Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

Disquisiciones sobre un discurso de Pericles

Fidias mostrando el friso del Partenón a Pericles, Aspasia, Alcibíades y amigos, cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1868), Birmingham Museum & Art Gallery. / Wikipedia Fidias mostrando el friso del Partenón a Pericles, Aspasia, Alcibíades y amigos, cuadro de Lawrence Alma-Tadema (1868), Birmingham Museum & Art Gallery. / Wikipedia

La felicidad está en la libertad, y la libertad en el coraje

Pericles

Pericles (495 – 429 a.C.) fue mucho más que un gobernante, hábil, sagaz y justo y un orador brillantísimo. Con su inteligencia y prudencia contribuyó a lograr que Atenas viviera un periodo de gloria y esplendor sin precedentes. No por casualidad el momento histórico en que vivió, fue denominado “Siglo de Pericles”. Algunos contemporáneos llegaron a calificarlo… de “olímpico”, por su potente voz y por sus magníficas cualidades oratorias.

Gobernó, desde luego, con pericia. Protegiendo y fomentando, por ejemplo, la arquitectura, la escultura, así como la literatura, la palabra… son estas unas líneas apresuradas, pero no por sabido, quiero dejar de mencionar que mando construir el Partenón y prácticamente toda la Acrópolis.

Estas obras públicas que embellecieron y modernizaron la ciudad, lograron prácticamente terminar con el paro dando empleo a ciudadanos, que de otra forma podrían haberle acarreado problemas de estabilidad social. Únase a esto que llevó a cabo iniciativas políticas controvertidas, pero que con el paso de los siglos, han demostrado su eficacia, como por ejemplo, introducir la retribución estatal para los soldados o para los miembros de los jurados.

Decidido y valiente, hizo lo que ningún otro mandatario con anterioridad, se había atrevido. Elegido en varias ocasiones por el pueblo, tampoco debe dejar de mencionarse que fue junto con Efialtes líder del Partido Republicano. Su compromiso con la democracia ateniense es incuestionable. Para llevar a cabo su proyecto tuvo que desplazar a los aristócratas y emprendió una serie de reformas radicales, de carácter político y social que marcaron, sin duda, el rumbo de la democracia ateniense. En esta introducción he de añadir, además, que estableció unas bases sólidas para hacer de Atenas una potencia naval.

Con lo anteriormente dicho es fácil imaginar que tuvo enemigos que no cesaron de “segarle la yerba bajo los pies” y que conspiraban constantemente para derribarlo o, al menos, erosionarlo, no teniendo el menor reparo en vilipendiar e incluso procesar a colaboradores suyos, como el arquitecto Fidias, o perseguir hasta hacerlo abandonar Atenas precipitadamente, a filósofos como Protágoras.

Vivimos unos momentos indudablemente difíciles. Hemos de acostumbrarnos a la complejidad y asumir que, si bien es cierto que el pasado influye sobre el presente, hemos de dedicar nuestros mejores esfuerzos a trazar unas líneas anticipatorias serias, para diseñar cómo queremos vivir en el futuro, que sacrificios estamos dispuestos a realizar, qué es lo que hemos de combatir y si estamos preparados para afrontar cada uno, desde el lugar que le corresponde, eso que se ha dado en llamar “la gobernanza” de lo que habrá de venir.

Se tiene por un lugar común, en filosofía política, que sin ciudadanos demócratas no hay democracia posible. Contemplemos lo que hoy por hoy da de sí… y llegaremos a la conclusión de que formar ciudadanos demócratas ha de ser una prioridad a la que hemos de dedicarnos con empeño y sin pérdida de tiempo.

A este estado de cosas ha conducido el apoliticismo, confundir la información con la repetición machacona de tópicos, la falta de formación, las poquísimas o escasas lecturas y la poca reflexión… lo que provoca que cada vez el sentido crítico se aleje más y más de nuestras latitudes.

Echo de menos, Centros que promuevan y divulguen pensamiento crítico como el Instituto Europeo de Florencia. Vivimos rodeados de simplificaciones, de un empobrecimiento generalizado de cualquier tipo de información y de intelectuales que han renunciado a exponer, con honestidad, lo que piensan. Todo eso, contribuye no poco a tanto ruido y tanto desconcierto.

Se nos ha intentado convencer, aviesamente, de que no estamos en condiciones de comprender una realidad tan compleja. Quizás por eso, la complejidad, asusta. Hay que apartar, de un plumazo, pensamientos reaccionarios y paralizadores como estos y centrar nuestros esfuerzos en hacer posible una arquitectura política sólida.

El oportunismo socaba las Instituciones como si de carcoma se tratara. Hoy, se hacen pocos proyectos que no sean cortoplacistas. Ni siquiera somos capaces de poner coto a los graves problemas ecológicos y medio-ambientales cuyos efectos devastadores ya están presentes; otro problema lo constituyen las incertidumbres financieras derivadas de que con la escusa de la globalización, determinadas instancias mueven hilos y toman decisiones que nos afectan a todos al margen de cualquier procedimiento democrático y por no citar más que un tercer factor, la manipulación genética que ya está llamando a nuestras puertas con amenazas cada vez más próximas como el transhumanismo.

Hemos de acostumbrarnos a pensar, además, que el futuro es imprevisible. Precisamente por eso, es imprescindible entender el presente, asimilarlo y disponer de “armas” que nos han de ser muy útiles, como el pensamiento y la capacidad crítica, que no sólo deben aplicarse al ámbito político sino a una tecnología con fines sociales emancipatorios.

Nunca el futuro ha estado tan próximo. No podemos seguir pensando que es algo que sucederá a largo plazo, que está en el horizonte, todo lo contrario, está tan cerca que ya lo respiramos. En buena medida depende de nosotros, de que nuestra acción colectiva sea negligente o eficaz y de ser capaces o no, de elaborar como respuesta decisiones acertadas.

La política tiene una dimensión prospectiva. Es el momento oportuno para proceder a su diseño. Debemos exigirnos –el tiempo apremia- responsabilidad. Un filósofo de la antigüedad clásica acostumbraba a repetir que la esperanza es el sueño del hombre despierto. En cada momento histórico ha habido que plantar cara al presente y, al mismo tiempo, trazar las líneas de hacia dónde queremos caminar.

Regresemos a Pericles. En el último discurso que pronunció afirmaba, como eje vertebrador, que en una democracia había cuatro valores, cuatro cualidades que habían de formar parte inherente del gobernante para cumplir con la tarea de administrar la polis que le había sido encomendada.

La primera, no era otra que la Inteligencia, que evidentemente va unida a la capacidad para optar por lo más beneficioso y rechazar lo que perjudica al cuerpo social.

En segundo lugar, la Elocuencia, que no es sólo hablar bien, sino expresar con propiedad las ideas. El que tiene ideas y no sabe exponerlas con claridad y rigor, en lugar de transmitir confianza a los ciudadanos, los desconcierta. Dada la relación entre lenguaje y pensamiento, unos conceptos bien articulados dan seguridad, mientras que las ideas torpemente expresadas, provocan inquietud y desasosiego.

La tercera, no es otra que el Patriotismo, que evidentemente no es envolverse en una bandera, hacer elucubraciones retóricas y mucho menos decir lo que el auditorio quiere oír. El Patriotismo es concebir y realizar aquello que es preferible para el bienestar común, para el prestigio de la polis o Ciudad-Estado.

La cuarta y es muy útil recordarlo, era la Incorruptibilidad. El político ha de ser un hombre integro, que merezca respeto y admiración. Aquel que se deje atrapar por mezquinos intereses y se trague “los anzuelos” que le tiendan, acabará por estar dispuesto a traicionarlo todo puesto que ha comenzado por traicionarse a sí mismo.

Tiene interés recordar esta pieza oratoria de Pericles, porque a poco que reflexionemos nos damos cuenta de que no estamos tan lejos del auditorio que lo escuchaba y que las virtudes que considera imprescindibles y el contenido político que se desprende de ese programa de actuación, debería movernos a la reflexión, al estudio y a no tolerar muchas corruptelas que ocurren a diario a nuestro alrededor.

Pensemos que hay formas de hacer política que engrandecen y mejoran a las comunidades, mientras que otras, las empobrecen y las sumen en la inercia, la desafección y la indiferencia.

Pericles supo rodearse de los mejores. He ahí, otra de las enseñanzas que nos transmite. Conoció el pensamiento de filósofos como Anaxágoras o Zenón de Elea. Protágoras fue su Consejero. Apoyó a Fidias a fin de que pudiera realizar obras arquitectónicas y escultóricas memorables y logró que un arquitecto del prestigio de Hipodamo de Mileto, colaborara en el engrandecimiento de Atenas. Consiguió, asimismo, que el padre de la historiografía, Herodoto, se instalara en la ciudad que en aquellos momentos era, sin lugar a dudas, el centro del mundo conocido.

Despertó el rechazo en otros. Platón, estaba decididamente en su contra, no le perdonó que desplazará a los aristócratas y, por boca de Sócrates, su “alter ego” en los Diálogos, llega a veces al insulto. Mucho más benévola es la opinión de Aristóteles.

Aquí y ahora, se echa dolorosamente de menos, que los ciudadanos no estén implicados en la toma de decisiones. Cuando hay que elegir hacia dónde nos dirigimos, ha de hacerse con el máximo respaldo y con una buena información. Creo que la democracia, en un futuro inmediato, será más participativa o por el contrario, no será y dará lugar a otra cosa.

La predicción del futuro no es fácil. Más no por ello, podemos quedarnos paralizados. Como ya hemos dicho hay que asumir la complejidad en que nos encontramos críticamente, aunque sólo sea para estar en condiciones de gestionar un futuro que cada vez, es más presente.

En lo que se ha dado en llamar sociedades tardo-modernas, el futuro no es una mera prolongación del presente, no me es posible extenderme mucho más en este aspecto, pero para que una vida digna esté en el horizonte… lo primero que hay que impulsar es una serie de medidas correctoras de la profunda desigualdad existente y que no para de crecer, algunas de ellas drásticas. Hemos de estar dispuestos a modificar, incluso sobre la marcha, nuestras previsiones para pensar estratégicamente.

Otro aspecto que me gustaría esbozar para desarrollar en una futura colaboración es salir, necesariamente, al paso de esa afirmación tan falaz y tan rotundamente falsa, de que “una imagen vale más que mil palabras”.

No es oportuno, ni desde luego sale gratis, el desprecio de la palabra y la sobre- valoración de la imagen. Pensemos tan solo, que el diálogo no se establece con imágenes.

La palabra da razón y expresa lo que somos. La palabra interroga, hace pensar, nos urge a exponer nuestra visión de los hechos y es, imprescindible, para establecer la mayoría de las estructuras cognitivas.

Hay quienes sostienen que las palabras son proyección de la mente. A través de ellas expresamos y damos forma a nuestras intuiciones. Por extraño que parezca la palabra va indisolublemente asociada a la libertad.

La ignorancia, por otra parte, es una de las más firmes y peligrosas enemigas de la libertad. De la misma forma, la mentira tiende a emboscarse, expandirse, penetrarlo todo y levantar sólidos torreones de infamia y manipulación.

Un reto tan urgente como necesario es utilizar la sensibilidad, la inteligencia y el coraje cívico como nuestros mejores instrumentos para mirar al pasado, escrutar el presente críticamente y venciendo pesimismos y alienaciones derribar los muros que han levantado para impedir nuestra libertad. El programa que tenemos por delante, ha de ser el de tomar conciencia de la complejidad del futuro pero, al mismo tiempo, de nuestra inexcusable responsabilidad en su construcción. Para pasar, inmediatamente, de la teoría a la praxis.

Una última mirada a ese personaje polifacético, a ese buen gobernante y a ese orador excepcional que fue Pericles. Tras contribuir decisivamente a hacer de Atenas una gran y luminosa ciudad y ser elegido en múltiples ocasiones para conducirla y para hacer frente a los problemas políticos y sociales de su momento histórico… murió víctima de la peste.

Creo que para enfrentarnos al futuro… son no sólo buenas, sino imprescindibles las enseñanzas del pasado. Algunas de las que nos legó Pericles son muy claras. No se debe tener miedo. Hay que ser beligerante con lo que carcome y destruye a las comunidades por dentro. Es imprescindible pensar en lo que vendrá después y, precisamente, por eso hay que llevar a cabo reformas sociales “de calado”, fundamentalmente destinadas a combatir la desigualdad… algunas de ellas inaplazables.

Por nuestra parte, en este problemático septiembre del 2020, cuando la COVID-19, vuelve a mostrar su cara más destructiva y aumentan los contagios, los fallecimientos y la “negra sombra” de un nuevo confinamiento, de mayor o menos envergadura, se cierne sobre nosotros… es el momento de demostrar coraje cívico y democrático. Derrotar al miedo y a la inacción y comprometernos individual y colectivamente con una serie de reformas necesarias para que los ciudadanos recuperemos la autoestima y demos de sí todo nuestro potencial.

La peste acabó con Pericles. En cada momento histórico ha habido pandemias que han aterrorizado y paralizado a las sociedades… más en cada uno de ellos se ha logrado salir del pozo, recuperar la estabilidad y encarar el futuro con energía a fin de superar un estado colectivo de depresión y un pesimismo capaz de inmovilizarnos.

Pericles murió, pero su legado permanece. La Ciudad-Estado de Atenas logró conjurar los peligros que se cernían sobre ella en muchas ocasiones… para con mejor o peor fortuna, proseguir la hoja de ruta que se había trazado.

El futuro no está escrito. Lo escribimos nosotros. Hay que armarse de valor, proponernos salir adelante… y, en breve, pasar página y empezar a escribir las siguientes que, todavía, están en blanco.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.