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Arte contemporáneo y catolicismo en el siglo XX


Cinq peintres ("Cinco pintores"), 1902-1903. De izquierda a derecha, de pie, el autor (Félix Vallotton), sentados, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Charles Cottet, y de pie Ker-Xavier Roussel. Cinq peintres ("Cinco pintores"), 1902-1903. De izquierda a derecha, de pie, el autor (Félix Vallotton), sentados, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Charles Cottet, y de pie Ker-Xavier Roussel.

A finales del siglo XIX, los artistas católicos criticaron el agotamiento del sulpicianismo, un estilo caracterizado por su simpleza figurativa y convencional. En Francia -al calor de la renovación cultural católica- se crearon nuevos movimientos de cambio como L´Arche (el arca, como la de Noé) que tuvo su desarrollo entre 1917 y 1934. Sus componentes buscaron crear una base teórica y doctrinal bajo la dirección del arquitecto Maurice Storez y del pintor Maurice Denis, sintiéndose atraídos por los artistas místicos del arte del renacimiento y barroco.

Maurice Denis (1870-1943) fue quien, junto a Pierre Bonard y Paul Serusier lideró el grupo de artistas franceses conocidos como Los Nabis (1888), palabra que proviene del hebreo nebiim (profeta). Esta corriente se caracterizó por la simplificación del dibujo, la supresión de la profundidad y el modelado; la utilización de colores puros; la preocupación por la composición y el empleo de arabescos. En la misma coexistieron dos tendencias: una más espiritual y otra más decorativa, encabezada por Bonnard. La espiritual se acercó a la simplicidad del pintor postimpresionista Gauguin, utilizó el cloisonismo (grandes extensiones de color plano delimitadas por línea negra, como si fuera una vidriera) y la mezcla de temas simbólicos y románticos.

Los viajes de Denis a Italia (1895-98 y 1907) contribuyeron a que se inspirase en la pintura religiosa anterior a Rafael, como Piero della Francesca y Fra Angelico. En 1919 fundó con Georges Roualt y Georges Desvailléres los talleres de Arte Religioso, para restaurar iglesias destruidas en la Primera Guerra Mundial. En 1921 publicó “Nuevas teorías sobre el arte moderno y el arte sacro”, una recopilación de artículos y conferencias, donde defendió el simbolismo como inspiración artística. Asimismo, argumentó que se debía imitar la realidad con alegría, pues el artista cristiano entregaba un arte lleno de vida que debía hablar al corazón. En este sentido, defendió la composición de cuadros con imágenes sencillas que hablasen directamente a los sentidos, a la sensibilidad, con sentimiento religioso, como en la Edad Media.

Discípulo de Denis, destacó dentro el arte cristiano el fraile dominico Marie-Alain Couturier (1897-1954) que adujo que “todo arte verdadero es religioso”. Eso sí, dicho arte no podía aislarse de la sociedad, por lo que explicó la crisis del arte religioso del siglo XX como efecto de la crisis de una sociedad sin religión, sin Dios, que avanzaba desde el final de la Primera Guerra Mundial en Europa. En su pensamiento, cuanto mayor era el arte, mayor era la capacidad de trascendencia; las intuiciones espirituales de los artistas suplían la insuficiencia de la fe, pero… no podía existir arte cristiano sin fe.

Gracias a su amistad con grandes artistas, creyentes o no, Couturier supo guiarlos para que algunas de sus obras fueran adecuadas a los lugares de culto. Ayudó a acercar el arte contemporáneo al catolicismo, pese a los recelos de los ateos y de sectores de la Iglesia asustados por la técnica de los “ismos”. En este sentido, cabe recordar la obra de Matisse en la capilla del Rosario en Vence.

Y, finalmente, un papa patrocinó la entrada de Arte Contemporáneo, con todos los honores, en los Museos Vaticanos. Pablo VI, en el discurso de inauguración de esas salas en 1973, manifestó:

“No es verdad, nos parece, que los criterios directivos del arte contemporáneo estén signados solamente por la impronta de la locura, de la pasión, de la abstracción puramente cerebral y arbitraria; si el artista moderno es subjetivo, y busca más en sí mismo que fuera de sí los motivos de su obra, justamente por esto es especialmente humano. Muchos artistas han sustituido la estética con la psicología, esta es una evolución, especialmente peligrosa y desconcertante, pero más especialmente capacitada para entrar en el santuario del espíritu. Y esto era así porque “existe todavía en nuestro mundo árido y secularizado [...] una capacidad prodigiosa de expresar lo auténticamente humano, lo religioso, lo divino, lo cristiano”.

Los fondos contemporáneos del Museo de Arte Moderno vaticano contienen 800 obras de arte religioso de 250 artistas distribuidos en 55 salas, fruto de donaciones privadas y de los propios artistas. Allí se encuentran obras de Van Gogh, Dalí, Picasso, Klee, Bacon, Chillida, Chagall, Manzú…El museo fue una manifestación más del Concilio Vaticano II y de los intentos de acercamiento entre Iglesia y Modernidad.

Ya en la Misa de la Ascensión de 1964 el papa había pedido perdón a los artistas por los errores y faltas de la Iglesia cometidas con ellos. Pero cabe recordar que el arte religioso no se liga totalmente a ningún estilo, pues, al estar dedicado a una función litúrgica, tiene sus reglas y exigencias.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.