlistas donde voluntarios italianos, lucharon contra los reaccionarios partidarios del Antiguo Régimen.

En el desfile de la historia Giuseppe Mazzini podría ser un abanderado, incluso un heraldo del siglo XIX. Insatisfecho con la Europa que le tocó vivir trabajó infatigablemente, para contribuir a las modificaciones y transformaciones que tuvieron lugar.

Tuvo sueños y proyectos… algunos fracasaron, otros logró verlos cumplidos. Mazzini es un portaestandarte del liberalismo político. La atmósfera era irrespirable y tóxica… y siempre fue en post de un aire más limpio y saludable. 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.