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“Electra” una obra teatral simbólica, con un tumultuoso y polémico estreno, reflejo de la pugna dialéctica entre las dos Españas

La miseria mayor es la ignorancia

Benito Pérez Galdós

Como es harto sabido en el 2020 se conmemora el primer Centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós. Fue, sin lugar a dudas, un escritor, un periodista y un intelectual admirable por muchos conceptos. La pandemia del COVID-19, las improvisaciones y la ausencia de una planificación adecuada lo han deslucido enormemente, hasta la fecha.

Ha habido, como es lógico, excepciones, más la regla general ha sido lamentablemente esa y el novelista más completo del siglo XIX y principios del XX, no ha contado con el respaldo institucional que merecen su contribución a las libertades, a la tolerancia, al europeísmo y su lucha tenaz contra el control de las conciencias, la explotación, el fanatismo y la degradación moral.

Agradezco a EL OBRERO que me permita en sus páginas, romper una lanza por Benito Pérez Galdós reivindicándolo, especialmente en su faceta de dramaturgo, por la que se ha venido pasando casi de puntillas.

Que don Benito fuera uno de los novelistas europeos más sólidos del XIX, no significa que no se preste la atención debida a su producción teatral de la que, a mi juicio, sobresalen “Electra”, “La de San Quintín” y “Santa Juana de Castilla” sin olvidar las adaptaciones teatrales que realizó de algunos Episodios Nacionales y novelas.

Desde joven se sintió atraído por el teatro, pero es desde finales del XIX hasta su muerte, cuando le dedica una mayor atención. ¿Por qué? Porque era consciente de que es un medio de comunicación directo, con quienes compartían sus objetivos e inquietudes y una tribuna privilegiada para polemizar y para llevar a cabo una crítica social y a veces política de “calado”.

Intuye que la actualidad es tiempo en acto y, por eso, con valentía no desdeña llevar a la escena casos como el de Ubao, que en los meses anteriores al estreno de “Electra”, habían tenido una amplia “repercusión mediática”. Advierte las posibilidades dramáticas que tiene y lo incluye en el drama que está escribiendo, vivificándolo. Hay que tener presente, entre otras cosas, que Galdós hace teatro para divulgar sus ideas, influir en la sociedad de su tiempo y demostrar que tiene mucho que decir.

¿Qué mensajes proyecta con “Electra”? probablemente, criticar y poner de relieve el fanatismo, el afán de dominio y el control sobre las conciencias de algunas órdenes religiosas, así como, su avaricia y afán de lucro.

Con la Restauración Borbónica, las órdenes religiosas se dan toda la prisa que pueden en recuperar la influencia y el terreno perdido, así como se prestan a acumular las mayores riquezas posibles, recurriendo a todos los manejos imaginables. Destaca en esta labor la Compañía de Jesús que se hace sobradamente merecedora de críticas e invectivas.

¿Qué ocurrió con el caso Ubao? Fue uno más entre muchos. Despertó, eso sí, un interés inusitado en los medios de comunicación del momento, en las conversaciones, tertulias y mentideros. En síntesis, una joven Adelaida de Ubao e Icaza, ingresó en un convento. Cuando quiso abandonarlo se lo impidieron por el inconfesado motivo de quedarse con su copiosa herencia. La familia pleiteó.

Cuando el caso llegó a los tribunales, lo que contribuyó a darle una amplia difusión y, porque no decirlo, cierto morbo, Nicolás Salmerón, el tercer Presidente de la I República, defendió los intereses de la joven para que pudiese abandonar los muros del convento en que estaba recluida. El político conservador Antonio Maura, por su parte, fue el elegido para sostener que Adelaida debía permanecer en el convento al ser menor de edad.

Fue sonadísima la sentencia del caso. Nicolás Salmerón derrotó a Antonio Maura. Lo que se celebró en ambientes “progresistas” y se deploró en ambientes “clericales y reaccionarios”

Galdós, con la habilidad y destreza que lo caracteriza y por supuesto, sin mencionar expresamente el caso Ubao, sabe hacer uso del impacto social que provocó, tal y como expondremos más adelante, al hablar del estreno del drama.

Es posible que no sea la mejor obra dramática de Galdós pero, a buen seguro, es la más polémica y la que tuvo un mayor alcance social. En ella están diáfanamente plasmado el conflicto entre las “dos Españas”.

Con acierto, don Benito envuelve la obra en un ropaje simbólico que transluce, sin embargo, con claridad la pugna dialéctica entre la España del futro y la del pasado, la que cree en la ciencia y la que emplea en beneficio propio, la superstición, el miedo y la mentira.

La joven Electra se convierte en el campo de batalla entre estas dos concepciones de España. Máximo representa la ciencia, el progreso mientras que Pantoja el jesuitismo, la hipocresía, el dogmatismo que busca imponerse por cualquier medio.

Hay quienes han visto en “Electra” no sólo una crítica anticlerical sino elementos protofeministas. Estoy de acuerdo con este planteamiento. Me parecen harto representativas unas palabras de Electra en la escena XIII del acto I “quieren anularme, esclavizarme, reducirme… no lo entiendo”

Mientras Pantoja, que es tanto como decir los jesuitas, quiere controlar y apoderarse de la voluntad de Electra, Máximo, que está enamorado de ella pero quiere que tome sus propias decisiones, comenta que “Electra es libre; ni yo la he traído aquí contra su voluntad, ni contra su voluntad se la llevará usted” (acto III, escena X)

Me parece relevante, poner de manifiesto que fuera de nuestras fronteras, se ha valorado al Galdós dramaturgo más y mejor que dentro. Algunos críticos lo sitúan en el movimiento europeo de renovación teatral, nada menos, que junto a Henrik Ibsen o Anton Chejov

Apenas unos días después del estreno de “Electra” apareció en el Diario de las Palmas una entrevista a Galdós, de la que voy a citar un fragmento para que el lector pueda apreciar hasta que punto don Benito era consciente de lo que estaba haciendo, a quien combatía y por qué y cuáles eran sus propósitos.

«En Electra puede decirse que he condensado la obra de toda mi vida, mi amor a la verdad, mi lucha constante contra la superstición y el fanatismo, y la necesidad de que olvidando nuestro desgraciado país las rutinas, convencionalismos y mentiras, que nos deshonran y envilecen ante el mundo civilizado, pueda realizarse la transformación de una España nueva que, apoyada en la ciencia y la justicia, pueda resistir las violencias de la fuerza bruta y las sugestiones insidiosas y malvadas sobre las conciencias.»

Pasemos ahora a comentar la inolvidable noche del estreno, el 31 de enero de 1901 en el Teatro Español de Madrid. Quizás sea una de las noches más polémicas, tumultuosas y brillantes de la historia de nuestro teatro. Hasta tal punto, es así, que hay quien ha comparado “Electra” con el entusiasmo que suscitó “Hernani” de Víctor Hugo.

La obra, prueba de la vitalidad que tiene el teatro cuando expresa los ideales que el público comparte, critica sin concesiones los abusos de poder y las tropelías del reaccionarismo.

La representación estuvo llena de incidentes, tanto en el estreno como en algunos de los días sucesivos, fue interrumpida por aplausos y algún que otro abucheo. A título de ejemplo, se interrumpió para cantar “La Marsellesa” y en otro momento para escuchar “El himno de Riego” y eso no fue todo. En uno de los momentos de “alta tensión”, cuando Máximo derriba a Pantoja de un puñetazo, una voz tronante gritó: ¡abajo los jesuitas!. El público respondió con una salva de aplausos.

El ambiente estaba cargado. Algunos actores y actrices rehusaron estrenarla. Por eso, es obligado recordar a quienes tuvieron el valor y la osadía de llevarla a la escena. La actriz Matilde Moreno, en el papel de Electra, Ricardo Valero encarnando al jesuita Salvador Pantoja o Francisco Fuentes como Máximo.

Una multitud aguardaba a Galdós a la salida para acompañarlo, entre “vítores”, a su domicilio en la calle de la Montera. Es significativo que a los pocos días del estreno acudió a las puertas del teatro una representación de la sociedad obrera “El porvenir del trabajo” que había decidido en asamblea manifestar su adhesión a Galdós.

Es reseñable y merece la pena que se haga mención de ello, que “Electra” alcanzó más de cien representaciones en el Teatro Español, lo que no era ni mucho menos frecuente. Puede considerarse, por tanto, un éxito sin paliativos.

Es de justicia citar algunos creadores, intelectuales y políticos que estuvieron presentes en el estreno: Canalejas, Sorolla, Valle Inclán, Baroja, Azorín y Ramiro de Maeztu y por no hacer excesivamente prolija la relación, el músico Amadeo Vives.

Los sectores conservadores y de rancio clericalismo, como es fácil de imaginar, contraatacaron y no le perdonaron nunca sus posiciones progresistas y valientes. Podría decirse que las campañas orquestadas para que no se le concediera el Premio Nobel, forman parte de este odio a su persona.

Comenzaron por intentar prohibir la obra en numerosas provincias, continuaron con pastorales indignadas y que ponían de relieve la ignorancia y el fundamentalismo de quienes proclamaban que el liberalismo es pecado y asistir a una representación de “Electra” pecado mortal.

Galdós muestra en este drama el valor de la rebeldía contra el destino impuesto. La insumisión puede llegar a ser una manifestación de moralidad. El momento culminante de la representación lo constituyó el juego de espejos y la voz de Eleuteria, madre de Electra, con su mensaje telúrico de liberación, que no pasaba desapercibido a los espectadores avisados.

La mirada teatral que sabe proyectar don Benito es inquisitiva, desprovista de prejuicios, profunda y digna. Posee el don de hacer pedagogía social, sin menoscabo de transmitir la magia y hasta el valor taumatúrgico de determinadas palabras.

“Electra”, viene a ser el esqueleto de una metáfora. El personaje de la joven recluida, a base de engaños y mentiras, que lucha contra sus miedos y logra vencerlos, demostrando que su fragilidad es más aparente que real y que el valor del amor, de las convicciones, el espíritu de superación y la vitalidad, pueden más que el peso muerto de la tradición y las inseguridades que le han inculcado desde niña.

Don Benito, convencido como estaba, de que hay que inventar el mañana desde el presente, es consciente de que cuenta con un instrumento poderoso, como es el uso ajustado y certero de la palabra, unido al poder de la imaginación.

Estas consideraciones van tocando a su fin. Me veo obligado a señalar algunos de los aspectos de mayor pujanza y envergadura de ese ideólogo renovador que fue Galdós que, tan frecuentemente, se olvidan… o no se tienen en cuenta.

No obstante, quisiera poner de manifiesto que de la misma forma que se ha extendido la denominación de “complejo de Edipo”, el psicoanalista, discípulo de Sigmund Freud, Carl Gustav Jung puso en circulación el “complejo de Electra” que es tanto como decir, la ligazón con el padre y la competitividad con la madre que sienten las niñas.

El mensaje de Galdós acostumbra a ser esperanzado. La ciencia y el progreso pueden triunfar sobre el tradicionalismo fundamentalista y el oscurantismo.

“Electra” durante varios años del primer tercio del siglo XX, llegó a convertirse en un emblema, en un símbolo de los afanes de libertad, modernidad y europeísmo de los sectores más dinámicos de la sociedad española.

Por último, quiero recordar que, tras la exitosa representación de “Electra” en el Teatro Tirso de Molina de Gran Canaria, este pasó a denominarse Teatro Pérez Galdós, continuando así en la actualidad.

En una valoración de urgencia, me parece de justicia, señalar que independientemente de su valor literario y dramático, “Electra” tuvo, también, un valor histórico y político: volvió a poner de actualidad el planteamiento laicista de la necesidad de separar las confesiones religiosas del Estado… y de paso, la defensa de la secularización de la enseñanza.

¡Demos a Galdós la gloria, el respeto y la admiración que merece… por su legado en pro de la democracia y por su batallar incansable a favor de las libertades, de la justicia social y contra el inmovilismo!

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.