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Boaventura de Sousa Santos (Coímbra 1940)


Boaventura de Sousa Santos (Coímbra 1940) Boaventura de Sousa Santos (Coímbra 1940)

“Razones de peso por las que hay que leerlo y repensarlo aquí y ahora”

La tragedia de nuestro tiempo es que la

dominación está unida y la resistencia

fragmentada (Sousa Santos)

Vivimos un periodo notoriamente obscuro y decadente. El pensamiento crítico brilla por su ausencia. Hemos caído en la mayoría de las ‘trampas’ que nos han ido tendiendo. Una de ellas, quizás no la principal, pero sí muy representativa de lo que nos pasa es la claudicante renuncia a analizar la contemporaneidad con herramientas intelectuales y conceptos nuevos. Los que se vienen utilizando han quedado, obsoletos, desfasados y dan la penosa impresión de ser herramientas inservibles para cumplir con la función epistemológica que deberían ejercer.

Boaventura de Sousa es un pensador, sociólogo, científico social… muy atractivo e inspirador, se coincida o no con todos sus planteamientos. En cierto modo es un proyectil lanzado al futuro… tal vez, un explorador, un adelantado de lo que vendrá. Me parece que su concepto de promesas incumplidas de la modernidad merece analizarse con algún detenimiento y sosiego.

No se ha insistido, en demasía, en que a estas alturas del siglo XXI, el capitalismo ha demostrado ser aviesamente apócrifo. Quienes mueven los hilos, desde distintas instancias de poder, consiguen que se impongan socialmente ideas y principios que repelen cualquier planteamiento racional exigente. A título de ejemplo, señalemos que han logrado que circule y que se extienda que la desigualdad es algo tan natural, como el día o la noche, por ello ¿qué sentido tiene luchar contra ella? Por consiguiente, ¡abandonad toda esperanza!

Por eso es sano, casi subversivo e higiénico, plantear el debate de si está o no la democracia secuestrada por los poderes económicos. Este debate nos llevaría a preguntarnos si estamos dispuestos a pagar el rescate o si habría que liberar a la democracia de esas garras que la aprisionan, con más control social, más participación y más coraje cívico. Una de las causas de la desorientación que padecemos es que hemos abandonado la capacidad de distinguir fines de medios y, esa lamentable y caótica confusión nos impide afrontar el problema con solvencia intelectual y decisión política.

Quienes fomentan el ruido mediático a base de generalizaciones burdas, fake news y trivializaciones diversas, han logrado que el ciudadano medio sienta pánico ante las malas noticias. De ahí, por ejemplo, que si aumentan las desigualdades lo mejor es no hablar de ellas y fabricar a diario ‘un bulo’ o ‘un escándalo’ para que los adictos tengan algo de que hablar. En definitiva, zafiedad y más zafiedad.

Casi se nos ha olvidado que pensamos con palabras… y que sentimos gracias a las palabras. Hemos de recuperar con urgencia la definición apodíctica del sofista Protágoras: ‘el hombre es la medida de todas las cosas’. Si reflexionamos un poco, sólo un poco, nos daremos cuenta de que el hombre hace mucho tiempo que dejó de ser medida de nada. Mencionaré tan solo a quienes cuando los efectos de la pandemia aun no se han extinguido, repiten a diario que hay que salvar la hostelería, la economía o el turismo… dejando claro que salvar vidas, es secundario. Exagerando un poco, podríamos incluso afirmar que cuando una catástrofe moral nos sacude sólo quedan en pie falsos principios de un cinismo redomado.

Podríamos seguir largo tiempo con comentarios como estos, más ya es hora de abordar el pensamiento desprejuiciado, crítico, alternativo y lúcido de Boaventura de Sousa. Promueve un diálogo, lo menos asimétrico posible, entre las diferentes culturas del Planeta. ‘Una visión eurocentrista del mundo’ es ya absolutamente insostenible. Hay que reconocer que, hasta la fecha, ese diálogo fecundo o no ha comenzado o apenas ha dado los primeros pasos balbucientes. Aunque algunos parezca que no se han enterado, los rescoldos del imperialismo e incluso un cierto tipo de descolonización ya, son pasado. De ahí, que no sea en absoluto temerario hablar de post-imperialismo o post-colonialismo. Hasta tal punto es así, que las potencias europeas dejaron hace tiempo de ser hegemónicas, incluso en estos años de transición, la hegemonía mundial se va desplazando de Estados Unidos a China.

Otro aspecto sobre el que es conveniente reflexionar es sobre lo que Sousa llama promesas incumplidas de la modernidad. Probablemente sea prematuro arrojar al vertedero los principios de la Ilustración… sobre todo, si carecemos de un adecuado recambio. ¿En qué situación están hoy la libertad, la igualdad o la solidaridad globales?, ¿qué lugar ocupan en el diseño y funcionamiento de las relaciones internacionales?, ¿damos pasos hacia su consecución o nos encontramos en un momento histórico de estancamiento, por no decir de retroceso? Creo que no está de más hacerse las preguntas adecuadas y buscar respuestas creíbles y convincentes a estos interrogantes. Es dura, más esa es la tarea.

Estas elucubraciones han de ir acompañadas por otras que tienen por objeto ‘arrancar máscaras’. El capitalismo y quienes diseñan su estrategia y sus prácticas, hace tiempo que se propuso hacer invisible cualquier intento emancipatorio. Por eso, precisamente por eso, ha de hacerse hincapié en ‘visibilizar’ los intentos liberadores, posibilitando que afloren y se manifiesten. No cabe duda a estos efectos, que es útil ‘poner en circulación’ conceptos y términos que fundamenten y definan esos impulsos emancipatorios. Ya es hora de que abandonemos una culpable y cobarde posición defensiva. Nos hemos dejado vencer, sin apenas resistencia y hoy imperan conceptos que son el soporte de una visión reaccionaria. Bienvenido sea un léxico emancipatorio y no digamos unas acciones sociales vertebradas y combativas.

Sousa propone, muy razonablemente, explorar las posibilidades de una mayor justicia y solidaridad en el presente. Quizás para ello sea no sólo necesario sino imprescindible, dar voz a quienes hasta el presente han sido silenciados y marginados. A estos efectos la comunicación entre las diversas culturas es primordial… así como ir ensayando respuestas conjuntas y comunes.

Otro aspecto de singular interés es su tesis de construir unos nuevos derechos humanos, que amplíen los ya existentes y que blinden una seguridad y una garantía por lo que respecta a la vivienda, la salud o el trabajo, llevándolos al texto de sus respectivas Constituciones.

En estas y otras reflexiones hay un ‘corpus’ filosófico bien estructurado. Creo que se puede advertir, a poco que profundicemos, la presencia de Antonio Gramsci, Walter Benjamin e incluso Baruch Spinoza. En todo proyecto filosófico debe figurar como uno de sus ejes vertebradores la razón moral junto a la razón crítica.

Adentrémonos ‘en el territorio’ Boaventura de Sousa procurando, eso sí, dejar a un lado prejuicios esclavizadores y obsoletos que siguen operando como un peso muerto, para impedirnos pensar el presente.

Con inteligencia, brillantez y cierta retranca, acierta a formular ideas que tienen un inconfundible aire fresco. Fijémonos en una de ellas. Para lograr sus propósitos el neo-liberalismo ha pasado del rechazo de la Memoria histórica a su descarada manipulación. ¿Cómo lo hace? Haciendo que pensemos que todo es nuevo, que todo está empezando ahora y que el pasado no cuenta. Por extraño que parezca hay quienes ‘compran’ este relato profundamente adanista y falso.

Otro pensamiento ‘cogido al vuelo’ pero con más importancia de lo que parece, es el de que nos quieren amedrentar y que actuemos coaccionados por el miedo. Por el contrario, siempre hay que reivindicar la esperanza. Esperanza concreta, no abstracta, que se manifiesta por ejemplo, en la articulación de un firme deseo de una sociedad mejor, más justa y solidaria. ¿Cómo? a través de otra epistemología que porte otra manera de conocer, otras formas de vida y otros criterios para vertebrar la sociedad.

Es de lo más sugerente su afirmación de que aquello que está ocurriendo se convierte en vida, cobra realidad al ser narrado. Suele repetir, una y otra vez, que la misión del intelectual y del hombre comprometido es mostrar la diversidad del mundo. Una de las expresiones que me parece de mayor ‘calado’ y más conmovedora, es que ‘hay que descolonizar nuestro conocimiento’. Verdaderamente es una gran tarea que hemos de acometer más temprano que tarde.

Es mucho más que un teórico. Se le puede calificar como un hombre comprometido y convencido de que el pensamiento genera acción. Participa frecuentemente en debates esclarecedores, especialmente en aquellos que conciernen a los denominados ‘problemas del Tercer Mundo’

Hace falta un lenguaje nuevo para conceptualizar y abordar las nuevas realidades. Unos pocos ejemplos bastarán. Así me parece de alcance su concepto postmodernismo de oposición frente al postmodernismo celebratorio de aquellos que, pese a algunas maniobras de distracción, no hacen sino apuntalar el actual sistema.

El tono de sus textos más representativos es marcadamente irónico y, al mismo tiempo, serio y reflexivo. Al capitalismo y sus instrumentos teóricos, gusta denominarlos razón indolente, mientras que denomina conocimiento de regulación al que asume una posición crítica. Especialmente interesante es su hermenéutica diatópica, que interpreta que existe una pluralidad de culturas que han de dialogar entre sí, más allá del discurso específico de cada una, hasta llegar a lo que denomina un discurso común. Quizás uno de sus conceptos más combativos sea el de justicia cognitiva global, desde mi punto de vista, uno de los ejes vertebradores esenciales de las denominadas ‘epistemologías del sur’

Una de las iniciativas de mayor envergadura en las que viene participado, es el Foro Social Mundial, ya que para él los movimientos sociales cívicos son fundamentales para poder ejercer un más eficiente control social. Puede afirmarse que es partidario, e incluso promueve, un nuevo tipo de contractualismo que represente valores universales.

Frente a los que dan al marxismo por muerto y periclitado, Sousa cree, por el contrario, que estamos inmersos en un proceso de descubrimiento del marxismo, es más, que ese descubrimiento ha de tener un carácter continuo.

Llegados a este punto, me parece oportuno sugerir la lectura de algunos de sus textos más emblemáticos o al menos que para mí, tienen un fuerte contenido motivador y movilizador. El primero de ellos,”Reinventar la democracia, reinventar el Estado”, el segundo “Crítica de la razón indolente. Contra el desperdicio de la experiencia” y posteriormente,”Sociología jurídica crítica”. Son un ejercicio, un estímulo para el pensamiento crítico sus ensayos, artículos y colaboraciones periodísticas. En nuestro país, hemos de valorar los esfuerzos de la Editorial Trotta, para poner a disposición de los lectores algunas de sus obras más representativas.

En Sousa hay ideas recurrentes, una de ellas es que el neoliberalismo global, de carácter reaccionario, a través de medios violentos unas veces y otras más sutiles, pretende crear un sentimiento de miedo e impotencia que haga posible y favorezca la dominación. Habrá que seguir insistiendo, para que transcienda y llegue a sectores más amplios que los de los círculos alternativos en que se ha generado.

Otra idea que ha expuesto, en más de una ocasión y que tiene no poca enjundia, es que la manifiesta debilidad de la democracia se debe a que se enroca y no puede o no quiere defenderse de los ataques y envites de los anti demócratas. Se ha repetido, hasta la saciedad, que la democracia es una cuestión de formas. Quizás sea cierto pero insuficiente. Va muy vinculada a valores y a que los ciudadanos no hagan dejación de sus obligaciones en defensa de lo público. Hoy ni puede ni debe considerarse demócrata a quien no asuma y haga suyas las críticas a las estructuras patriarcales y no considere como elementos esenciales de este proyecto, tanto al feminismo como a unos principios ecológicos y medio-ambientales que se enfrenten y planten cara a la destrucción de un Planeta cada día más en peligro.

Si aprendemos las lecciones de lo ocurrido, por ejemplo, a escala mundial en los últimos meses, debemos deducir que es urgente reaccionar. Hay que recuperar la figura del intelectual comprometido y, sobre todo devolver el prestigio que en otro tiempo tuvieron los ‘activista sociales’. El conformismo es desmovilizador y aliado de las estructuras opresivas. Por el contario, sin miedo a que se nos llame subversivos hay que sembrar la semilla de la rebelión

Las ideas de Boaventura de Sousa, que merece la pena repensar y debatir son numerosas. Su concepto de utopía es, por ejemplo, más que interesante. Propone que hay que hablar en plural, que no nos refiramos a un solo tipo de utopía, sino a varias que, eso sí, pueden entrelazarse, teniendo en cuenta que nuestra reflexión y nuestra praxis han de ir más dirigidas al presente que al futuro.

Se le ha venido considerando un referente emblemático de las izquierdas altermundistas. Lo es. Como sucede en tantos casos es más conocido en Latinoamérica, sobre todo en Brasil, que en Europa. En nuestro país, por ejemplo, su conocimiento no va más allá del de círculos activistas y minoritarios. Naturalmente no es ajeno a esto, el interés de ciertos medios por silenciar su pensamiento. Sin embargo, tienen pleno sentido sus análisis y postulados de que hay que caminar hacia otro modelo de desarrollo y de consumo.

No cree en los cambios bruscos, hay que practicar lo que André Gorz conceptualiza como reforma revolucionaria y que en la tradición socialista se ha venido denominando gradualismo, que no es más que perseguir unos fines transformadores pero estratégicamente… ir paso a paso.

Hay que plantear con valentía y rigor que hemos de iniciar ya la transición hacia modelos sociales postcoloniales, postcapitalitas y postpatriarcales. Es importante identificarlos, vienen a ser lo que Boaventura Sousa denomina las tres cabezas de la dominación. Ni que decir tiene, que en ese camino son precisas las alianzas, que van desde un consenso básico hacia otro modelo energético, a lo que podríamos denominar una nueva refundación del Estado, otorgando más control democrático a los ciudadanos. Estos principios, han de estar articulados en un humanismo transformador y en una defensa cerrada de la dignidad humana.

El tiempo corre en contra nuestra. El filósofo frankfurtiano Walter Benjamin, realizó un diagnóstico que la realidad se ha encargado de confirmar: ‘vivimos en un tiempo homogéneo y vacio’.

El camino a emprender es, sin embargo, sencillo. Hemos de recuperar un pensamiento crítico y atrevernos a formular sin miedo, acciones propositivas oponiéndonos a la lógica destructiva y a la deriva imperante.

Estas reflexiones van tocando a su fin. Este portugués de Coímbra, uno de los referentes mundiales del pensamiento alternativo está, intelectualmente bien pertrechado. Se doctoró en Sociología del derecho por la universidad de Yale y goza de un amplio reconocimiento internacional por sus investigaciones en el campo de las ciencias sociales.

Indiscutiblemente uno de sus aspectos más atractivo es que su comprensión del mundo y de la crisis acuciante que vive… va más allá de la visión occidental, planteando un diálogo de culturas y un programa compartido de actuaciones.

Admiro de él su afán de comprender y su valentía a la hora de sacar a la luz, desde las profundidades en que estaban arrojadas, tantas ideas emancipatorias de tantos pueblos y culturas despreciados por una visión eurocentrista y explotadora de la historia.