Quantcast
HEMEROTECA
             SUSCRÍBETE
ÚNETE A EL OBRERO

Manuel Andújar, un magnífico novelista del exilio que siguió coherentemente, la senda galdosiana

Manuel Andújar / © Ministerio de Cultura y Deporte - Gobierno de España Manuel Andújar / © Ministerio de Cultura y Deporte - Gobierno de España

Tiro de ti como un barquero tira

de su barca a la orilla de los mares

Pedro Garfias

Se ha comentado, innumerables veces, que tenemos un gran agujero negro y que hasta que no lo cubramos no recuperaremos ni la historia de nuestro país, ni la memoria. Entre otras desgracias supone el desconocimiento de creadores de una importancia y categoría innegable, como es el caso del jienense Manuel Andújar.

El centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós está transcurriendo de forma bastante anodina y no se le está dando, en modo alguno, la importancia que merece.

Confieso que me irrita enormemente cada vez que leo que don Benito no tuvo continuadores. Me parece que no puede hablarse con tanta ligereza. En este breve ensayo, intentaré poner de manifiesto que Manuel Andújar es, desde mi punto de vista, un excelente continuador de la obra galdosiana. Escribe con una enorme sensibilidad y una prosa cuidada y, al mismo tiempo, portadora de gran fuerza.

Es muy meritorio lo que pretende y de forma paralela a como hizo don Benito, en sus Episodios Nacionales y en varias de sus novelas, hace una interpretación de la historia de España, indagando las razones del inmovilismo, el caciquismo y la miseria de la España rural que mantiene todavía, en el siglo XX, a nuestro país anclado en el tiempo.

Le preocupan, y mucho, las circunstancias que hacen del presente una continuación de un pasado de miseria y de explotación. Asume la necesidad imperiosa, asimismo, de introducir “el bisturí” en la herida, pero con una pasión envidiable de rigor y de objetividad, hasta descifrar las causas que han impedido en el pasado y siguen imposibilitando en el presente, una convivencia pacífica y estable… y que convirtieron en ilusorio, todo entendimiento hasta desembocar en una fratricida, cruel y sanguinaria Guerra Civil.

Hace pedagogía social. Lleva a cabo su objetivo a través de novelas que siendo independientes, se entrelazan unas con otras formando, por ejemplo, las trilogías “Vísperas” e “Historias de una historia”. Cronológicamente se desarrollan en las décadas previas a la contienda y van mostrando, paso a paso, los acontecimientos que hacen imposible otra salida que el enfrentamiento armado.

Es significativo que para “poner en pie” estos cuadros violentos recurra a la novela ¿por qué? Porque al igual que don Benito esto, le permitía trazar un marco histórico y que se movieran por él personajes llenos de ilusiones de autenticidad... que irán dejando tras sí un reguero de sueños rotos.

Otro rasgo que me parece ineludible abordar es la incuestionable intención moral y el impulso ético que se desprende de estas narraciones llenas de belleza y sensibilidad a la hora de abordar, sobre todo, el paisaje, el entorno en que transcurren los hechos.

Pocos novelistas han logrado describir, con esa finura y al tiempo fuerza telúrica, la lucha “sorda” del hombre contra los elementos de la naturaleza y las condiciones injustas creadas por la insensible mano del hombre en una España atrasada y caciquil. En “Vísperas”, por ejemplo, muestra con toda su crudeza y miseria, verdades amargas y las formas de vida insoportables en la España rural. En otras ocasiones, lo que describe es la dureza de la vida en la mina o la precaria existencia en un pueblo marinero, donde el ser humano ha de confrontarse dialécticamente con el mar. El mar es fuente de vida… más también, escenario de tragedias dolorosas.

Manuel Andújar es un creador de “mundos complejos”. Su prosa y su estilo se centran en la existencia de hombres y mujeres del pueblo que viven y mueren en unas condiciones difíciles, crueles… y que por una especie de maldición secular, parecen condenadas a vivir una pesadilla, encerrados en un laberinto del que no pueden escapar.

Los personajes de Manuel Andújar, con su estilo, a veces seco y a veces tierno, son o parecen ser “sombras de un sueño” como diría el viejo Homero.

En este monótono discurrir donde, el hoy y el ayer, parecen solaparse, fundirse, da la impresión de que por no haber, no hay ni memoria. Ahí es donde la prosa de Manuel Andújar se agiganta, sabe buscar y encontrar explicaciones para dar un sentido a lo que sucede. Su intención es la de que no nos veamos privados de la memoria y, también, la de que la verdad de unos personajes aplastados por circunstancias adversas pueda manifestarse y ser reconocida. Sus esfuerzos van encaminados para que su voz, sus palabras y sus angustias lleguen a nuestros oídos.

Fue el viejo Aristóteles quien nos dejó dicho que “la experiencia es una mezcla de sensación y de memoria”. Es descorazonador que parezca que aún malvivimos en la edad oscura de la piedra. Tal vez, esa sea una enfermedad crónica de lo que podríamos llamar la España profunda, a la que hoy acostumbramos a denominar la España vaciada.

No es justo que nadie nazca para vivir entre tinieblas. El cauce de la Historia parece empantanarse y solo las palabras cálidas y humanas pueden poner algo de vida entre tanta miseria y dolor.

En la literatura de Manuel Andújar son muchos los personajes de pocas palabras, enjutos, secos, que tienden a comunicarse lo justo pero… están alimentados por un fuego interior que en algunos momentos estalla.

¡Es tan importante tomar conciencia de que existimos y de lo que nos limita y ahoga! Sus personajes encierran un deseo potente de redención y buscan, con sus acciones y sus esfuerzos, que otros no tengan que seguir callando, muriendo lentamente.

Manuel Andújar es un observador atento y perspicaz que traza marcos, plantea hechos pero… deja al lector que libremente extraiga sus propias conclusiones y haga su propia composición de lugar, intentando dar respuesta al cómo y al por qué.

A estas alturas es difícil explicarse porque Manual Andújar es un novelista tan poco conocido y apreciado, cuando teniendo tantas cosas que decir fue capaz de expresarlas y de una forma, a un tiempo, descarnada y espléndida.

Fue más que un novelista. Nos ha legado ensayos, textos de crítica literaria, artículos periodísticos, varios poemarios e incluso algunas obras teatrales.

Uno de los pocos que lo ha entendido y que, en varias ocasiones, habló y escribió sobre él, fue Rafael Conte que, asimismo, fue capaz de intuir la influencia galdosiana y las relaciones de afinidad y contraste que hay entre Manuel Andújar y don Benito.

Me gustaría hablar largo y tendido de su vida y de su obra. Por motivos obvios, me limitaré a unos cuantos “flashes” que creo son significativos. Me parece sugerente que siendo un escritor realista y militando en el Partido Comunista, sus novelas estén alejadas del denominado “realismo social”. La riqueza de su estilo, lo depurado de su prosa y la atención que concede al paisaje, lo alejan de esta tendencia de postguerra más propia del exilio interior.

Hechos históricos que han sido comentados innumerables veces, nos vuelven a salir al paso. Finalizada la Guerra Civil y tras pasar por un campo de internamiento en Francia, pudo escapar, no olvidemos que los nazis están a punto de invadir el suelo francés, en el tantas veces mencionado buque “Sinaia” a México, no regresando a España hasta finales de los años sesenta.

Cuando éramos jóvenes, recuerdo que conocíamos los viajes del Sinaia y lo que significaba para los exiliados encontrar plaza en alguno de estos barcos. A mis hijos ya no les suena, en absoluto, y en cuando a mis nietos, mejor ni hablar. En aquellos lejanos años, los adolescentes que éramos hijos de los perdedores, que malvivían en lo que se dio en llamar el exilio interior, cogíamos “al vuelo”, aunque de forma parcial e incompleta, estas y otras informaciones.

Los exiliados tendían a reagruparse y crearon revistas emblemáticas como “Las Españas”, que fundó Andújar junto a J.R. Arana. Como podrá apreciarse el concepto de España plural no es nuevo. Con anterioridad, otras revistas como “La España peregrina” impulsada por el infatigable José Bergamín… no lograron echar raíces.

Otro motivo que explica –pero no justifica en modo alguno- el desconocimiento de Manuel Andújar, es que prácticamente toda su producción literaria la realizó en sus largos años de exilio, si bien cuando regresó a España, intentó publicar su trilogía “Historias de una historia”

La saña de los censores para con los trasterrados, continuaba en forma de humillaciones. La censura, al servicio del franquismo amputaba, eliminaba y deslucía todas o casi todas las tentativas. Es lo que ocurrió con esta trilogía que tuvo que esperar hasta 1986 para que pudiéramos disfrutarla íntegra y sin expurgaciones. Compruébese la diferencia entre una y otra edición y se podrá apreciar cuanto venimos diciendo.

Manuel Andújar es un novelista de una pieza, que es tanto como decir veraz, solidario y decente. Quizás por eso, “los defensores de la desmemoria” no lograron doblegarlo.

Es de esos creadores que alienta el espacio de la cultura y que es capaz con su palabra, no solo que intelectualmente apreciemos su estilo, sino que valoremos en su justa medida la belleza con que es capaz de expresar la lucha por la identidad, la vida en los campos estériles o como, bajo el término tradición, se pretenden ocultar privilegios seculares, por no hablar de los afanes de igualdad y de democratización que alientan algunos de sus personajes, especialmente aquellos a los que podemos considerar soñadores.

Las páginas de Andújar son un estímulo, un acicate para la reflexión y la meditación serena. Logra establecer un vínculo de complicidad con el lector que sólo está al alcance de unos pocos creadores.

No puedo ni debo olvidarme de algo que me llamó mucho la atención de sus libros ¡qué importante es titular bien! Su trilogía que va desgranando, paulatinamente, los conflictos latentes que desembocaran en la Guerra Civil, lleva significativamente el nombre de “Vísperas”.

Logra poner en pié un mundo explotado, injusto, sometido al caciquismo y donde la lucha por la vida se desarrolla a diario. La primera de las tres novelas “La llanura” (1947) tiene por escenario los resecos campos manchegos, donde la voluntad del cacique es ley. Otro rasgo galdosiano es que mientras unos personajes representan la brutalidad, las artimañas y la violencia para continuar la dominación, otros encarnan un anhelo de cambio, ese espíritu innovador y solidario “de lo que pudo ser pero fue cercenado” Poco importa que el pulso termine con un fracaso. Lo esencial es dejar testimonio de que esa sorda batalla dialéctica tuvo lugar.

La segunda novela de la trilogía “El vencido” está fechada en 1949. Quiero recordar la importancia de los títulos en las novelas de Andújar. Aquí, como hemos mencionado, anteriormente, se resalta, especialmente la lucha por la supervivencia en un enclave minero.

Diez años más tarde, completa la trilogía con “El destino de Lázaro” que se desarrolla, como ya hemos comentado, en un pueblo marinero, donde cada día se libra una contienda con el mar que representa la vida y la muerte, las posibilidades de arrancarle a diario el sustento y las amenazas que se ciernen sobre sus pobladores… y, mientras tanto, la sombra del conflicto fratricida crece y crece.

En la literatura apasionada, a veces feroz a veces dulce, de Manuel Andújar se aprecia, sin dificultad, una insobornable honradez humana. Tanto en los ambientes en que se desarrolla la acción como en los personajes que protagonizan los relatos. Son mucho más que verosímiles, están dotados de una fuerza y de una autenticidad admirable. Sus páginas son a un tiempo un rechazo de la violencia y una reafirmación de carácter ético.

Estuvo vinculado a la editorial mexicana, Fondo de Cultura Económica. A su regreso a España desarrolló una intensa labor en Alianza Editorial. Es de justicia señalar que Alfaguara hizo una apuesta y reivindicó su legado, publicando íntegramente obras que habían sido censuradas con anterioridad.

Fue un brillante ensayista. Su “Narrativa del exilio español y literatura latino-americana” no dejan lugar a dudas, a este respecto. Lo mismo sucede con el sugestivo, relevante y actual “La literatura catalana en el exilio” que, sin duda, merece una relectura.

En este breve ensayo no he pretendido otra cosa que trazar una semblanza de Manuel Andújar, a través de algunos de sus rasgos más destacados, así como lamentar una vez más, el silencio y olvido al que todavía continúan “condenados” algunos brillantes creadores del exilio.

Agradezco a El Obrero, que me permita hacer esta reivindicación, justa y merecida, a través de sus páginas.

¡Cómo que Benito Pérez Galdós no tuvo continuadores!

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.