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Carlismo y mujer en el segundo bienio republicano (1933-1936)

En anteriores artículos, recordamos la aparición de una sección femenina dentro del carlismo en los primeros años de la II república: las margaritas. Entre ellas surgieron líderes femeninas como María Rosa Urraca Pastor (1900-1984).

Tras las elecciones de 1933, Rosa continuó su labor propagandística, visitando Cuenca donde logró organizar un núcleo de requetés y margaritas; continuó en la primavera por el Levante, confirmando el resurgimiento de centros carlistas. A sus conferencias dirigidas a obreros solicitaron asistir incluso algunos izquierdistas locales, ante el asombro de la propia oradora. Al año siguiente, ante las quejas de las bases del partido, el pretendiente Alfonso Carlos I propuso un cambio generacional y estratégico, nombrando a Fal Conde como secretario general de la Comunión Tradicionalista el 3 de mayo de 1934. El nuevo líder, en abierta sintonía con Urraca Pastor, intentó fomentar especialmente la participación de las margaritas, frente a la labor de las ramas femeninas de Acción Católica, más ligadas, en su opinión, a la CEDA y al proyecto posibilista de la derecha católica. Se les encomendó la captación de mujeres y su formación como féminas tradicionalistas, por lo que debían ser monárquicas y fervientes propagandistas.

María Rosa viajó por toda España, participando en las inauguraciones de secciones femeninas de los Círculos Tradicionalistas. Más allá del oportunismo electoral de un primer momento, la mujer llegó a ser presentada, en manos de los líderes carlistas, como la única capaz de salvar la patria amenazada y la religión perseguida. Por eso se propusieron tomar el modelo de perfecta propagandista en Urraca Pastor. Las margaritas, en la prensa, tribunas públicas y actos de propaganda debían defender, como ella, los altos intereses morales y materiales, contribuyendo en la medida de sus fuerzas a la salvación de España contra la ola secularizadora y revolucionaria. Fal Conde había declarado, tras las elecciones de 1933, que no habían sido las derechas sino las mujeres quienes habían triunfado en las urnas, llegando a decir a los tradicionalistas que debían votar como las mujeres, si querían comportarse como hombres.

Entre las mujeres carlistas se mantuvo el espíritu de continuidad en el fomento y defensa de los principios esenciales que sirvieron de pilares de la Comunión, al igual que los padres transmitían a sus hijos varones desde el siglo XIX. Su nuevo reglamento, surgido a finales de 1935, reconoció como jerarquía política a la de la Comunión, encargada del nombramiento de todos los cargos directivos. En el mismo, se estipuló como fin la promoción de la formación femenina, bajo los principios de la tradición, prestando apoyo moral y material a todos los afiliados, preparando su organización en forma que pudiera contribuir en al cualquier momento a su lema "Dios, Patria, Fueros y Rey".

Según el Boletín Oficial de la Comunión Tradicionalista, a las mujeres carlistas se les confió la cruzada espiritual: educar a los hijos, difundir propaganda de los ideales, formar grupos de estudio en los círculos, dirigir escuelas nocturnas para los obreros, organizar actividades caritativas entre los pobres y los desempleados, regentar el socorro blanco para consuelo de los carlistas perseguidos o encarcelados y a sus familias. Conforme la situación política comenzó a radicalizarse en las calles, la actuación del socorro blanco fue más importante, la cual fue fomentada en escritos y discursos por Urraca Pastor. Fue una institución creada para la asistencia material y espiritual a los carlistas perseguidos o presos, y a sus familias, con visitas a las cárceles, envío de tarjetas y cartas de adhesión a los encarcelados o expedientados por luchas y venganzas políticas. La entidad fue encomendada a las Juntas Locales Femeninas, cada una de las cuales debía tener su sección de socorro, dependiente todas ellas del Secretario Central Femenino. Para lograr una dotación económica especial para sus gastos, se ordenó que, además de cuestaciones y donativos, se divulgaran los “sellos de cotización”, obligatorios en la correspondencia interna de la Comunión, que todos los carlistas debían utilizar en sus cartas.

Las margaritas ejercieron labor social, materializada en roperos, cocinas económicas, oficinas de colocación, reparto de ropas y de juguetes para niños pobres, visitas domiciliarias… en muchas de las cuales participó Urraca Pastor. Afianzaron el concepto de "familia carlista", necesaria para la conservación y autoreforzamiento de esta opción política. A comienzos de 1936, se realizó un recuento de las asociaciones de margaritas, saldándose con la cifra de 23.238 integrantes, aunque debe subrayarse la ausencia de datos de muchos centros, por lo que el número de margaritas total pudo ser un poco mayor. En todo caso, además de sus tradicionales bases vascas, navarras y catalanas, el carlismo había aumentado en el litoral mediterráneo y en Andalucía Occidental.

Ante las nuevas elecciones generales, en febrero de 1936, Urraca Pastor fue elegida candidata única por los tradicionalistas de Teruel, iniciando un intenso periplo por los pueblos de la provincia para lograr el voto. Pero, nuevamente, no logró obtener el ansiado escaño, por lo que Fal Conde le encomendó directamente la organización del socorro blanco, una vez que se convenció de la necesidad de plantear una sublevación armada contra el Frente Popular. La decepción de los carlistas con la labor de la CEDA y el Partido Radical, en ese bienio, había sido total.

El 24 de abril siguiente, Rosa fue detenida por la policía, bajo acusación de tenencia de arma, pero nunca llegó a la comisaría: el agente que la custodiaba le facilitó su huída. Ante el temor a que le ocurriera lo mismo que a José Antonio Primo de Rivera, encarcelado el 14 de marzo, los carlistas la ocultaron en Arcos de Llano, pueblo burgalés donde le sorprendió, meses más tarde, la noticia del estallido de la guerra civil.

El lector interesado puede acudir a:

-M. Bilnkhorn, Carlismo y contrarrevolución en España, 1931-1939, Barcelona, 1979.

-Moral Roncal, A. M., “María Rosa Urraca Pastor: de la militancia en Acción Católica a la palestra política carlista (1900-1936)”, Historia y Política, (2011) 26, pp. 199-226.

-Arce Pinedo, R., Dios, Patria y Hogar. La construcción social de la mujer española por el catolicismo y las derechas en el primer tercio del siglo XX, Santander, Universidad de Cantabria, 2009. 

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.