Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La Marsellesa interior


Hay momentos en la vida en los que necesitas hacer balance, determinar cuál es el “estado general” de tu persona. ¿Cómo estás? ¿Hacia dónde quieres encaminar tu vida? Cuando sientes que permaneces encadenado al absolutismo de las circunstancias, es el momento de preguntarte qué es lo que necesitas hacer. Hubo un país, Francia, que se vio en esa misma situación hace muchos años, en 1789. En su caso, la tiranía que soportaba era la de un rey. Se convocaron entonces los denominados “Estados Generales”, a donde estaban llamados la nobleza, el clero y el pueblo llano. ¿Cómo tomar el pulso a las necesidades de la nación? Por todas partes se elaboraron los Cuadernos de quejas, en los que la gente anotaba todo aquello que le parecía mal y sugería sus propuestas de cambio. En todo proceso curativo, el primer paso es simple realizar un buen diagnóstico. Necesitamos, antes de actuar, saber qué pasa, qué nos pasa. Solo así llegarás a sanar tus heridas.

La idea fue buena hace más de doscientos años y puede ser también para ti en la actualidad. Cuando sientas que las cosas no tienen arreglo, si abres el periódico y echas espuma por la boca porque triunfa cualquier mediocre, respira hondo. Relájate. Toma un folio. Coge un bolígrafo. Redacta tu propio “cuaderno de quejas” y anota, sin dejarte nada, todo aquello que sueñas con cambiar: el color de tu camisa, tu marca de cereales, la casa en donde habitas, el dinero con el que pagas… ¡Permítete pensar que puedes ser feliz! Si lo haces, sin duda vas a desencadenar tu propia revolución. Los franceses lo consiguieron y tú, querido o querida, no va a ser menos.

La aventura que te dispones a iniciar no será fácil. Tendrás que remover obstáculos que se alzan amenazadores para impedir tu realización como ser humano, como si no tuvieras derecho a dar todo tu potencial. En 1789, el pueblo, dispuesto a quebrar las cadenas que lo oprimían, tomó la Bastilla, la prisión donde eran enviados los disidentes. ¿Tendrás tu también el valor de apoderarte de tu propia Bastilla? Me refiero a todas esas cárceles que dejamos que nos atenacen solo porque olvidamos que la fuerza está dentro de nosotros. Sí, la fuerza. Todos y cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de transformarnos en el caballero jedi de la liberación que aguardamos.

Romper con la rutina significa buscar en nuestro corazón para hallar el revulsivo que nos lance por el camino de la transformación creadora. Durante la revolución francesa, ese revulsivo fue un himno, la Marsellesa. La gente estaba harta de discursos incomprensibles, necesitaba algo que les hablara directo al corazón con la inmediatez de un rayo. ¿Parole, parole, parole…? No, mil veces no. Hacía falta una llamada a la acción y eso es lo que aportó Rouget de L’Isle con su canción celebérrima. El “Allons enfants de la patrie” venía a decir, con lenguaje bonito, una verdad muy simple: venga, muchachos. Poneos las pilas. Vosotros podéis. No importa que nos invaden los ejércitos de todas las viejas monarquías porque los derechos del hombre se impondrán al capricho de aquellos que gobiernan por una gracia de Dios.

Los derechos del hombre. Antes de 1789, el único derecho del pueblo era el de obedecer. ¿Has pensado que pasaría si redactaras la lista de tus propios derechos, de todo aquello que necesitas no ya para sobrevivir sino para vivir? Este sencillo gesto provocaría un terremoto tan grande como el que suscitaron apenas tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad. La palabra parece inofensiva, pero es más eficaz que todas las espadas e incluso que algunas metralletas. Todo consiste en hallar tu propia voz, ese tesoro que te obstinas en esconder.

Para triunfar necesitas confianza en uno mismo. ¿Cómo encontrarla cuando el sistema hace polvo una y otra vez tu autoestima, y te pisotea sin tregua? Muy simple: examínate a ti mismo hasta encontrar tu Marsellesa Interior, ese fogonazo que te empuja a dar un puñetazo en la mesa y plantarte con un “Hasta aquí podíamos llegar”. Si lo haces, te aseguro que el “jour de gloire”, el día gloria, acabará por llegar más temprano que tarde. Pero antes tienes que decir que “no” al sangriento estandarte de la tiranía.

Abandonar la seguridad cotidiana por la incertidumbre no es fácil, pero resulta imprescindible para adentrarse en la senda de la maduración personal. Tendrás, por el camino, dudas y miedos. Tranquilo. Es normal. A los franceses también les ocurrió mientras luchaban por la libertad. Pasaron por una etapa oscura, el “Terror”, en la que hicieron muchas tonterías. Muchos incluso perdieron la cabeza. Por suerte, fueron lo bastante fuertes para superar esta crisis de crecimiento. Tú también lo serás si crees en ti, si no permites que la guillotina de la gente tóxica estropee tus proyectos.

Después del Terror pasaron muchas cosas. No temas. No pienso aburrirte con un rollo histórico. Solo necesitas saber que al final un simple militar que no era ni siquiera de origen francés, sino de procedencia italiana, se convirtió en el amo del cotarro. Sí, has acertado. Era él. Y no estaba loco: porque no se creía Napoleón sino que era Napoleón. Su ejemplo nos demuestra que si quieras llegar a lo más alto hace falta estrategia. Solo así podrás ganar las batallas que se interponen entre la prosaica realidad y todo aquello que te mereces ser. Así que deja de leer este artículo, mira al horizonte con fe y hallarás tu propio sol de Austerlitz.

Francisco Martínez Hoyos (Barcelona, 1972) se doctoró con una tesis sobre JOC (Juventud Obrera Cristiana). Volvió a profundizar en la historia de los cristianos progresistas en otros estudios, como su biografía de Alfonso Carlos Comín (Rubeo, 2009) o la obra de síntesis La Iglesia rebelde (Punto de Vista, 2013). Por otra parte, se ha interesado profundamente en el pasado americano, con Francisco de Miranda (Arpegio, 2012), La revolución mexicana (Nowtilus, 2015), Kennedy (Sílex, 2017), El indigenismo (Cátedra, 2018), Las Libertadoras (Crítica, 2019) o Che Guevara (Renacimiento, 2020). Antiguo director de la revista académica Historia, Antropología y Fuentes Orales, colabora en medios como Historia y Vida, Diario16, El Ciervo o Claves de Razón Práctica, entre otros.