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La transformación

Godefroi Guillaume Leibniz. Godefroi Guillaume Leibniz.

En el siglo XVII existió una comunidad espiritual en Europa, dirigida por la filosofía y la ciencia natural, y aun la teología. Un elemento de ella ha desaparecido hoy, pero posiblemente volverá a surgir con estas generaciones, después de estos años de crisis: los intelectuales, en el siglo XVII, se escribían largas cartas. En las obras de Galileo, de Descartes, de Spinoza, de Leibniz, de Arnauld, de Clarke, de todos los hombres representativos de la época, un aparte considerable está formada por su correspondencia científica. Esto significa que unos están atentos a la labor de los otros y además se corrigen, se hacen objeciones que dan una precisión enorme a las obras de este tiempo. Es la época en que se publican esos brevísimos folletos que transforman la filosofía en cincuenta claras páginas, y se llaman Discours de la méthode, Discours de métaphysique, Monadologie.

La profesión intelectual no existía aún como tal en el siglo XVII. Descartes, muy a pesar de su familia, no escoge profesión –las armas, la justicia o la Iglesia: gens de robe et gens d’épée- y se encierra a trabajar y estudiar. Es un hombre independiente y de buena posición, un homme de bonne compagnie, y se dedica a la actividad intelectual sin ser clérigo ni profesor. A lo largo del siglo XVII se va generalizando este tipo que ha inaugurado Descartes. Por un lado, va abriéndose paso el intelectual, y por otro, la nobleza va haciéndose palatina. Todavía a fines del XVIII no se ha consolidado del todo la clase intelectual. Stendhal cita la frase de un noble a propósito de Rousseau: Cela veut raisonner de tout et n’a pas quarante-mille livres de rente. Pero al mismo tiempo se formaba una burguesía, que va a estar teñida de intelectualismo, porque una capa superior de ella la forman los hombres de ciencia. Este es sin duda el arranque de los escritores del XIX, los que encabezan la nueva novela o la novela contemporánea, no sólo los europeos, también los españoles. Pero ahora, los intelectuales no tenemos peso ninguno, porque algunos de ellos también se han agarrado al tren que mejor les lleva, perdiendo el interés, la independencia y la libertad. El intelectual hoy, parece que se subyuga también a las grandes plataformas económicas. Una pena.

Ahora tampoco escogemos profesión, ahora en el desempeño humano, escogemos la profesión que nos dejan ejercer, la cual, la mayoría de las veces no se relaciona en nada con lo que uno quería. Bueno, igual que Descartes. Gran consuelo ¡vive Dios!

La cuestión es que el patrón no cambia. La cuestión es que seguimos exactamente igual. Los vestigios del feudalismo acaban, y termina la independencia de la nobleza. Esta clase ahora tiene muchos vericuetos, tiene diferentes caras, está disfrazada, pero sigue oprimiendo. Los últimos actos residuales del feudalismo son la Fronda en la Francia de Mazarino, y en España el alzamiento de Andalucía con el duque de Medina Sidonia, en tiempo de Felipe IV. Pero la opresión continúa con su patrón de absorción de individuos al máximo y su aplastamiento del individuo. La nobleza –también esta de ahora disfrazada- tiene que vincularse a las otras dos fuerzas: el tercer estado y la monarquía. Se hace palatina, por una parte y por otra se pone en contacto con la burguesía. Se apoya en las dos, y queda en situación muy difícil después de la Revolución francesa o de la Revolución que viene. Esta “nobleza” de la que todavía tenemos vestigios en nuestra sociedad, comienza ya a ser intolerable. Ahora lo que antes era nobleza se funde en la actualidad con los corruptos formando una nueva clase social, a la que nadie puede decir nada, al menos de momento.

La monarquía ha llegado a su plenitud absoluta –regalismo- y ha logrado una organización completa del Estado. Ha logrado hacer lo que quiere hacer, sin más. Ha logrado corromper la sociedad al completo, así, en forma piramidal y de arriba abajo. El Estado comienza a ser el responsable de todo. Este empieza a ser una máquina perfecta. Automáticamente, una serie de cosas que parecían particulares y privadas van pasando al Estado. Cada vez presta más servicios, se hace cargo de más problemas, se hace sentir también más pesadamente. Es lo que se llama intervencionismo del Estado; un proceso que va aumentando incesantemente y en el que nos encontramos de lleno hoy.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.