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Frankenstein o el moderno coronavirus


«Cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpeciera nuestra curiosidad»

Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818, Mary Shelley.

El monstruo de Frankenstein no tiene cuerpo, está hecho de retazos cosidos de cadáveres; ni siquiera tiene nombre propio, pues adopta el de su creador, pero es un ser pensante y valiente, que padece y te advierte «Ten cuidado; pues no conozco el miedo y soy, por tanto, poderoso». Cierto, las personas acorraladas que ya no tienen nada que perder dejan de sentir miedo y se vuelven contra la pared, empujando hacia delante. La historia del monstruo que no es una criatura malvada por naturaleza, que solo quería ser amado por su creador y por los seres humanos e integrarse en la sociedad, solo conocerá su desprecio y miedo y somos nosotros los crueles y malvados, porque al temer lo que desconocemos provocamos su destrucción. Frankenstein es el paradigma romántico del inadaptado, sí, pero si ha conseguido elevarse a la categoría de mito universal es porque dentro esconde algo que todos llevamos, algo inherente al ser humano, y son los sentimientos más bajos y más altos de los que, como especie, somos capaces. Todos tenemos ejemplos.

Pero Frankenstein invita también a la reflexión del miedo al extraño, al ajeno, al diferente, es el que corre escapando de las hordas de ciudadanos que lo expulsan de sus tierras, el que escucha al ciego que ve sabiamente con otros órganos y es la niña inocente a la que destruye, pues sabe que, haga lo que haga, nunca tendrá un lugar entre los hombres. La sociedad discrimina y aparta, abandona y separa, pone muros dentro y fuera de nuestras cabezas.

El virus que propaga el monstruo de Frankenstein es el más poderoso que existe: el miedo, el otro, su contrario, es el amor. El tercero es la venganza. Y todos se resumen perfectos en esta frase «Me vengaré de mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo».

En el libro fue la ciencia quien creó el monstruo. ¿Y no estamos precisamente haciendo lo mismo? Ahora ya acostumbrados a lo extraño no lo hemos advertido, pero nuestro Frankenstein es el moderno coronavirus, la encarnación de nuestras peores pesadillas ante una enfermedad vírica prácticamente incontrolable y estamos, pese a nuestros muchos adelantos médicos, enfrentados a una situación que provoca un aluvión de pensamientos y de acciones incontrolables, de emociones desequilibradas, de soledad y de miedo.

He aquí un cuento de terror y ciencia ficción (?) en el que Frankenstein es producto de la investigación, hijo de un científico, nacido de la descomposición y putrefacción de la muerte, buscando ser dios.

Que su segundo nombre sea Prometeo resulta mucho más aterrador.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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