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Jorge Semprun: Semblanza del preso 44904, el luchador de la muerte


Me dice adiós y parece que he tenido una suerte loca. Debería casi estar contento de haber hecho este viaje. De no haber hecho este viaje, nunca hubiera sabido que yo era un tío con suerte. Tengo que confesar que, en este momento, el mundo de los vivos me desconcierta un poco. El largo viaje [pág.109]

En estos días se cumplen diez años del fallecimiento de Jorge Semprun/George Semprun pues es posible que los franceses le conozcan mucho más que los españoles. Ya hemos advertido en debates, mesas redondas y conferencias la importancia de este español singular que tuvo la oportunidad –como él mismo decía- de forma parte directa de la historia. Hoy queremos recordar brevemente a este escritor, guionista y autor teatral de doble nacional y de doble asiento. Fue el intelectual por excelencia, hábil con los idiomas, indómito como intelectual y crítico de su tiempo y doblemente crítico con el PCE del que fue expulsado junto a Fernando Claudín. Su honradez política y librepensadora le posicionó en un lugar muy privilegiado del pensamiento y de la propia vida. A caballo con la muerte, llegó a un final de conocimiento y de auténticas certezas sobre lo que había defendido. Semprun que en Francia fue reconocido como máximo representante de la intelectualidad y testigo de la historia de Europa y de Francia aunque “ de origen español”, llevaba dentro su dolor y mostraba una de sus mil caras. En el país vecino sí que tuvo su lugar al frente de las más potentes editoriales y como escritor de influencia en el pensamiento. Muy respetado. Semprun que cuando estaba en una situación límite se autorecitaba versos de Lorca y de tantos otros, como español exiliado, llegaba a la conclusión de que esas palabras eran las que le recordaban que el individuo en la vida está completamente solo. La soledad que le dio una fuerza máxima y arrolladora.

Uno de los últimos textos escritos por Jorge Semprun para El País, sino el último, vuelve a relatar con claridad la liberación del campo. El texto así titulado: El archipiélago del infierno nazi, rememora la experiencia que le marcó para el resto de su vida, literalmente:

El 11 de abril de 1945 -hace pues 65 años- hacia las cinco de la tarde, un jeep del Ejército americano se presenta a la entrada del campo de concentración de Buchenwald. Dos hombres bajan del jeep.

De uno de ellos no se sabe gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos. Está establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué estaba allí, a la vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer Ejército norteamericano del general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O, más probablemente, experto o consejero civil de algún organismo militar de inteligencia? Pero sabemos sus nombres. El civil se llamaba Egon W. Fleck y el primer teniente, Edward A. Tenenbaum. Repitamos aquí, en el Appeliplatz de Buchenwald, 65 años después, en este espacio dramático, esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.

Jorge Semprun es de los españoles más significativos, importantes en la historia y como suele ser habitual en nuestra idiosincrasia, poco reconocido o compensado, a nuestro parecer. Escritor, guionista, político español, resistente al nazismo y activista comunista antifranquista antes de convertirse en el escritor reconocido que ha sido y que es. Desaparecido a la edad de 87 años el 7 de junio, Jorge Semprun tenía un apego particular a Biriatou donde está enterrado.

Criado en una familia de clase media alta en España y aunque católico practicante, apoyó a la República. Cuando estalló la guerra civil en España en 1936, la familia Semprun se exilió en Francia. Jorge Semprun comenzó a estudiar París en la Sorbona. Pero rápidamente se unió a la Resistencia francesa y en 1942 se unió al Partido Comunista de España (PCE). En septiembre de 1943, a la edad de 19 años, fue deportado a Buchenwald. Semprun no logró nunca sacudirse de su persona el estigma del exilio.

En 1953, Jorge Semprun encabezó la coordinación del trabajo clandestino del PCE, pero en 1964 fue excluido del comité ejecutivo por su visión crítica contra posturas personalistas de excesivo desvío ideológico. Posteriormente se dedicó a escribir. También se convirtió en el adaptador y escritor de diálogos de las películas "Z" (1969) y "L’aveu" (1970) de Costa-Gavras.

Jorge Semprun continuó su labor de rememoración y denuncia de la guerra a través de numerosas novelas, artículos, teatro. Decidió escribir y como fruto de su decisión tenemos un auténtico testimonio de la historia de Europa, de la que él era un ferviente defensor, activista y pensador, aun consciente de la decadencia en altura de los políticos. En 1988 fue ministro de Cultura en el gobierno socialista español de Felipe González. González eligió el mejor intelectual, el que más merecía que se cuadraran ante él la guardia civil que tanto le había perseguido durante la clandestinidad. Semprun no fue en absoluto un hombre rencoroso, también le divirtió la confrontación con Alfonso Guerra y tantos otros que no supieron estar a la altura o que repitieron algunos patrones que a Semprun le eran muy conocidos. En 1996, fue elegido miembro de la Académie Goncourt además de obtener desde 1964 premios como Premio Formentor por El largo viaje, Premio Planeta por Autobiografía de Federico Sánchez, la Medalla Goethe (Instituto Goethe de Weimar), Premio José Manuel Lara por Veinte años y un día, Premio Ulysse por el conjunto de su obra, Doctor honoris causa por la Universidad de Rennes o la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, entre otros.

Con sus palabras relatamos el vértigo de la clandestinidad: “[…] con el correr del tiempo conforme me habituaba a ese estatuto, a ese modo de vida en que el riesgo, el elemento imprevisto, el peligro, pasaban a ser no sólo diarios rutinarios, profesionales por decirlo así; a medida, igualmente –imposible no tenerlo en cuenta-, que la ilusión lírica se desvanecía, que la sola certeza de seguir vivo, fértil, era la de la necesidad, la de la rectitud y la justicia de la lucha contra la dictadura franquista, aunque no abocara en una parusía revolucionaria; a medida que la hermosa frase de Renan, podría ser que la verdad fuera triste, cobrara un relieve acrecentado en mi espíritu, sobre todo a partir del 1956 y del XX Congreso del PCUS; a medida que envejecía, sencillamente, tal vez, dejé de considerar la singularidad de mi vida como una suerte de privilegio, aureolada de unción carismática. Porque todo tiene un fina, incluso el orgullo comprensible, sin duda desmesurado, de una doble vida repleta de peligros asumidos. Todo tiene un final en la vida, incluso las razones de vivir. Pensaba en todo esto al abandonar Madrid, tras mi última estancia clandestina.” Ejercicios de supervivencia, [pág. 99-100]

Jorge Semprun ha dejado lo fundamental de su vida, lo que le importaba de verdad, en sus obras.

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