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Federigo Enriques (1871-1946) - Guido Castelnuovo (1865-1952)


¿Quiénes fueron? Dos matemáticos italianos, judíos que se enfrentaron y lograron sobrevivir al opresivo régimen mussoliniano. Este breve ensayo es, por tanto, un ejercicio de memoria y reparación. La historia no puede olvidarse sin correr el riesgo de que se repita.

Los totalitarismos son inmisericordes con el pensamiento y con la ciencia. Conviene no olvidarlo cuando en distintos puntos de Europa vuelven a soplar vientos de intransigencia, violencia, ignorancia y fanatismo. En nuestro país, sin ir más lejos, la ultraderecha viene demostrando la miseria moral y el carácter retrogrado de sus soflamas, vacías de contenido más llenas de odio.

El régimen fascista en Italia fue bastante más brutal de lo que parece y de lo que nos han venido interesadamente contando, quienes fueron sus cómplices. Ahí están sus leyes raciales y el profundo daño que causaron a la cultura y a la ciencia… que tardó bastantes años en recuperarse de su afán destructivo sistemático.

Hablaremos indistintamente de uno y otro, de sus elementos comunes y de los sufrimientos que padecieron. Obviamente no fueron los únicos, baste recordar a la científica y premio Nobel, Rita Levi-Montalcini o a Primo Levi, perseguido, internado en un campo de concentración… y que acabaría suicidándose años más tarde, al no poder soportar la angustia, el horror y la violencia extrema de lo que había presenciado.

Los judíos jugaron un papel destacado en el pensamiento y en la ciencia europea, hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El ascenso del fascismo y del nazismo supuso un intento sistemático de exterminio, seis millones de judíos asesinados y un éxodo, una diáspora cuyas consecuencias, han sido demoledoras y empobrecedoras por lo que respecta a la cultura y a la ciencia europea.

Comenzaré por dar unas sucintas pinceladas sobre Federigo Enriques. Destacó en Geometría Algebraica, siendo el primero en conseguir una clasificación de las denominadas Superficies Algebraicas.

No es el nuestro un país que haya alcanzado cotas reseñables en matemáticas. Quizás como triste consecuencia del aislamiento padecido durante siglos y de las persecuciones de que fueron objeto, filósofos y científicos.

No fue este el caso de Italia y, por eso, es una herida que está mal cicatrizada y que aún sigue supurando. El régimen mussoliniano causó un daño profundo y duradero. Eso, también, debe quedar grabado en la memoria colectiva.

Federigo Enriques fue un judío sefardita de origen portugués. Llegó a ser un notable matemático. Pasó su infancia en la Toscana, concretamente en Pisa y se le considera, por numerosos especialistas, un miembro destacado de la Escuela Italiana de Geometría Algebraica. Por las universidades que pasó fue dejando una estela de brillantez, capacidad investigadora, sólidos conocimientos, sabiduría matemática y bonhomía; especialmente dejó una huella imborrable en la de Bolonia y más tarde en la Sapienza romana, tal vez en aquella época la universidad emblemática y pionera.

Destacó notablemente en el campo de la Geometría, con especial incidencia en lo que respecta a las Superficies Algebraicas. No me resisto a citar, aunque sea de pasada, su preocupación por el desarrollo histórico y filosófico de la ciencia. Creo honestamente, que puede considerarse un auténtico pionero en este campo. Desde luego, la filosofía de la ciencia tiene una deuda con él.

Tenía un carácter templado, más muy firme. Una prueba indiscutible es que durante la Segunda Guerra Mundial arriesgó la libertad y hasta la vida, participando activamente en una universidad clandestina, para judíos creada por Guido Castelnuovo, del que hablaremos, más adelante.

Su capacidad de trabajo fue enorme. Llegó a escribir varios libros y más de trescientos artículos científicos. A la hora de destacar uno, señalaré ‘Sobre las características de las superficies algebraicas’, considerado, desde su aparición, un clásico en la materia. Se ha definido esta obra como la piedra angular para la clasificación de las superficies algebraicas en cinco tipos o clases.

Fue una víctima más, de las infamantes ‘leyes raciales’, que prohibían a los judíos ejercer la docencia en las universidades, amén de otras restricciones.

Considero con todo, que uno de sus logros de mayor calado fue crear un Instituto para el Estudio de la historia de la ciencia, que tuvo un carácter, no sólo pionero sino vanguardista en el panorama universitario italiano.

Humilde, incansable, serio, riguroso es un excelente paradigma de la ‘contrafigura grotesca’ de Benito Mussolini. Le hubiera gustado y, mucho, esta antinomia.

Hay un pasado que por nuestro bien, tenemos la obligación de recordar como un deber de memoria, con sus luces y sombras, 'sus debes y sus haberes’. No hacerlo así, puede arrastrarnos a cometer los mismos o parecidos errores que posibilitaron que la barbarie fascista y nazi imperara en una Europa que anteriormente había dado pruebas de tolerancia, cosmopolitismo e integración. Pocas cosas son tan peligrosas como los nacionalismos excluyentes.

Los totalitarismos son ignorantes, soberbios, rencorosos y violentos. En eso radica buena parte de su peligrosidad. Su afán destructivo de todo lo que está al margen de su estrecha y simplista ortodoxia es congénito. Las que, usualmente suelen denominarse esencias históricas son un mito, un camelo que no puede sostenerse bajo ningún concepto.

En tiempos obscuros y siniestros, los científicos y pensadores se vieron forzados a tener, lo que podríamos denominar, ‘un trato difícil con la realidad’. Precisamente, por eso, es admirable la actitud valiente de quienes en tales circunstancias no se dejaron vencer por el miedo… sino que plantaron cara pasando a la clandestinidad.

Fueron años en que la sensación de vacío era inmensa. Lucharon por el futuro y por legar a las generaciones, que aún no habían nacido, esperanza y credibilidad. Representaron no sólo valores democráticos sino un innegable coraje cívico.

Me propongo dedicar ahora, unos párrafos al matemático, natural del Véneto, Guido Castelnuovo, cuyas contribuciones a la Geometría Algebraica fueron sobresalientes. De casta le venía al galgo. Era hijo de Enrico Castelnuovo, novelista pero, sobre todo, un patriota que estuvo presente en primera línea, en el proceso de unificación italiana.

Fue uno de esos hombres que abren caminos. Amplió los conocimientos que se tenían en su tiempo sobre esa materia. Fundó en la Sapienza, la Escuela de estadística y ciencias actuales. Fue alcanzado de lleno, por las políticas de carácter antisemita y racista mussolinianas. Como hemos manifestado, anteriormente, durante la Segunda Guerra Mundial impartió clases clandestinas, cuyos destinatarios eran estudiantes judíos.

Aunque tarde, le llegaron los reconocimientos. Tras la liberación de Roma, participó activamente en la encomiable tarea educativa y cultural de reparar el daño que habían sufrido instituciones científicas, como las universidades durante los veinte interminables y enfermizos años que duró el régimen fascista.

No quiero dejar de mencionar que fue nombrado presidente de la Accademia dei Lincei. Recibió, asimismo, otro galardón y reconocimiento al ser elegido miembro de la Académie des Sciences en París, casi al final de su fructífera existencia. Su contribución científica de mayor calado, la realizó en el área de la Geometría Algebraica.

La ciencia es y ha de seguir siendo rigurosa. No está mal recordarlo en tiempos de negacionismo y donde, desde las redes sociales, se emiten a diario auténticos disparates que pretenden hacerse pasar por ciencia.

Un científico es alguien que no acepta ningún hecho sin comprobarlo, sin examinarlo. Un espíritu crítico debe estar dotado de una manera de pensar exigente y contrastada y, ha de demostrarlo a diario mediante un trabajo callado más con la vista puesta en el progreso social. Los científicos resuelven problemas. He ahí otra lección que debemos tener muy presente.

Todo científico está obligado a seguir, con método y exactitud, las exploraciones pormenorizadas que lleve a cabo. Por eso, tiene pleno sentido comentar, una vez más, que hay que mirar las cosas con el rigor que merecen. Situándose al margen de las declaraciones temerarias, las fakes news y las interpretaciones descabelladas y profundamente ignorantes de los hechos.

Un pensador, un científico sabe que tiene deberes sociales que cumplir. Por eso, más tarde o más temprano, ha de responder con honestidad a la pregunta ¿Qué es y qué no es tolerable? Desde luego, la conciencia moral y unos principios humanistas sólidos son requisitos básicos para iniciar cualquier proyecto que merezca la pena.

Es importante aprender a mantener la calma y la tranquilidad en medio de situaciones difíciles. Un científico o un pensador, no son nunca una veleta que se deje llevar por el viento de los oportunismos, que acampan a sus anchas sin que ningún impulso ético los detenga.

No está mal recordar que la ascesis es un sistemático ejercicio moral que conduce al perfeccionamiento. El miedo es algo humano más el hombre fuerte y con convicciones ha de saber controlarlo.

Me ha parecido oportuno dedicar este breve ensayo a estos dos matemáticos italianos que supieron, en tiempos extraordinariamente difíciles, poner en valor su compromiso con la dignidad humana… señalando, además, que todos los esfuerzos están bien empleados, si tienen como finalidad transmitir conocimientos científicos y valores a quienes todavía no han nacido.

Olvidar el pasado es, casi siempre, un ejercicio irresponsable que impide o dificulta analizar, con rigor, el presente… y dar pasos firmes para explorar el futuro.

En tiempos de pandemia, donde deberíamos haber aprendido la lección de que dependemos unos de otros y que de unos servicios públicos bien dotados dependen nuestra salud e incluso nuestra vida, no está en absoluto de más, pensar en Federigo Enriques y en Guido Castelnuovo, cuya valentía tiene, para mí, un carácter simbólico.

Solo me resta preguntar a los lectores ¿Qué piensan ustedes de todo esto, aquí y ahora?

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.